sábado, 27 de enero de 2018

Norman Foster. Futuros comunes


La arquitectura de Norman Foster ha trascendido límites y ha conseguido repercusión y reconocimiento mundial al usar el conocimiento técnico para prefigurar el futuro y para superar barreras físicas o sociales, desde sus primeras obras hace más de medio siglo hasta la actualidad. En Madrid contamos desde 2009 con una muestra del trabajo de Foster en la Torre Cepsa situada en la zona norte de la ciudad. Coincidiendo con la presentación pública de la Norman Foster Foundation en Madrid hace unos meses, el Espacio Fundación Telefónica, en colaboración con su fundación, organiza esta exposición, comisariada por Luis Fernández-Galiano, catedrático en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid (ETSAM). Se trata de acercar al público la obra del arquitecto y su visión del futuro, al mismo tiempo que mostrar sus fuentes de inspiración. En la muestra se documentan doce proyectos recientes que dialogan con otras tantas propuestas de décadas anteriores del arquitecto británico, para subrayar la continuidad de sus inquietudes y, al tiempo, poner de manifiesto la variedad de sus intereses.

Más allá de la fascinante excelencia técnica y estética de los edificios firmados por Foster, esta exposición incide a través de más de 30 maquetas, 160 dibujos y varios audiovisuales, en algunas cuestiones menos reivindicadas pero igualmente trascendentales dentro de su trayectoria: la sensibilidad social que ha guiado muchos de sus trabajos, el diálogo entre tradición y modernidad, la reflexión acerca de la sostenibilidad y la vida en nuestras ciudades, el papel de la innovación y la tecnología, etc. Compuesta por un diálogo entre proyectos pasados, presentes y futuros, la muestra sobre Foster aporta una visión de conjunto única. En palabras del mismo Foster, la exhibición "es una mirada al futuro, pero sin dejar de mirar al pasado remoto, una visión que nos da continuidad. Muestra el otro lado de los proyectos que me motivan, aquellos más pequeños que pueden marcar una gran diferencia, en los que la tecnología y el imperativo social contribuyen a fines sociales como la mejora del cambio climático, la igualdad, el bienestar social... Son temas recurrentes a lo largo de mi carrera, que tienen continuidad hoy".

Aeropuerto Ciudad de México. 2014
Inspirándose tanto en las construcciones históricas como en los avances científicos, sus proyectos reconcilian tradición y modernidad, inteligencia urbana y capacidad transformadora, excelencia estética e innovación tecnológica. De las intervenciones en edificios patrimoniales a los proyectos de habitáculos en la Luna, la obra de Foster recupera la memoria del pasado y anticipa las necesidades del futuro sin dejar de estar sólidamente arraigada en las demandas y urgencias del presente. Sean los nuevos espacios del trabajo o la cultura, la atención a los pacientes de cáncer o a las poblaciones carentes de infraestructuras, los desarrollos urbanos sostenibles o las rutas elevadas para ciclistas y peatones, las propuestas de Foster estimulan el empeño por hacer nuestras ciudades más habitables, y todo ello bajo el signo de la sensibilidad social, de la apertura al cambio y de la innovación.

La exposición se estructura en doce "capillas" con una nave central, que ocupa un conjunto de máquinas al servicio del movimiento, desde el planeador a la cápsula espacial, que son a la vez inspiración para estas arquitecturas livianas y emblema de un mundo acelerado en cambio permanente. El futuro del pasado y del patrimonio se ilustra relacionando su cuidadosa extensión de las míticas bodegas Château Margaux con sus primeros dibujos de arquitectura vernácula cuando todavía era estudiante, y comparando su actual proyecto para la ampliación del Museo del Prado con el Carré d’Art que completó hace un cuarto de siglo en Nîmes. Por su parte, los futuros de la forma y la función arquitectónica vinculan la reciente sede de la compañía Bloomberg en la City londinense con la que construyó para Willis Faber & Dumas hace cuarenta años, y la nueva Casa de Gobierno en Buenos Aires con el renovador Sainsbury Centre, que en su día transformó la percepción de los espacios del arte.

Apple Park. (2010-2017)
Tanto el futuro del trabajo como el futuro del bienestar dan lugar a mostrar en paralelo la emblemática sede construida para Apple en California con el pionero proyecto para Olsen en los muelles de Londres, y el acogedor Maggie’s Centre para pacientes oncológicos con la Escuela de Hackney para niños con necesidades especiales. En Foster la voluntad de atender a las necesidades contemporáneas se une al refinamiento técnico, y tanto el futuro de la construcción como el de la tecnología se exploran vinculando el titánico proyecto para el aeropuerto de México con el Climatroffice -la visionaria propuesta que realizó con Buckminster Fuller- y el sostenible Droneport con la elementalidad geodésica de su Casa autónoma.

Lunar Habitation. 2012

La ciudad y el territorio exigen pensar de nuevo el futuro de la movilidad y el de la sostenibilidad, una tarea que aquí se enseña poniendo en relación el estimulante proyecto urbano del SkyCycle con el popular Metro de Bilbao, y la ciudad libre de emisiones de Masdar con el precursor plan territorial ecológico de La Gomera. Por último, el futuro de las redes que enhebran el planeta e incluso de la expansión de la humanidad fuera del mismo dan lugar a mostrar juntos el colosal proyecto del Thames Hub con la barcelonesa Torre de Collserola, y la base lunar para la Agencia Espacial Europea, construida con robots y tecnología 3D, con la primera realización del arquitecto, un minúsculo refugio en forma de cabina de avión, el Cockpit.

Para más información sobre esta exposición puede consultarse la guía práctica editada por Fundación Telefónica. 

martes, 16 de enero de 2018

La fiebre de las criptomonedas

Allá por 2010 empecé a oír hablar del bitcoin. Una nueva moneda, etérea, anónima y misteriosa en su origen. Aparte de la novedad tecnológica,  ya aparecía rodeada de un aura de misterio y clandestinidad. Parecía que su uso se restringía a la internet profunda donde se encontraban los hackers y los usuarios mas chungos de la red. Mi curiosidad me llevo a investigar sobre su funcionamiento. Aquello parecía ser una innovación decisiva en el campo de los pagos que, desde luego, no me era ajeno. No había mucha información sobre el tema y la que había en absoluto era clara. También descubrí la existencia de mucho teórico experto que no sabia gran cosa porque eran muy difíciles de comprender. Cuando algo se domina no es difícil explicarlo.  De una forma u otra, al cabo de unos pocos días y bastantes horas de dedicación, logré hacerme una idea bastante precisa de losfundamentos del bitcoin.

