miércoles, 16 de octubre de 2013

Arte y maravilla en El Escorial


Esta mañana he visitado en las salas de exposiciones temporales del Palacio Real una muestra muy singular titulada: "De El Bosco a Tiziano. Arte y maravilla en El Escorial". Se trata de una iniciativa del Patrimonio Nacional para conmemorar el 450 aniversario de la colocación de la primera piedra del Monasterio de El Escorial. La exposición da a conocer la pintura, escultura y las artes decorativas realizadas gracias al mecenazgo del Rey Felipe II y coleccionadas por el Rey que convirtió el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en el mejor conjunto de arte y maravilla de la España del Renacimiento. Se exponen 155 obras  incluyen autores como El Bosco, Tiziano, Patinir, Navarrete “el Mudo”, Alonso Sánchez Coello, Antonio Moro, Gerard David y Bernard Van Orley. 

Antonio Moro. Felipe II
El Comisario de la exposición es Fernando Checa Cremades, ex director del Museo del Prado. Apoyado por un equipo de expertos, entre los que destacan los Conservadores de Patrimonio Nacional, ha realizado un excelente estudio científico que, entre otros aspectos, analiza la imagen artística como expresión de las relaciones entre poder y religión en la Europa de la Contrarreforma. Partiendo de los Libros de entregas, se ha logrado documentar con precisión la llegada de las obras adquiridas por Felipe II durante la construcción del Monasterio. Producto de todo ello es esta muestra en la que se recupera El Escorial original de Felipe II, que fue ante todo, en la visión que da el comisario, un monumento funerario dinástico y lugar de retiro piadoso.

Las obras del edificio comenzaron en 1562 y la primera piedra se colocó en 1563. El diseño, un vasto rectángulo de 207 por 162 metros, en torno a una gran basílica de planta central y cubierta por una cúpula sobre tambor, fue ideado por Juan Bautista de Toledo. Su temprana muerte en 1567 dio paso a su discípulo Juan de Herrera, quien finalizó las obras arquitectónicas con su peculiar estilo, mezcla de lenguaje clásico a la italiana y elementos a la flamenca, como las cubiertas empizarradas, una manera que todavía hoy conocemos como “herreriana”. Desde 1563 -fecha de la colocación de su primera piedra- a 1598 -fecha de la muerte de Felipe II- el Monasterio de El Escorial se convirtió en el principal lugar receptor de obras de arte de toda España y uno de los mayores en la Europa del Renacimiento. A finales del siglo XVI San Lorenzo de El Escorial era un museo de fama internacional, solo comparable con los existentes en el Vaticano de los Papas, la Florencia de los Medici o la Viena imperial.

 Pedro Perret. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
La muestra se inicia rindiendo  tributo a los dos arquitectos ya mencionados que levantaron este impresionante edificio. De hecho,  el capítulo arquitectónico cobra especial relevancia en la exposición, no solo en la primera sala, en la que se exhiben las trazas de Juan de Herrera (en dibujos originales y grabados de Pedro Perret) sino también en la abundancia de relicarios que se muestran en esta y otras salas, diseñados según los principios de la arquitectura clasicista.

Arqueta de Isabel Clara Eugenia
El segundo núcleo expositivo lo conforma el archivo de la Contrarreforma en que se convirtió este monasterio jerónimo: Felipe II respondió a la reforma protestante coleccionando relicarios, imágenes de santos y devocionales, libros miniados, cantorales... El Escorial fue un auténtico depósito de reliquias, con más de 7.000 (entre ellas más de cien cabezas enteras), heredadas, recibidas como regalo y adquiridas en buena parte “al por mayor” en países protestantes para congregar, en la lucha contrarreformista, a todo un ejército de santos y mártires.  Hay expuestas piezas excepcionales. Es el caso de la Arqueta de Isabel Clara Eugenia, los tres ejemplares del «Passionarium» –libro de cánticos de Semana Santa con magníficas miniaturas–, el «Terno de las Calaveras», utilizado en las ceremonias fúnebres de las reinas; y algunas de las pinturas devocionales, de pequeño formato, de Felipe II.

Tiziano. Adoración de los Reyes
El tercer y último capítulo de la muestra está reservado al Parnaso artístico que logró reunir el Monarca en El Escorial. Los mejores artistas de la época acudieron a la llamada de Felipe II. A la cabeza, Tiziano, al que el Rey conoció en Milán en 1548. Desde entonces, y hasta la muerte del pintor en 1576, trabajó para él. No sólo en El Escorial, también en El Pardo y el Alcázar. A este pintor se le dedica una sala íntegramente ya que el Monasterio era el edificio de Europa con más obras del artista en el momento de su muerte. En ella se presenta parte de las obras cumbre de su período tardío destacando el conjunto, nunca expuesto como tal desde comienzos del siglo XIX, de las tres obras maestras de Tiziano destinadas al Tríptico de la Iglesia Pequeña del Monasterio: El Martirio de San Lorenzo, La Adoración de los Reyes y El Entierro de Cristo, esta última conservada en el Museo del Prado.

El Bosco. Cristo coronado de espinas
Tambien se destacan de manera visible otros pintores como es el caso de El Bosco uno de los favoritos de Felipe II que había podido admirar sus obras en sus juveniles viajes a Flandes. Las principales obras de este artista entraron en las colecciones reales filipinas como, por ejemplo, El Jardín de las Delicias o pinturas tan impresionantes como el Cristo coronado de espinas o el Cristo camino del Calvario, presentes en esta exposición. 

La inmensa mayoría de las obras de la muestra pertenecen a las colecciones de Patrimonio Nacional que se complementan con otras, que en su día colgaban en el monasterio y lo abandonaron por distintas circunstancias,  procedentes del Museo Nacional del Prado, de la National Gallery de Londres, de la National Gallery de Irlanda, del Museo del Louvre y de la Biblioteca Nacional de España. 

viernes, 11 de octubre de 2013

Macchiaioli

Giovanni Fattori. La torre roja.

La Fundación Mapfre presenta en sus salas de esposiciones del Paseo de Recoletos de Madrid una muestra, co-producida con los museos d'Orsay y L’Orangerie de París, titulada "Macchiaioli, Realismo impresionista en Italia". La exposición reúne cerca de 100 obras procedentes de las más prestigiosas colecciones públicas y privadas italianas, entre las que destacan la Galleria d’Arte Moderna del Palazzo Pitti, la Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma, Galleria d´Arte Moderna de Milán, la Fondazione Musei Civici di Venezia, la Galleria Internazionale d´Arte Moderna di Ca’Pesaro de Venecia, el Museo Civico Giovanni Fattori, de Livorno y el Istituto Matteucci de Viareggio, entre otras. Se trata de la primera exposición realizada en España en torno a este movimiento, a pesar de la importancia e influencia que tuvieron los macchiaioli en la pintura española de finales del siglo XIX. Al mismo tiempo se presenta tambien un pequeño conjunto de obras del pintor español Mariano Fortuny, porque desde un planteamiento claramente distinto, compartió con ellos algunos puntos de vista y algunas maneras.

Giovanni Boldini. Giovanni Fattori en su taller

En Florencia, hacia 1855, un grupo de jóvenes pintores emprende la búsqueda de un arte nuevo. Conocidos como los macchiaioli («manchistas») —un nombre en origen peyorativo en alusión a la esbozada esencialidad de sus pinturas—, protagonizan uno de los capítulos más brillantes de la modernización de la pintura europea, adelantándose a buena parte de las premisas proclamadas posteriormente por los impresionistas.Se oponen decididamente a la pintura académica y al romanticismo histórico, su marco de formación, y persiguen lo verdadero en el arte asumiendo como práctica predilecta la pintura al aire libre.

Odoardo Borrani. Carreta roja en Castiglioncello.

En sus pinturas, pequeñas en cuanto a formato pero monumentales en su concepción, crean una sincera e innovadora visión del paisaje toscano, con fuertes contrastes lumínicos captados mediante la yuxtaposición de manchas de color. Entre sus principales protagonistas destacan Giovanni Fattori, Silvestro Lega, Telemaco Signorini, Giuseppe Abbati, Giovanni Boldini o Odoardo Borrani, todos ellos unidos en torno al crítico y mecenas Diego Martelli.

Telemaco Signorini. La luna de miel.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La belleza encerrada en El Prado

De vez en cuando me reúno con mis amigos Victoria y José Manuel para comentar la actualidad y ponernos al día de nuestras respectivas experiencias vitales. A los tres nos gusta el arte y, en muchas ocasiones, la excusa de nuestras reuniones se basa en visitar juntos alguna exposición. A la vuelta del verano nuestra primera cita ha tenido lugar para recorrer el paseo por la historia del arte que bajo el titulo "La belleza encerrada"  nos han preparado en el Museo del Prado.

La exposición reúne 281 obras de las colecciones del Museo que tienen como denominador común su pequeña dimensión y unas características especiales de riqueza técnica, preciosismo, refinamiento del color y detalles escondidos que invitan a la observación cercana de estos cuadros de gabinete, bocetos preparatorios, pequeños retratos, esculturas y relieves. La mitad de las obras expuestas no se han visto con regularidad en el Prado en los últimos años. Conservadas en los almacenes o depositadas en otras instituciones, han cedido el paso con humildad a otras más famosas y populares que han brillado sin perder nunca su luz en la colección permanente, aunque no por ello son menos interesantes ni menos bellas. 

Las obras expuestas se ordenan a lo largo de diecisiete salas en las que se da prioridad a la cronología, a través de un intenso recorrido que comienza a finales del siglo XIV y principios del siglo XV en Italia, Francia y los Países Bajos, y culmina al final del siglo XIX en España. Ese concentrado paseo sin escapatoria aviva en el espectador la conciencia del paso del tiempo, que une el pasado con el presente. 