El siguiente paso, que di varios meses más tarde, fue llegar a diferenciar entre la moneda “bitcoin” y la filosofía tecnológica que la sustentaba que, con el tiempo, ha sido denominada blockchain. Diferencia esta de gran importancia porque, si bien se puede discutir con gran vehemencia sobre la viabilidad y el futuro de Bitcoin, lo que cada vez resulta mas evidente es la vigencia y el potencial de uso que, como veremos mas adelante, parecen asociados a la utilización de blockchain.

Con el paso de los años, los altibajos del desarrollo de bitcoin fueron seguidos con interés, curiosidad y preocupación, dependiendo de los distintos puntos de vista, por un cada vez mayor publico afectado. En los últimos meses ha saltado de los ámbitos mas o menos especializados o frikis hasta convertirse en tema de debate y conversación de las publicaciones generalistas. La semana pasada sin ir mas lejos, en una reunión de amigos, junto a los comentarios sobre los atascos de las carreteras provocados por las nevadas y las inevitables referencias a la “cuestión catalana” surgió la conveniencia de invertir en bitcoins. Ayer, por casualidad, encontré en The Guardian un artículo que lo desaconsejaba y que me apresuré a remitir al amigo que había suscitado el tema.  

La prueba de la extensión del conocimiento del concepto la encontramos en la aparición de muchas otras criptomonedas, como Ethereum, Ripple o Cardano que en mayor o menor medida reproducen invariablemente la enorme volatilidad que ya manifestó bitcoin desde sus comienzos. Las sucesivas peripecias sufridas a lo largo de la historia: prohibiciones, hackeos, reconocimientos… han determinado fluctuaciones de valor que se han convertido en característica esencial de las criptomonedas. Su popularización y extensión de uso han llevado a las autoridades económicas a emitir en reiteradas ocasiones avisos sobre los riesgos asociados a su utilización.

Al margen de todo el entorno especulativo que inevitablemente rodea el mundo de las criptomonedas me parece interesante abordar algunos aspectos relacionados con ellas sobre los que conviene reflexionar.   

Los mecanismos de generación de bitcoin, lo que normalmente se suele llamar minería, requieren algoritmos complejos que hacen uso de avanzadas técnicas criptográficas. Todo ello implica la necesidad de utilizar una gran capacidad de proceso de potentes ordenadores. La forma en que está diseñado bitcoin implica que tal demanda de potencia de cálculo no es constante, sino que se incrementa progresivamente en la medida en que mas y mas unidades de la criptomoneda se ponen en circulación. Como resultado de todo ello, las estimaciones del consumo de energía que se produce como consecuencia del funcionamiento mundial de bitcoin son enormes. En la actualidad se sitúan en el entorno del consumo anual de países enteros como Nueva Zelanda o Irlanda. Esta enorme demanda de capacidad de cálculo y el incremento del valor de las criptomonedas han determinado la aparición de malware usado por criminales para infectar ordenadores de todo el mundo en los que, sin conocimiento de sus propietarios, se instala software especializadopara realizar procesos de minería de criptomonedas.

Por otra parte, la tecnología blockchain ha despertado un enorme interés en el entorno financiero. Aunque todavía faltan por superar algunos obstáculos, las potenciales ganancias de eficiencia en los procesos y los ahorros de mano de obra que podría generar son tan atractivos que un elevado número de entidades financieras están invirtiendo enormes recursos para explorar el mejor uso de esta tecnología. Estos procesos se están llevando a cabo tanto en un ámbito de competencia, pero también de cooperación ya que parece previsible que la inter-operatividad de los procesos y herramientas será imprescindible.  

Incluso alejándonos aun mas del entorno inicial de los pagos y las transacciones financieras, parece que la tecnología blockchain puede encontrar aplicaciones en muchas otras industrias y actividades. En su libro “Blockchain Revolution: How the Technology Behind Bitcoin Is Changing Money, Business, And The World,” Don y Alex Tapscott vaticinan que la progresiva aplicación de las tecnologías derivadas de blockchain supondrán un cambio radical que, a través de Internet, revolucionará el funcionamiento de nuestra sociedad impactando fundamentalmente en todas aquellas entidades que realizan funciones de intermediación.  Todo ello anuncia otra importantísima consecuencia para el empleo. Si el uso de esta tecnología hace innecesaria la función desarrollada por numerosas empresas, los trabajadores de las mismas también serán innecesarios. Parece por tanto que esta tecnología se unirá a la robótica y la inteligencia artificial en el desplazamiento de los trabajadores humanos en muchos los actuales lugares de trabajo. Pero el desarrollo y aplicación de todas estas nuevas técnicas y procedimientos también debería generar una demanda importante de especialistas. Renovarse o morir. La vida sigue.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Picasso/Lautrec