El Prado ha hecho un especial esfuerzo en limpiar y restaurar lo expuesto para presentar las obras en unas condiciones idóneas, que permitan al espectador apreciar la belleza que encierra la pintura y la escultura de este formato. Sólo las perfectas relaciones tonales de la superficie pictórica, gracias a la transparencia de los barnices, dejan ver la precisión de las pinceladas y, con ello, el sentido y el significado de las figuras y de sus acciones o la poesía de los paisajes y la punzante llamada de atención de la naturaleza muerta, el bodegón. 

La pintura de devoción da paso a los asuntos mitológicos, el paisaje aparece en el siglo XVI con personalidad propia, el retrato está presente desde los inicios y, junto a la melancolía, una de las facetas propias del arte y de todo artista, aparece la sátira y la reflexión irónica sobre el ser humano o la alabanza y la exaltación del poder, para, finalmente, dejar sitio a la vida real, cotidiana y del pueblo, que coincide con el desarrollo de la burguesía a fines del siglo XVIII.

El País ha realizado un excelente reportaje al que se puede acceder aquí. A continuación se incluyen algunas de las obras que mas han llamado mi atención, bien por no ser conocidas por mi anteriormente o bien porque, siendo ya conocidas, han evocado impresiones nuevas como consecuencia de esta nueva y magnifica presentación.

El Bosco. Extracción de la piedra de locura
El Bosco reprodujo la operación para extraer la piedra de la locura ante un amplio y bello paisaje, por el que sintió gran interés desde sus obras más tempranas, acorde con su origen en los Países Bajos del Norte. La elevación de la línea del horizonte permitió a El Bosco ampliar el espacio destinado al paisaje en esta tabla, que, a diferencia de lo habitual en él, no está poblado de figuras y objetos que complementen o expliquen la escena principal. Los cuatro protagonistas de esta tabla, al igual que los objetos que portan, son lugares comunes en la época que los satiriza, ilustrando quizá algún proverbio flamenco como éste: Las cosas van mal cuando el sabio va a operarse de su locura a casa de locos. Lo que el cirujano, con el embudo invertido en la cabeza, alusivo así a la locura, y no a la sabiduría, extrae de la cabeza del paciente es un tulipán lacustre, como el depositado en la mesa, símbolo del dinero que va a parar a su bolsa. No es un sabio, sino un estafador. A su lado, un hombre anciano, con un jarro en la mano, parece urgirle en su tarea, en presencia de la mujer que contempla absorta la operación con un libro en la cabeza, alusivo al peso de la ciencia.

Joachim Patinir. El paso de la laguna Estigia
Esta pintura de Patinir destaca por su originalidad y su composición formada por planos paralelos escalonados. Favorecido por el formato apaisado de la tabla, el autor divide verticalmente el espacio en tres zonas, una a cada lado del ancho río, en el que Caronte navega en su barca con un alma. Patinir reúne en una única composición imágenes bíblicas junto a otras del mundo grecorromano. El ángel situado en un promontorio, los otros dos, no lejos de éste, que acompañan a las almas, y algunos más, junto con otras almas minúsculas, al fondo, permiten conocer a la izquierda el Paraíso cristiano. Por el contrario, el Cancerbero parece identificar el Infierno representado a la derecha con Hades, asociándolo con la mitología griega, lo mismo que Caronte con su barca. Patinir sitúa la escena en el momento en que Caronte ha llegado al lugar en que se abre un canal a cada lado de la Estigia, momento de la decisión final, cuando el alma a la que conduce tiene que optar por uno de los dos caminos. Debe conocer la diferencia entre el camino difícil, señalado por el ángel desde el promontorio, que lleva al Paraíso, y el fácil, con prados y árboles frutales a la orilla, que se estrecha al pasar la curvatura oculta por los árboles y conduce directamente al Infierno. El modo en que Patinir representa el alma, de estricto perfil, con el rostro y el cuerpo girado en dirección al camino fácil, que lleva a la perdición, confirma que ya ha hecho su elección y que esa es la vía que va a seguir.


Rafael. Sagrada Familia del Cordero
Se inspira en el dibujo preparatorio de Leonardo da Vinci para el altar mayor de la Annunziata de Florencia. Sabemos por una carta fechada en abril de 1501 que la composición mostraba a Santa Ana sujetando a la Virgen, quien trataba de impedir que su hijo abrazase el cordero, Como el dibujo de Leonardo, la obra de Rafael muestra a la Virgen, el Niño y el cordero, pero Santa Ana ha sido sustituida por San José. Más importante que estos cambios puntuales es que Rafael trocase el significado de la escena, al mostrar a la Virgen ayudando a su hijo a abrazar al cordero ante la mirada, atenta y reflexiva, de un San José que participa del significado premonitorio de la acción. Los rasgos de la Virgen, singulares en la producción de Rafael, se asemejan a los de la contemporánea Madonna dei Garofani, lo que se explica por su común dependencia de modelos leonardescos.