Henri Toulouse-Lautrec (1864-1901) y Pablo Picasso (1881-1973) nunca se conocieron. Cuando el joven Picasso visitó París por primera vez, en octubre de 1900, Lautrec ya estaba muy enfermo y moriría prematuramente un año después. A pesar de ello, la obra radical de Lautrec, la iniciativa de integrar alta y baja cultura, el arte y la publicidad, que supuso un modo de entender la modernidad, produjo un impacto muy potente en el joven Picasso. A través de él, el español descubrió el pluralismo de la sociedad moderna que condicionó su modo de entender el arte y derivó en una nueva percepción creativa.
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta Picasso/Lautrec, la primera exposición monográfica dedicada a la comparación de estos dos grandes maestros de la modernidad. Aunque su relación artística ha sido reiteradamente establecida por la literatura y la crítica contemporánea esta es la primera vez que se confronta la obra de ambos en una muestra. La exposición plantea además nuevos puntos de vista de esta apasionante relación, pues no se limita al tópico del joven Picasso admirador de Lautrec en Barcelona y sus primeros años en París, sino que ha rastreado la pervivencia de esa huella a lo largo de la dilatada trayectoria del artista español, abarcando también su periodo final.
Comisariada por el profesor  Francisco Calvo Serraller, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, y Paloma  Alarcó,  jefe  de  conservación  de  Pintura  Moderna  del  Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Picasso/Lautrec reúne más de un centenar de obras, procedentes de unas sesenta colecciones públicas y privadas de todo el mundo, organizadas en torno a los temas que interesaron a ambos artistas: los retratos caricaturescos, el mundo nocturno de los cafés, cabarets, teatros, la cruda realidad de los seres marginales, el espectáculo del circo o el universo erótico de los burdeles. A lo largo de toda la muestra se puede comprobar la apropiación por parte del joven Picasso de determinados elementos de Toulouse-Lautrec, pero también las afinidades existentes entre las obras de ambos y la continuidad de esas resonancias en la obra tardía del español.
Toulouse-Lautrec. Troupe de Mlle Églantine, 1896 
La carrera artística de Lautrec apenas duró quince años, la de Picasso sin embargo más de siete décadas. Los dos fueron genios artísticos desde la infancia, se sintieron atraídos por París en su juventud, rechazaron la enseñanza académica que les impusieron y ambos bebieron sucesivamente en muy parecidas fuentes históricas, como por ejemplo las de los franceses Ingres o Degas, o también la de El Greco. Pero sobre todo, el dominio del dibujo sería una de las claves que daría sentido a la obra de ambos. Tanto Lautrec como Picasso dibujaron compulsivamente toda su vida, tenían una predisposición especial para la línea y la caricatura y, desde muy jóvenes, rellenaron con extraordinaria destreza centenares de cuadernos con sus dibujos. Se puede afirmar que los dos pensaban y se expresaban dibujando, y cualquier nueva obra venía precedida de innumerables ensayos y experimentaciones en papel.
La muestra se presenta dividida en cinco apartados temáticos que enlazan simbólica y formalmente los mundos de ambos artistas Bohemios, Bajos fondos, Vagabundos, Ellas y Eros recóndito-, Picasso/Lautrec es también una ventana para observar cómo se ha fraguado la evolución del arte contemporáneo.

Bohemios
Pablo Picasso. Picasso con chistera, París, 1901 

Lautrec entendió enseguida las extraordinarias cualidades de la caricatura para explorar la personalidad de sus modelos. Él mismo realizó numerosas caricaturas de su persona y explotó su inusual aspecto. En 1893, se autorretrata en el reverso del cartel Jane Avril en el Divan Japonais, dibujando -o leyendo el periódico según algunas interpretaciones- con su característico sombrero. Picasso también utilizaría la caricatura para experimentar con su imagen en Autorretrato con chistera (1901), donde un trasfondo de prostitutas emula el ambiente nocturno de las obras de Lautrec. Lo mismo ocurre con el retrato del escritor Gustave Coquiot, del mismo año, caricaturizado como un libertino ante un espectáculo de cabaret, o los retratos femeninos que presenta en su primera exposición en París en 1901 -Mujer con sombrero de plumas, Mujer con capa o Busto de mujer sonriente-, pintados con el mismo estilo caricaturesco y factura puntillista que el francés emplea en obras como Jane Avril (c.1891-1892).



Bajos fondos
Lautrec fue uno de los primeros artistas en romper con las viejas jerarquías y marcar el camino hacia un nuevo lenguaje artístico que incorporaba aspectos de la cultura popular. El prolífico pintor de Albi dejó en sus cuadros un repertorio inigualable de imágenes de ambiente marginal y bohemio. Obras como Mujer en un café (1886), un conmovedor ejemplo de las magistrales representaciones de mujeres solitarias en los cafés, o En el café: el patrón y la cajera anémica (1898) y En un reservado (en el Rat Mort) (c.1899), que reflejan con mordacidad las escenas de los bares de Montmartre. Lautrec también retrató a las grandes estrellas de los espectáculos nocturnos, los cantantes Aristide Bruant e Yvette Guilbert y las artistas de cabaret La Goulue y su gran amiga Jane Avril que consolidó su imagen gracias a los carteles del pintor.
Toulouse-Lautrec. En el Rat Mort, c. 1899                                  Picasso. Margot, París, 1901 
Como Lautrec, Picasso desarrolló una curiosidad insaciable por los excesos de la noche parisiense. En El Moulin Rouge (1901) exagera las siluetas incrementando el aspecto caricaturesco y la visión satírica de las relaciones sexuales en los reservados de los cafés. Es el caso también de La espera (Margot), una cortesana o pierreuse sentada en uno de estos locales, ejecutada con pinceladas sueltas y expresivas y un color brillante que exagera su maquillaje, o Los clientes, ambas de 1901.

Vagabundos
Toulouse-Lautrec. En el circo: la llamada a escena, 1899 
El mundo del circo, habitado por jinetes, clowns, saltimbanquis o acróbatas, estuvo muy presente en la imaginación de Picasso y Toulouse-Lautrec. La atracción por el lado lúdico y espontáneo del circo, por su magia visual, iba además acompañada de una identificación con el arlequín o el clown, seres marginales que ambos veían semejantes a la figura del artista en la sociedad moderna. Lautrec se interesó especialmente por los números ecuestres y durante su estancia en el hospital de Neuilly en 1899, donde se restablecía de sus problemas de salud y su alcoholismo, realizó de memoria numerosos dibujos sobre este tema, como En el circo: amazona de doma clásica. La reverencia o En el circo: entrada a la pista.
Cuando a partir de 1902 la pintura de Picasso evoluciona hacia una visión más melancólica y dramática, los arlequines y saltimbanquis personifican a los desheredados de la noche parisiense. La comida frugal (1904), una de sus primeras incursiones en el grabado, es un buen ejemplo de la veta trágica de este periodo. Esa marginalidad también puede apreciarse en El almuerzo del pobre (1903- 1904) o La jarra de leche (1905). Obras como La Mallorquina (1905), una acróbata representada como la maga Circe, amante de Ulises, o Arlequín sentado, del mismo año, muestran la evidente pervivencia de Lautrec en el periodo rosa de Picasso.

Ellas
Toulouse-Lautrec. El diván, c. 1893 
La prostitución fue uno de los asuntos que enlazó más estrechamente a Picasso con Lautrec. Sin embargo, el punto de vista empático del francés está muy alejado de la mirada erótica y a veces pornográfica de Picasso. Durante el año que convivió con prostitutas en la maison close de la rue des Moulins, Lautrec las retrata mientras se asean, se visten, se miman entre ellas, juegan a las cartas o simplemente se aburren sentadas en un diván, en composiciones como Esas damas en el comedor (1893-1894) o El diván (c.1893), así como en diversas escenas de toilette como Mujer rizándose el pelo (1891) o la serie de estampas Elles, un cuaderno con diez litografías que grabó en 1896. Picasso se acerca a esa visión compasiva en las pinturas protagonizadas por mujeres enfermas de sífilis, inspiradas en los apuntes que tomó en el hospital de Saint Lazare, como Mujer con flequillo, de 1902.

Eros recóndito
Toulouse-Lautrec. Pelirroja agachada, 1897
Tradicionalmente, las pinturas eróticas fueron relegadas a las salas reservadas y esta práctica de ocultación persistiría hasta bien entrado el siglo XX. En 1884, Lautrec pinta La Grosse Maria, Venus de Montmartre, un potente desnudo que niega cualquier canon anterior. La modelo se ha identificado como Marie-Clémentine, acróbata del circo Molier, que se convertirá en Suzanne Valadon, la pintora autodidacta de Montmartre.
Picasso. Venus y Cupido, 1968 
Influido por los desnudos que Degas presenta en la última exposición de los impresionistas en 1886, Lautrec realiza varias obras con la misma temática pero con unas resonancias eróticas más simbólicas y delicadas, como Desnudo de pelirroja agachada, de 1897, o La cama, de 1898, una de sus últimas pinturas sobre prostitución.
Picasso abordó los temas sexuales con un erotismo más carnal y, en ocasiones, violento. Esta sala muestra desde sus primeros desnudos, Jeanne (Mujer tumbada) o el más pornográfico Pipo, ambos de 1901, a los últimos, en los que las formas se vuelven excesivas y desfiguradas, como Mujer desnuda recostada (1965), Venus y Cupido (1968) o Pareja (1969). Al final de su vida, retoma el tema del burdel con la misma agresividad erótica de Les Demoiselles  ´Avignon, presente a través de los dibujos preparatorios del Cahier número 7 y del tapiz del cuadro, realizado en 1958.


viernes, 10 de noviembre de 2017

Magnum: Hojas de contacto

Magnum Photos fue creada en marzo de 1947 en Nueva York como una cooperativa de fotógrafos con un doble objetivo: hacer una nueva forma de fotoperiodismo y crear por primera vez una agencia independiente al margen de las grandes empresas periodísticas en la que los creadores tuvieran autonomía total en su trabajo y el control de los derechos de autor y de edición de sus imágenes. La agencia fue fundada por el húngaro Robert Capa, el francés Henri Cartier-Bresson, el polaco David “Chim” Seymour, el británico George Rodger y el norteamericano William Vandivert. Cada uno de ellos se hizo cargo de la gestión de un continente: David Seymour de Europa, Cartier-Bresson de Asia y Vandivert de América, con la excepción de George Rodger, que se encargó de África y Oriente Medio. Robert Capa asumió la coordinación de esta cooperativa que en poco tiempo se convirtió en la agencia de fotografías más importante del mundo.
Para los fotógrafos de Magnum Photos era fundamental tener libertad para elegir sus propias historias y trabajar en ellas durante largos períodos de tiempo. Creían que los fotógrafos tenían que tener su propio punto de vista y no estar controlados por el editor de una publicación. Por otro lado, deseaban materializar en sus trabajos los fundamentos bajo los que se crea Magnum Photos: la proximidad al objeto, el momento oportuno y el ojo fotográfico. Los nuevos enfoques de Magnum Photos pondrían fin a la representación artificial y escenificada de la realidad y darían paso a un enfoque más humano, directo e imaginativo.

Las hojas de contacto son la primera impresión de los negativos. Para los fotógrafos suponen una especie de cuaderno de trabajo a través del cual pueden documentar los pasos realizados al captar una foto, tomar nota de los errores o seleccionar los disparos afortunados. Para ello marcan ese momento decisivo en la hoja, a menudo incluso mucho tiempo después de que la imagen sea tomada. Las hojas de contacto nunca fueron ideadas con la intención de ser publicadas o exhibidas. Su rol va más allá del de un bloc de bocetos para un pintor (comparación utilizada a menudo para describirlas), pues en ellas quedan registrados todos los giros y decisiones del fotógrafo, lo que permite a quien las observa seguir los pasos del autor e incluso cuestionarlos. Este hecho es la clave por la cual a algunos fotógrafos no les gusta compartirlas, pues, además de aciertos, también reflejan errores e incluso pueden contribuir a desmitificar imágenes con un halo mágico a su alrededor. Pero ahí radica precisamente el interés de muchos estudiosos por conocer el entorno en que fueron tomadas las fotografías mas célebres. Esta idea central es sobre la que se orquesta una extraordinaria exposición de la Fundación Canal que, en sus salas de Mateo Inurria en Madrid, ofrece una oportunidad única para que el espectador se involucre directamente en las sesiones que dieron pie a algunas de las fotografías más recordadas del fotoperiodismo de las últimas décadas.

Magnum: Hojas de contacto muestra 94 fotografías de los 65 creadores más conocidos de Magnum Photos y permite adentrarse en los secretos detrás de sus emblemáticas tomas mediante la observación de sus respectivas hojas de contacto. A través de los objetivos de nombres como Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, Bruno Barbey, Eve Arnold, Inge Morath, Steve McCurry o Cristina García Rodero el visitante de la exposición se convierte en testigo de alguno de los momentos y personajes fundamentales para entender la historia mundial de los últimos 80 años al mismo tiempo que observa las modas, costumbres y realidades sociales de las distintas épocas y partes del globo tal y como fueron captados en toda su intensidad por los reporteros gráficos de Magnum Photos.