El Greco. La huida a Egipto
Esta pequeña tabla, casi una miniatura, es realmente excepcional dentro de la producción del Greco. En ella ensaya la representación del paisaje como elemento esencial de la composición, además de mostrar el manejo tanto de la técnica como de los recursos expresivos de la pintura veneciana del siglo XVI. Se ilustra aquí la marcha de la Sagrada Familia a Egipto, huyendo de la persecución decretada sobre todos los menores nacidos en Belén. El Greco colocó a los tres personajes esenciales del relato del Evangelio de San Mateo en medio de un hermoso paisaje de suaves colinas, en un momento del atardecer. María está sentada sobre el asno y lleva a su Hijo entre los brazos. El pequeño está representado como un niño vivaz y regordete que se gira con curiosidad para seguir los movimientos a San José, personaje empeñado en enderezar el rumbo del asno, un gesto bastante insólito, que nos remite a la representación de Correggio en La Adoración de los pastores y subraya el papel activo del santo en la huida. El Greco introdujo a la Sagrada Familia en un paisaje bastante agreste, concebido a través de una paleta ocre contrastada por el intenso cielo azul que atraviesan algodonosas nubes.

Jan Brueghel "el Viejo". Paisaje con galeras
Muestra en escena dos carros que se cruzan en un camino y varias carretas que se pierden en la lejanía del horizonte. Tres asaltantes a caballo detienen la galera, cargada de mujeres y niños, en primer plano. El enfrentamiento y el aspecto caballeresco de los jinetes, han dificultado su interpretación, hasta ahora registrada como Paisaje con galeras. Sin embargo, uno de los asaltantes parece a punto de desenfundar su arma; otro, de maneras vulgares, fuerza la carreta a aminorar su paso, y el conductor observa sobresaltado la decisión del jefe de la banda. Brueghel tiñe el cielo de nubarrones de lluvia pero, en contraste, la luz solar baña las colinas. 

Pedro Pablo Rubens. Nacimiento de Apolo y Diana
Latona da a luz a Diana y a Apolo en los brazos de dos jóvenes doncellas, rodeada de mujeres y niños que la acompañan en el dolor, próximos al pórtico de un templo. En primer plano, un nuevo grupo de niños contribuyen al efecto de la profundidad. La identificación del tema no es fácil de esclarecer. La niña en el centro de la escena sería Diana que nació antes que Apolo. Se distingue bien del resto de los niños desnudos. La proximidad de madres y niños explica la acción benefactora de la diosa del nacimiento, la reproducción y la fecundidad. El dibujo de Rubens es severo, de formas robustas y sentidos valores plásticos. Los modelos se resumen en esquemas simplificados. La influencia de la escultura antigua es sensible en la composición.


Salomon Koninck. Un filósofo
Como es habitual en las representaciones de estudiosos, leyendo o escribiendo, características de Salomon Koninck, el protagonista -quizá un rabino, por la barba y el gorro- aparece sentado delante de su mesa de trabajo en una habitación, de la que tan sólo se percibe al fondo parte de una pared, en este caso articulada por dos nichos rematados en arcos de medio punto que apoyan sobre una pilastra formada por tres semicolumnas acanaladas adosadas al muro. Una cortina separa el primer plano, ocupado por el estudioso, del fondo. El modelo se asemeja al del Anciano rabino sentado (Turín, Galleria Sabauda). Aparece en otra composición posterior, El eremita, fechada en 1643 (Dresde, Gemäldegalerie Alte Meister). Por su parte, el paño que cubre la mesa repite el que aparece en Anciano contando monedas (colección privada).  La estructura compositiva y diversos elementos, como el bodegón de libros y la cortina, sitúan esta obra indudablemente en la órbita de Estudioso ante una mesa con libros de Rembrandt, fechado en 1634.

David Teniers. Separación de Armida y Reinaldo
Perteneciente a la serie de Historia de Armida,  formada por doce cobres, que ilustran  el poema de la Jerusalén Libertada de Torcuato Tasso; la presente escena representa el Canto XVI de dicho poema. Teniers insiste en la repetición de motivos; Reinaldo, conocedor de las intrigas de Armida, abandona la isla y regresa al campamento de los francos con Ubaldo y Danés. Armida llora desconsolada y Reinaldo la observa inconmovible pero perturbado. La sugestiva narración de Tasso, síntesis de heroísmo y amor, penetró en la médula temática del barroco flamenco.


Luca Giordano. Mariana de Neoburgo, a caballo
La reina Mariana de Neoburgo (1664-1740), segunda esposa de Carlos II, lujosamente vestida, cabalga sobre un hermoso caballo blanco. Es evidente el deseo de imitar o emular a Velázquez, pues la silueta toda del caballo y la reina, derivan directamente del retrato velazqueño de Doña Isabel de Borbón. Pero esa intención de emular al pintor sevillano se combinan con elementos alegóricos, propios de Luca Giordano, con los que se introducían temas que obsesionaban a la Monarquía Española, como es el caso de la falta de un descendiente varón, representado en este cuadro a través de ángeles niños que sostienen una cornucopia de la que obtienen flores y frutos, unas náyades que le ofrecen frutos del mar y la representación alegórica de un río, los cuales probablemente aludan a la fertilidad de la soberana.  


Jean Antoine Watteau. Fiesta en un parque
La obra es típica de las fiestas galantes de Watteau, pequeñas escenas de comienzos del Rococó que representan placenteras fiestas rodeadas de árboles y naturaleza exuberante llenas de exquisita sensualidad, delicadeza y lirismo. Watteau muestra en estas piezas escrupulosos estudios de la sociedad del momento sin dejar escapar algún toque cínico proveniente de su conocimiento de la escenografía teatral de la Commedia dell Arte. En esta obra el artista ha representado a una serie de parejas y grupos de personajes en el claro de un bosque, presididos por las fuentes de Neptuno, dios de los Océanos, y Ceres, diosa de la fecundidad y del matrimonio. Es un claro ejemplo de su técnica, de pincelada rápida y jugosa, y gran sensibilidad para el uso de la luz, características que tomó de los cuadros barrocos de Pedro Pablo Rubens y de la pintura veneciana. 

Francisco de Goya y Lucientes. La riña en la Venta Nueva
Cartón para tapiz con la representación de una riña ante la que Goya define como Venta Nueva, aunque sus muros están agrietados y la cruz que la corona, ladeada, lo que con ironía proporciona a la escena un sentido metafórico sobre la intemporalidad de la violencia humana. La venta está situada en una encrucijada de caminos, donde se reúnen personajes variados, caleseros y arrieros que por sus atuendos revelan su procedencia de diversas provincias de España, murcianos y valencianos entre otros, así como un joven bien vestido, de clase social más elevada. Los naipes, tirados sobre la mesa, con los oros y los bastos bien visibles, indican el motivo de la contienda, en la que sus protagonistas emplean todas las armas posibles, piedras, palos, cuchillos y una pistola, así como las propias manos. Un perro en el centro mira al espectador con expresión de asombro ante las acciones de sus amos. El asunto recuerda composiciones similares, propias de las escenas de género de la tradición flamenca y holandesa empleadas en la manufactura de tapices desde el siglo XVII. Goya, sin embargo, concibe su composición con la grandiosidad del clasicismo italiano e, incluso, algunas figuras y grupos surgen de la escultura clásica. 

Francisco Bayeu y Subías. El paseo de las Delicias, en Madrid
En este paseo popular, que unía el río Manzanares con la puerta de Atocha, se entremezclan los nobles y sus damas, en actitudes refinadas propias de la etiqueta cortesana, con majos como los sentados relajadamente a la derecha. Se trata de un boceto preparatorio y de presentación al rey, para un tapiz destinado al cuarto de los príncipes de Asturias, en el Palacio de El Pardo, que pintó su hermano Ramón Bayeu. Una obra espontánea que presenta escenas de la vida en Madrid, donde Bayeu consiguió una rápida y animada vista de una de las zonas de paseo más populares del Madrid de fines del siglo XVIII, que continuaba por su parte norte con el Paseo del Prado y el Jardín Botánico


Mariano Fortuny Marsal. Marroquíes
La composición debió ser realizada en Granada al regreso de su viaje por el norte de África en octubre de 1871, partiendo de dibujos y apuntes realizados in situ. Fortuny representó en esta obra unos tipos marroquíes, situando las figuras ante un muro encalado, solución a la que recurrió en diferentes ocasiones, otorgando potencia volumétrica y rotundidad cromática y lumínica. La composición, muy cerrada sobre sí misma por las posturas de los personajes masculinos, capta con intensidad un momento de quietud. Entre las figuras destaca la del árabe a caballo, debido al colorido de sus ropajes y de los jaeces de su montura. La ejecución, de pincelada empastada y consistente, transmite ricas calidades en todas las superficies. Destaca la destreza del pintor en la captación de la luz, que proyecta la tapia a pleno sol, recurso que Fortuny estudiaría repetidamente durante su estancia en Granada entre 1870 y 1872 y que contribuye a la creación de una atmósfera propia del mediodía norteafricano 

Vicente Palmaroli y González. 
Modelo en el estudio del pintor
Una joven de mirada ausente y soñadora parece contemplar un lienzo colocado sobre un caballete, con un gran paño encima, y estampas en un taburete. La indumentaria de tipo japonés, la brillante policromía y la recargada ambientación de la escena, donde prima el efecto decorativo, muestran la extraordinaria influencia de Fortuny y su orientalismo en la pintura de Palmaroli.

viernes, 12 de julio de 2013

Los ordenadores ya son historia


En la actualidad hay una serie de recursos tecnológicos que forman parte de nuestra vida cotidiana y son tan ubicuos que en muchas ocasiones no somos capaces de concebir nuestra realidad sin ellos. La televisión, los teléfonos móviles, las tabletas o los ordenadores personales son algunos, entre otros muchos, dispositivos o aparatos que nos resultan prácticamente imprescindibles para el normal desenvolvimiento de nuestras tareas habituales. Sin embargo, todos estos artilugios no existían, al menos con la abrumadora frecuencia actual, hace unas pocas décadas. Y desde luego ninguno de ellos formó parte de la existencia de nuestros antepasados hace un siglo.