La exposición muestra cómo se crean imágenes icónicas y la magia que rodea el "momento decisivo" en el que se tomaron algunas de las fotografías más famosas de las últimas décadas, obra de los principales fotoperiodistas de Magnum Photos. A través de la contraposición de 94 imágenes finales con las hojas de contacto que documentan la sesión de la que se surgieron, la intención es que el visitante pueda hacerse una clara idea de cómo cada creador encontró el camino hacia la foto final seleccionada. De este modo, el espectador puede reconstruir las condiciones que dieron pie a dichas fotografías y analizar si se deben a una afortunada coincidencia o, como suele ser lo habitual, a una ardua labor de En la exposición se incluyen todos los formatos de película analógica -desde el estándar de 35 mm que era el habitual en fotoperiodismo en el siglo XX a las imágenes panorámicas a gran formato más recientes- tanto en blanco y negro como en color.
Aunque en la actualidad existen programas de edición de fotografía digital que también permiten simular las hojas de contacto, en realidad se considera que el resultado es una entidad diferente, una traducción de lo que ha observado el fotógrafo durante la sesión, más que su huella. Por este motivo, los comisarios (Andrea Holzherr, de Magnum Photos, y Gabriele Accornero, de Forte di Bard) han decidido centrar la exposición sólo en las hojas de contacto analógicas otorgándole el rol de “epitafio” de este formato.

En las fotografías recogidas en Magnum: Hojas de contacto, se reflejan algunos de los acontecimientos clave del último siglo y que van del Desembarco de Normandía en la II Guerra Mundial a la caída de las Torres Gemelas pasando por el conflicto de Oriente Medio, la Guerra de Vietnam, las revueltas de Mayo del 68 o la Guerra de los Balcanes.
Además de los protagonistas anónimos de estos momentos históricos, en otras instantáneas de la exposición también se retrata a iconos de estos años como Che Guevara, Dalí, Malcolm X, la Madre Teresa de Calcuta, The Beatles o Martin Luther King.
Asimismo, muchas de las fotos expuestas también se centran el reflejar la realidad social del momento, o tienen un tono más estético (fotografía de moda, etc.) e incluso en ocasiones decididamente humorístico.
Para entender las fotografías en su contexto, además de las hojas de contacto originales, en algunos casos se muestran libros y revistas que ayudan a comprender el entorno socio-político que dio pie estas imágenes icónicas y que sirve al mismo tiempo para establecer una historia general del fotoperiodismo.

Una llama en Times Square. 1957 © IngeMorath Magnum Photos
El recorrido cronológico se inicia con fotografías de los fotógrafos pioneros de Magnum Photos, entre los que encontramos a Henri Cartier-Bresson, David “Chim” Seymour, Herbert List, George Rodger, Robert Capa y Philippe Halsman. Los contactos pertenecientes a estos autores muestran los métodos particulares y personalizados que se utilizaban en el almacenamiento y edición de fotografías en esta primera época del fotoperiodismo allá por los años 30 y 40 del siglo XX.
En las décadas posteriores y coincidiendo con la profesionalización del periodismo fotográfico (entre otras cosas, debido a la fundación de la propia Magnum Photos en 1947) y el auge de la prensa ilustrada, se hizo necesario un sistema organizado de edición y almacenamiento de las imágenes. Los contactos de esta época (que abarcaría los años 50 y 60) se estandarizan y predominan los de 35 mm en blanco y negro. En estos momentos las hojas de contacto pasan a ser el claro punto de unión entre el fotógrafo, el editor, la agencia y la revista y alcanzan su máximo apogeo. Así se demuestra con la presencia en la exposición de revistas y libros que atestiguan la estrecha relación entre publicaciones y fotoperiodistas a través de hojas de contacto. De esta época, en la muestra encontramos imágenes de autores tan destacados como Werner Bischof, Marc Riboud, Erich Lessing, Inge Morath, Elliott Erwitt, Marilyn Silverstone, Burt Glinn, Eve Arnold, Cornell Capa, Bruce Davidson, Constantine Manos, René Burri, Leonard Freed, David Hurn, Philip Jones Griffiths, Bruno Barbey, Paul Fusco, Josef Koudelka, Dennis Stock, Guy Le Querrec.
Protestas en París. 1968 © Bruno Barbey Magnum Photos

En las dos siguientes décadas (años 70 y 80) se profundiza en esta línea y se hacen aún más evidentes las líneas de acción de una agencia como Magnum Photos que se convierte en esencial a la hora de realizar la cobertura de los principales conflictos que asolan al mundo, alternando con la siempre personal visión de sus creadores de otros aspectos como la fotografía de calle, los trabajos de moda o la documentación social con un tono humorístico. Como autores de los 70 y 80 están representados en la exposición Raghu Rai, Susan Meiselas, Micha Bar-Am, Hiroji Kubota, Alex Webb, Abbas, Richard Kalvar, Peter Marlow, Steve McCurry, Ian Berry, Martin Parr, John Vink, Jean Gaumy, Ferdinando Scianna, Stuart Franklin y Gueorgui Pinkhassov.
En los 90 las imágenes se vuelven más abiertas y experimentales en cuanto a formato, intención y enfoque. La hoja de contactos pasa de ser una herramienta práctica a una fuente de inspiración creativa. En esta década se sitúan las imágenes de la exposición de Patrick Zachmann, Nikos Economopoulos, Larry Towell, Eli Reed, Martine Franck, Chris Steele-Perkins, Chien-Chi Chang y Bruce Gilden.
Ya en los 2000 la fotografía digital empezaba a imponerse y, por tanto, las hojas de contacto pasan a convertirse en una reliquia del pasado que aún pervive en el trabajo de algunos fotoperiodistas como es el caso de los presentes en la muestra: Christopher Anderson, Jacob Aue Sobol, Jonas Bendiksen, Thomas Dworzak, Trent Parke, Paolo Pellegrin, David Alan Harvey, Thomas Hoepker, Cristina García Rodero, Alec Soth, Donovan Wylie, Marc Power, Mikhael Subotzky y Jim Godberg.

lunes, 16 de octubre de 2017

Nicholas Nixon en la Fundación Mapfre


Nicholas Nixon (Detroit, Míchigan, 1947) ocupa un lugar destacado y singular en la historia de la fotografía de las últimas décadas. Centrado sobre todo en el retrato, y con un claro interés por las posibilidades descriptivas de la cámara, su obra revela una tensión entre lo visible, el contenido (de una extraordinaria claridad y habilidad compositiva), y lo invisible, los pensamientos e inquietudes que afloran en sus imágenes.
La Fundacion Mapfre presenta en Madrid la mayor retrospectiva de su obra realizada hasta la fecha (1974-2017), con más de doscientas fotografías. En ella encontramos un hilo conductor claro, un mundo propio que no tiene límites y una extraordinaria capacidad para reinventarse que nos lleva desde las frías vistas de Nueva York o Boston de los años setenta, que formaron parte de una de las exposiciones más importantes del siglo anterior (New Topographics), hasta la conocidísima serie de Las hermanas Brown, sin duda una de las reflexiones más certeras sobre el paso del tiempo en la historia de la fotografía que se extiende durante toda su carrera. Organizado de manera cronológica y agrupado en las principales series que ha desarrollado, este amplio recorrido que proponemos es también un autorretrato de Nicholas Nixon, quien con su obra muestra la certidumbre de saber lo que es fundamental, valioso y real en nuestras vidas.
La muestra presenta el trabajo de Nixon en varias series que exploran mundos singulares con una notable preocupación social que nos descubre aspectos inadvertidos de la realidad que pertenecen a la experiencia privada del artista, pero que por su cotidianidad podemos compartir, de ahí que despierten fácilmente en nosotros el eco de recuerdos y emociones. La lentitud, los largos periodos, la ausencia de elementos dramáticos definen una obra que se despliega a lo largo de casi cinco décadas de dedicación continuada. Nixon emplea una técnica sencilla, casi obsoleta, pero impecable, con el uso de cámaras de gran formato que imponen la cercanía y la cooperación de los retratados para mostrar los mundos próximos en los que fija su atención: los ancianos, los enfermos, la intimidad de las parejas o la familia.

Vistas
Vista de Battery Plaza, Nueva York, 1975
La primera cámara que tuvo Nicholas Nixon fue una Leica, siguiendo el modelo de Cartier-Bresson, cuya obra es de las primeras que le impactan. Pero muy pronto empieza a explorar las posibilidades de las cámaras de mayor formato, con una de 4 x 5 pulgadas. Con ella toma las imágenes que abren esta exposición: vistas de los alrededores de la ciudad de Albuquerque, unos espacios nuevos en la frontera entre la ciudad y el desierto, un trabajo de sorprendente madurez para un joven estudiante de fotografía. Algunos de los elementos que encontramos en su primera serie importante, las Vistas de ciudades, ya aparecen en estas fotografías: la claridad, la definición, la visión desde un punto elevado.
Coincidiendo con su traslado a Boston, Nixon da un paso más, pues ya se ha decidido por el uso de la cámara de gran formato, de 8 x 10 pulgadas, que va a ser su principal herramienta a partir de ahora. Con esta cámara, cuyo negativo es tan grande que no requiere ampliación, no se pierde nada de la información y se consigue una extraordinaria nitidez, una gama tonal muy sutil que intensifica la cualidad realista de la imagen. Las vistas de Boston y Nueva York forman parte de la primera serie desarrollada por Nixon entre los años 1974 y 1975. El choque con estas ciudades, ordenadas y caóticas al mismo tiempo, le permite desarrollar las cualidades que estaba experimentando con su cámara.
Estas fotografías formaron parte de una de las exposiciones más influyentes de la historia de la fotografía que organizó en 1975 la George Eastman House, New Topographics: Photographs of a Man-altered Landscape. El comisario, William Jenkins reunió en ella a Robert Adams, Lewis Baltz, Bernd y Hilla Becher, Joe Deal, Frank Gohlke, Stephen Shore, Henry Wessel, John Schott y al propio Nicholas Nixon. La inmediatez de su estilo enlazaba también con la tradición de la fotografía de Walker Evans o Robert Frank; sin embargo optaron por una visión árida, fría y desapasionada que rompiese los cánones de belleza y composición de la fotografía tradicional. La mayoría de estos artistas continuó su carrera por los mismos derroteros excepto Nixon, cuya obra evidenció un giro radical en cuanto a su temática unos años más tarde.

Porches

Hyde Park Avenue, Boston, 1982
A partir de 1977 Nixon se centra principalmente en el retrato, género que encaja con sus intereses y valores personales que se trasladan a su trabajo diario. Pasamos a recorrer los márgenes del río Charles, cerca de Boston, y más tarde otros barrios pobres del sur, de Florida o Kentucky. Las fotografías se sitúan en la ribera del río, en las playas y sobre todo en los porches de las casas, espacios de transición entre lo público y lo privado. Un proyecto que le llevará hasta 1982, mientras afina cada vez más su habilidad para el uso de la cámara de gran formato, como si se tratara de una cámara manual ligera que pasara desapercibida. Las imágenes no pierden nunca su frescura, a pesar de lo complejo y largo del proceso, y las composiciones se complican conforme va avanzando la serie.
A partir de entonces las personas serán el tema central de su obra. Dejando a un lado la serie anual de Las hermanas Brown, esta será la más extensa y fructífera. En este periodo Nixon empieza a encontrar su camino en la fotografía, cuando sus intereses personales, intelectuales y estéticos comienzan a converger para ofrecernos imágenes que hablan de la vida desde un enfoque muy íntimo, desde la propia experiencia.