Sin embargo, si nos fijamos por ejemplo en los ordenadores, es posible trazar su historia y descubrir la enorme evolución que han sufrido a pesar de contar con unas pocas décadas de antigüedad. Es decir, podemos considerar que, a pesar de su juventud, los ordenadores ya cuentan con suficiente trayectoria como para ser considerados desde un punto de vista histórico. La existencia de museos de ordenadores es un buen argumento para sustentar esta afirmación. Y la verdad es que no son ni uno ni dos los museos existentes sino que ya tenemos una buena colección de ellos y, a medida que pase el tiempo, estoy seguro que tal colección se incrementará. Atendiendo a sus objetivos podemos agruparlos en dos grandes categorías:
  • Aquellos que se orientan a la conservación e investigación de hardware y/o software utilizado en el pasado.
  •  Aquellos que se dedican a la educación, divulgación y entretenimiento.

Muchos de los museos tienen su origen relacionado con alguna de las compañías que han ofrecido productos y/o servicios relacionados con los ordenadores. En 1975 Digital Equipment Corporation inició un proyecto de Museo mostrando unos cuantos circuitos y paneles de memoria en la entrada de su edificio principal en Maynard (Massachusetts). Partiendo de esta base, en 1979, se fundó el Digital Computer Museum en un edificio de Marlborough (Massachusetts). Con el tiempo aquella colección inicial fue enriqueciendose hasta llegar a ser el actual Computer History Museum situado en Mountain View (California) que presume de ser el mayor museo del mundo dedicado a la Era de la Información.

Esta posición de privilegio también la reclama otro museo situado en Paderborn (Alemania). Se trata del Heinz Nixdorf MuseumsForum. Allá por 1977 se estaba celebrando el 25 aniversario de la compañía Nixdorf Computer AG. Su fundador, Heinz Nixdorf, recibió como regalo una colección de máquinas históricas. Esto le dio la idea de llevar a cabo las adquisiciones necesarias para formar una colección de dispositivos relacionados con las tecnologías de la información. Tras varias ampliaciones y traslados, se construyó en 1996 un edificio exclusivo que hasta hoy alberga la siempre creciente colección.

Mucho mas reciente es el Living Computer Museum. Fue inaugurado el 9 de Enero de 2006 presentando una colección reunida por Paul G. Allen, co-fundador de Microsoft.  Su intención era preservar los objetos que les condujeran tanto a él mismo como a Bill Gates a fundar Microsoft. Este museo tiene la particularidad de que todos los dispositivos que presenta han sido restaurados hasta ser funcionales por lo que pueden ser observados en funcionamiento real y, en muchos casos, manipulados para interactuar con ellos.

Mucho más modestos son los museos situados en España. A diferencia de los antes citados, los museos españoles no están asociados con grandes empresas sino con instituciones universitarias. Así el Museo García Santesmases se encuentra en la Facultad de informática de la Universidad Complutense de Madrid. La universidad Politécnica de la misma ciudad dispone de un Museo histórico de la informática en su campus de Montegancedo. En Zaragoza se encuentra el Museo de Informática Histórica situado en el hall del edificio Ada Byron de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura. Quizá el ejemplo más notable sea el Museo de Informática del edificio 1E de la Universitat Politècnica de València.

La mayoría de los museos disponen de versiones online a través de las cuales es posible obtener información de de sus fondos. Otras instituciones ofrecen a través de la red acceso a documentos históricos relacionados con la historia de las tecnologías de la información. Un buen ejemplo de ello son los IBM Archives.


Aquí se puede encontrar una lista con referencias y enlaces a los principales museos de ordenadores tanto físicos como virtuales.


martes, 2 de julio de 2013

El gran Dalí

En las salas del  Museo Reina Sofia he podido visitar hoy, tras una larga espera motivada por la enorme expectación creada por la muestra, una impresionante exhibición retrospectiva de la obra de Salvador Dalí. Su organización corre a cargo del Reina Sofía y del Centre Pompidou de París, en colaboración con el Salvador Dalí Museum Saint Petersburg (Florida). La comisaria es Montse Aguer, directora de la Fundación Gala-Dalí. La completísima colección presentada se ha conseguido gracias a los préstamos de otras instituciones de primer orden, como el MoMA (Nueva York), de donde se ha traido la significativa obra La persistencia de la memoria (1931), del Philadelphia Museum of Art, que ha prestado Construcción blanda con judías hervidas (Premonición de la guerra civil) (1936), de la Tate Modern, con Metamorfosis de Narciso (1937) y de los Musées Royaux des Beaux-Arts de Bélgica, con La tentación de San Antonio (1946).