Ancianos
F.K., Boston, 1984
Hacia 1984 se produce un nuevo giro en la obra de Nixon. Empieza a fijarse en un tema que se acabará convirtiendo en una nueva serie: los ancianos alojados en residencias que visitaba como voluntario. Este trabajo le ocupará varios años, aunque el tema tratado será recurrente a lo largo de varias décadas por su trabajo como voluntario en centros de mayores y hospitales. Ahora existe una relación nueva entre el fotógrafo y los retratados, a los que conoce personalmente. La experiencia directa y el interés por las personas al final de sus vidas están presentes de aquí en adelante. También hay un cambio notable en la manera de abordar el tema, un acercamiento físico; toma primeros planos, a veces detalles de manos o de rostros extenuados que atesoran toda una vida.

SIDA
El Dr. Robert Sappenfield con su hijo Bob, Dorchester, 1988
El siguiente proyecto que aborda Nixon, tiene una evidente continuidad con la serie anterior. Se trata de People with AIDS (1988), que más tarde tomó forma de libro. La irrupción del sida en los años 80 fue algo tan brutal y desconocido a la vez, que abrió un abismo entre la sociedad y los enfermos como hacía siglos no había ocurrido con ninguna otra enfermedad. En el libro, se recoge la secuencia de quince vidas afectadas por el sida, así como cartas y conversaciones transcritas por Bebe, su mujer. El temor que aun hoy despierta esta enfermedad era todavía mayor en los años ochenta, una amenaza desconocida que abrió una brecha entre los enfermos y la sociedad, llena de prejuicios, incomprensión y miedo.
Pero algunos artistas e intelectuales, que veían cómo morían amigos y conocidos, tuvieron un papel activo en visibilizar la enfermedad y en tratarla como tal, por encima de significados morales o sociales. Nixon no es un activista, pero en este proyecto se implicó de una manera muy clara para ofrecer una crónica honesta y real de estas vidas al adentrarse en su privacidad, para comprender el sufrimiento de los enfermos y sus seres cercanos.

Familia
Clementine y Bebe, Cambrigde, 1986

Nixon comenzó a fotografiar a su mujer desde que se conocieron en los años setenta, a su hijo Sam desde su nacimiento en 1983, y dos años más tarde a su hija Clementine. Nixon se recrea en la intimidad, la proximidad de su cámara sugiere algo táctil, como si les acariciara con su cámara. Las fotografías de sus hijos se extienden hasta la edad adulta; Bebe, en cambio, ha sido un tema permanente, donde toma forma visual la intensidad de su relación. Sus retratos transmiten pasión, que se hace aún más evidente con los años: «mi verdadero amor, mi mejor amiga, el centro de mi vida». Esta colección de imágenes se convierte en un diario de su vida en común, pues Nixon trabaja de manera continua y Bebe está siempre ahí, presta a una colaboración gracias a la cual existen algunos de los retratos más intensos de la fotografía contemporánea, tanto como los de Rebecca Strand o Georgia O’Keeffe un siglo atrás.

Parejas
J.A., E.A., Dorchester, Massachusetts, 2001


Esta nueva serie comienza en 2000. A partir de este momento, no trabaja con series cerradas, sino que vuelve una y otra vez sobre sus principales obsesiones. En Parejas no prepara las escenas, sino que participa de ellas, y cuando ha creado un clima de confianza, la fotografía surge sola, él solo tiene que disparar. Torsos, brazos, bocas, formas casi abstractas que hablan de la intensidad tanto física como emocional que hay en una relación. El desnudo en fotografía nunca ha sido fácil, pues tradicionalmente se ha asociado más con el sexo que con el retrato; de ahí el valor de estas fotografías que transmiten intimidad, pasión, gozo, imágenes cotidianas de cómo compartimos nuestras vidas.





Vistas nuevas

Vista de Washington Street, Boston, 2008
En la primera década de este siglo Nixon vuelve a subir a las azoteas de Boston en una nueva versión de las vistas de los años setenta. Es un fotógrafo de largo recorrido, su carrera se adentra ya en la quinta década no habiendo dejado nunca de investigar y de experimentar. Esa atracción intensa que siente hacia sus proyectos sobre los que vuelve a lo largo de los años, le lleva a plantear una mirada diferente hacia la ciudad, cuyas formas son un elemento definitorio: la extraordinaria confusión visual que crean las rondas de circunvalación de las ciudades, la confrontación entre la ciudad antigua y la nueva, que se mezclan como en un jardín exótico donde las plantas autóctonas sobreviven entre las foráneas. Vistas lejanas, vistas próximas le sirven también de excusa para seguir experimentando con un formato aún mayor de cámara, la de 11x14 pulgadas, que permite ver mucho más de lo que percibe el ojo a simple vista.

Retratos
I.T., Saugus, Massachusetts, 2012
La obra de Nixon ha ido madurando hacia temas más íntimos, más personales, que exploran los contenidos de su obra anterior, donde la atracción por la abstracción y la síntesis se vuelven principales. En la última década Nixon se ha centrado en el retrato: primeros planos, a veces solo el rostro, desnudos sobre todo. En ellos se elimina lo superfluo para enfocar mejor el personaje. Su concentración en el rostro tiene que ver con la confianza en la expresión individual, en el poder del sujeto y en el papel que desempeña en su propia representación, incluida la complicada relación de uno mismo con su cuerpo. Nixon facilita la imprescindible interacción entre fotógrafo y modelo para romper esa barrera. Como resultado se nos muestra una amplia diversidad de motivos: recién nacidos, niños, enfermos hospitalizados, ancianos que nos muestran la fragilidad y la misteriosa capacidad de resistencia del ser humano.

Las hermanas Brown
Las hermanas Brown, 2016
La serie Las hermanas Brown es, sin duda, la obra más conocida de Nicholas Nixon; la componen los retratos de su mujer Beverly Brown (Bebe) y de sus tres hermanas, tomados cada año desde 1975. Desde este sencillo punto de partida, Nixon ha creado una de las investigaciones sobre el retrato y el tiempo más convincentes de la fotografía contemporánea.
Estas fotografías tienen cierto aire de álbum familiar que nos retrotrae a momentos y emociones pasadas. Pero lo que desconcierta y fascina de esta serie, a medio camino entre la objetividad documental y la intimidad emocional, es el cambio, el ritmo dentro de la reiteración. Cada fotografía va tomando cuerpo y sentido al unirse a las demás, y es dentro de la serie donde adquiere toda su fuerza. Esta serie es también un autorretrato del fotógrafo, que vuelca aquí sus propios sentimientos. La rigurosa simplicidad y la belleza romántica de estas imágenes configuran un relato capaz de inquietarnos a poco que vislumbremos el final de la serie.

La casa
Cortina de nuestro dormitorio, Brookline, 2017

Cierra la exposición este pequeño grupo de fotografías, de entre las últimas que ha realizado Nicholas Nixon. Son menos significativas en cuanto al tema pero grandes en cuanto a su contenido. La mirada de Nixon se detiene en las escaleras de su casa, donde hay unas hojas esparcidas como constelaciones, en las cortinas mecidas por el aire, en la mirada de un personaje en un cuadro que siempre estuvo ahí, en la última luz de la tarde que genera un juego de sombras en el porche. La luz, siempre presente en su obra, y la casa, ese paraíso interior, mínimo y real. Estas fotografías no tienen ninguna función relevante, simplemente buscan el puro placer, la magia renovada de la fotografía que evoca momentos que nunca se repetirán.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Las matemáticas están de moda

Acabo de leer un reportaje en la sección de Ciencia de La Vanguardia que me ha llenado de orgullo y satisfacción. En él se elogian las aportaciones de Ingrid Daubechies a la teoría matemática de las ondículas que sirvieron de base para la definición del formato de imagen JPEG 2000, fundamental en la retransmisión de vídeo digital. Ingrid Daubechies es en la actualidad profesora de matemáticas en la Universidad de Duke. Entre sus muchos logros y reconocimientos hay que citar que fue la primera mujer que presidió, entre 2011 y 2014, la Unión Matemática Internacional. 

La teoría de las ondículas, por cuyo desarrollo Yves Meyer recibió el Premio Abel el pasado mayo, ha sido decisiva para detectar las ondas gravitacionales, aportando datos para sustentar las investigaciones de física teórica. Y también en aplicaciones muchos más cercanas a nuestra vida cotidiana como la optimización del diagnóstico por imagen en la medicina o la tecnología que permite la grabación, almacenamiento y transmisión de imágenes de video en alta resolución. La carrera profesional de Ingrid Daubechies, impulsada por su deseo de aplicar las matemáticas a la resolución de problemas concretos, es un apasionado viaje interdisciplinar. Como queda reflejado en el reportaje ya mencionado, ha trabajado en cooperación con otros matemáticos, con físicos, con ingenieros y hasta con historiadores del arte. 

Y el caso de Ingrid, siendo muy notable, no es único. En toda realidad científica o cotidiana hay hoy una parte matemática. Podríamos decir que las matemáticas están de moda. Abundan los equipos interdisciplinares que se enfrentan a la resolución de los más variados problemas. Las búsquedas de Google son posibles gracias a sofisticados algoritmos. Los sistemas de cifrado, imprescindibles para garantizar la seguridad y confidencialidad de los datos, funcionan apoyándose en la teoría de números primos y curvas elípticas. Las matrices son una herramienta indispensable en la modelización de múltiples investigaciones en la teoría económica, la biología celular o la ecología. La teoría de grafos ayuda a optimizar el uso de los recursos diseñando las rutas de reparto de las empresas de logística o la organización de los vuelos de una compañía aérea.  En todos los casos, es necesario la participación de las matemáticas. 

Sin embargo, la experiencia nos demuestra una aportación adicional de las “mentes matemáticas”. Los especialistas en recursos humanos aseguran que los matemáticos, además de por sus conocimientos técnicos, también son muy valorados en los equipos multidisciplinares por sus habilidades a la hora de afrontar retos y su "diferente manera de pensar”.  Como consecuencia de todo ello, la demanda profesional de matemáticos se dispara. 

¿De donde surge esa “diferente manera de pensar? En mi memoria residen con fuerza las experiencias vividas en los exámenes en la Facultad de Matemáticas de la Complutense. En ellos se decidía tu progresión y valoración en la carrera.  Y raro era el examen en el que no había uno o varios problemas de los que nosotros llamábamos de "idea feliz”. No se trataba de aplicar algoritmos u operaciones preestablecidas y aprendidas. Se trataba de utilizar los conocimientos teóricos adquiridos para resolver casos particulares. Y en esa traslación del conocimiento teórico a la situación particular la creatividad era vital. Problemas que, en principio parecían muy complicados, se resolvían en un par de minutos una vez encontrada la “idea feliz” correspondiente. Pero lograr que se encendiera la luz en tu mente podía requerir horas de esfuerzo. En muchos exámenes no había casi limitación de tiempo. Podíamos estar toda una mañana, o una tarde, pensando (y escribiendo o dibujando).  Algunos exámenes eran en su totalidad de este tipo. Se podían consultar todos los libros que te llevaras al examen. Lo que se buscaba no era demostrar que te sabias cosas de memoria, sino que sabías aplicarlas. 

Creo que son estas habilidades, desarrolladas en las Facultades de Matemáticas, las que ahora son reconocidas y demandadas. Lo de que los matemáticos son personas de mente cuadriculada ya no tiene ninguna justificación. Son personas creativas que aplican razonamientos y métodos rigurosos. El impresionante desarrollo tecnológico de las últimas décadas ha determinado que vivamos en la llamada “sociedad de la información”. En todos los ámbitos aparecen millones de datos, estructurados y no estructurados. Es lo que comúnmente conocemos como big data. Por si mismos no tienen un especial valor. Requieren tratamientos complejos para poder obtener información relevante que pueda ser de utilidad en múltiples entornos. Puede tratarse de encontrar tendencias políticas, o los mejores tratamientos para un tipo especial de cáncer, o la manera de predecir el comportamiento de la gente cuando se va de vacaciones... o de las fluctuaciones de los valores bursátiles.  En todos los casos los matemáticos, junto con los especialistas de cada ámbito de actuación, pueden aportar sus herramientas matemáticas junto con el rigor lógico en su aplicación y, lo que quizá sea más importante, su creatividad en la utilización de sus métodos.