Esta exposición se propone revalorizar al Salvador Dalí como pensador, escritor y creador de una particular visión del mundo. Tomando como punto de partida su método paranoico-crítico, la muestra supone un recorrido por su trayectoria que se proyecta hacia el pasado y el futuro. El subtítulo de la exposición —procedente del artículo de Salvador Dalí, y a la vez su manifiesto artístico, “San Sebastián”, publicado en 1927— nos sugiere cómo podemos acercarnos a la obra del pintor en esta extensa muestra. Dalí, omnívoro y visionario, se utilizó a sí mismo como objeto de estudio, sobre todo bajo el prisma del psicoanálisis freudiano, estableciendo así las bases de la construcción de su personaje. Sus acciones en la esfera pública, ya fueran calculadas o improvisadas, le sitúan como una figura de referencia en el ámbito de la representación artística contemporánea.  Un arte que, haciéndose eco de los descubrimientos científicos de su época, explora y expande los límites de la conciencia y de la experiencia sensorial y cognitiva. Nosotros, espectadores, podemos intentar acercarnos a su universo mediante las sugestiones poéticas y las provocaciones plásticas que nos ofrece la contemplación de la creación daliniana.

Artista singular,  prolífico e imaginativo, con gran oficio de la pintura, plasma en su obra pictórica y literaria elementos obsesivos que son metáforas de nuestro inconsciente, y genera un arte a veces perturbador que habla directamente al espectador. Admirado y controvertido, Dalí se autodefine como máquina de pensar y, al mismo tiempo, mediático y creador de un estereotipo y de su propio mito. A través de más de doscientas obras (pinturas, esculturas, dibujos…) presentadas en un discurso concebido en once secciones con el hilo cronológico como conductor, esta muestra nos hace repensar el lugar de Dalí en la historia del arte del siglo XX y  plantear que la importancia de su figura y de su legado va más allá de su papel de artífice del movimiento surrealista. 

Salvador Dalí. Autorretrato con cuello rafaelesco, 1921. 
La exposición arranca con algunas de las primeras obras del pintor en las que predominan los elementos que marcan su infancia, como la familia y el entorno natural que le rodea en estos años. También se incluyen algunos de sus autorretratos, en los que comprobamos la visión, o visiones, que Dalí tiene de sí mismo. La familia, el paisaje y él mismo son los ejes que determinan esta época de aprendizaje del artista, en la que su principal preocupación se centra en el color, la luz y la experimentación constante.

La llegada a la Residencia de Estudiantes de Madrid a finales de 1922 y su encuentro con, entre otros, Federico García Lorca y Luis Buñuel —con quien colabora en la película Un perro andaluz—, le enfrenta a la Generación del 27, que agrupa poetas, escritores, pintores y cineastas. En este momento, Dalí se siente próximo a las vanguardias y coquetea con diferentes ismos de principios de siglo XX, como el cubismo, el fauvismo o el futurismo, pero también, en ocasiones, vuelve su mirada al retorno al orden. El imaginario colectivo desarrollado en la Residencia se refleja en los numerosos dibujos de la serie Putrefactos, de mediados de los años 20.

Salvador Dalí. Visage du Grand Masturbateur (Rostro del Gran Masturbador), 1929. 
El núcleo de la exposición lo constituye su periodo surrealista a partir de las primeras influencias de Masson, Bataille, Arp, Miró y Picasso. Se hace especial hincapié en el método paranoico-crítico desarrollado por el artista como mecanismo de transformación y subversión de la realidad. La teoría de Dalí revoluciona el surrealismo, ya que ante el automatismo pasivo de este movimiento (el dibujo automático, los cadáveres exquisitos...) el pintor propone un método activo basado en el delirio de la interpretación paranoica. En palabras de Dalí: “En verdad no soy más que un autómata que registra, sin juzgarlo, y lo más exactamente posible, el dictado de mi subconsciente: mis sueños, las imágenes y visiones hipnagógicas y todas las manifestaciones concretas e irracionales del mundo oscuro y sensacional descubierto por Freud… El público debe sacar su placer de los recursos ilimitados de misterios, enigmas y angustias que tales imágenes ofrecen al subconsciente de los espectadores”. A partir de este momento la obra del pintor se sustenta en imágenes dobles o imágenes invisibles cuya elaboración final depende totalmente de la voluntad del espectador. Dalí con su método paranoico-crítico nos invita a un mundo de ambigüedades en que las certezas nos rehúyen.

Salvador Dalí. Angelus. 1935.
El método paranoico-crítico de interpretación, conjunción de pensamiento e imagen, es llevado por el pintor a la máxima expresión en su interpretación de la pintura El Ángelus (1857-59) de Jean-François Millet. La obsesión del pintor por esta obra hace que sea protagonista no solamente de sus trabajos pictóricos y objetos, entre 1929 y 1935, sino también de diversos proyectos teatrales que finalmente no ven la luz: “El Ángelus de Millet se convierte «de súbito» para mí en la obra pictórica más turbadora, la más enigmática, la más densa, la más rica en pensamientos inconscientes que jamás ha existido”, escribe Dalí en torno a 1932. Un año más tarde, en junio de 1933, escribe para la revista Minotaure un artículo que constituirá el prólogo del libro El mito trágico del Ángelus de Millet (1938), inédito hasta 1963. En la interpretación que Dalí hace de este cuadro, la figura femenina representaría una mantis religiosa que, tras el apareamiento, está a punto de comerse al macho. La figura masculina, justo antes de ser devorada, utiliza el sombrero para tapar sus órganos sexuales. En su obsesión, el pintor adivina un arrepentimiento de Millet, la presencia del féretro de un niño (entre las dos figuras) que será confirmada por una radiografía de la obra original, poco antes de la publicación del libro.

A partir de 1936 y huyendo de la Guerra Civil española, Dalí y Gala pasan la mayor parte del tiempo en Francia, exceptuando algún viaje a los Estados Unidos e Italia. Las vivencias de estos años no solamente se plasman en su pintura, sino que el pensamiento del pintor desemboca en el Manifiesto místico de 1951. La experiencia personal del artista se traslada a las pinturas, en las cuales el horror y la muerte provocados por los conflictos se manifiestan de forma explícita e incómoda ante el espectador. Por otra parte, aunque Dalí no deja de experimentar con la construcción de objetos surrealistas, anunciados formalmente en 1931, no es hasta la celebración en 1936 de la Exposición Surrealista de Objetos, en la galería Charles Ratton de París, cuando se oficializa esta nueva forma de expresión del surrealismo. El inicio de la Segunda Guerra Mundial lleva a Dalí y Gala a exiliarse a los Estados Unidos, donde residen ininterrumpidamente entre 1940 y 1948. 

Salvador Dalí. Geopoliticus Child Watching the Birth of the New Man, 1943. 
La muestra, también se detiene en su etapa mística y nuclear (en la que prevalece la temática religiosa y científica), así como en sus trabajos de carácter escenográfico (sus colaboraciones con cineastas como Buñuel, Hitchcock o Walt Disney, sus diseños de decorados para ballets y obras de teatro...). A su vez, examina críticamente su faceta de agitador de masas y showman mediático, le dedica un apartado específico a su libro autobiográfico La vida secreta de Salvador Dalí (eficaz simbiosis entre el Dalí dibujante y el Dalí literato) o muestra cómo a partir de los años sesenta y hasta el final de su carrera, su fascinación por la ciencia y la tecnología le llevó a explorar nuevos lenguajes como la estereoscopia o la holografía.

martes, 25 de junio de 2013

Dibujos en 3D



M. C. Escher. Drawing hands
Todavía recuerdo la fascinación que sentí al ver la primera obra de Escher. Se trataba de un dibujo de dos manos, que parecían adquirir relieve sobre le papel. Ambas estaban dibujando y sorprendentemente  cada una dibujaba la otra. La pista para llegar a este artista nos la dio nuestro profesor de Topología de la Universidad Complutense. El descubrimiento de Escher supuso un importante impacto para mí. Tanto como para dedicarme en cuerpo y alma a conseguir mas información sobre el autor y cuantas mas reproducciones mejor de sus obras. Entonces no había Internet pero si bibliotecas donde buscar información sobre este autor y librerías especializadas donde, si no disponían de sus libros, podían localizarlos en cualquier lugar del mundo. El precio, eso si, llegaba a ser desorbitado.

Hace unos días he sentido una emoción parecida, aunque no tan intensa (siempre las primeras veces son especiales) cuando he tenido ante mis ojos otro dibujo. La obra, representada aquí al lado, de un joven artista japonés, de nombre Nagai Hideyuki o simplemente Hide (como firma sus obras), me ha recordado el talento de Escher. Al igual que este, Hide juega con el relieve en sus dibujos haciendo que, aunque trabaje sobre superficies de dos dimensiones, su talento consigue que nuestra percepción de sus obras sea en tres dimensiones.


En esta ocasión no he tenido que peregrinar por bibliotecas y librerías para conocer más de su producción artística. Unas pocas búsquedas y el seguimiento de algunos enlaces me han llevado a su sitio web donde, además de una buena y amplia colección de sus obras también se encuentras videos que detallan las técnicas usadas para conseguir la magia de conseguir la visión en relieve partiendo de dibujos aparentemente sencillos realizados con carboncillo sobre blocs de hojas normales.


miércoles, 12 de junio de 2013

Antes del diluvio


Casi todas las exposiciones que se presentan en el CaixaForum de Madrid tienen un gran interés y están realizadas con alto grado de profesionalidad. Sin embargo, en mi opinión, "Antes del diluvio", se sitúa claramente por encima de la media. Esta exposición reúne alrededor de 400 objetos pertenecientes a 32 museos y coleccionistas de una docena de países para contar la historia de los orígenes de la escritura, el urbanismo y la arquitectura monumental en la cuna de la civilización situada en lo que hoy en día es el sur de Iraq. Allí, cuando todavía faltaban 2.500 años para que se levantaran los primeros dólmenes y menhires en Europa, y Egipto aún no era un estado unificado gobernado por un faraón, un poblado se convirtió en una gran ciudad de 40.000 habitantes. Efectivamente, hace 5.500 años, la ciudad de Uruk fue la aportación fundamental de la cultura mesopotámica. Por primera vez en la historia apareció el concepto de ciudad, que cambio la vida del ser humano. En ella asistimos a la creación del urbanismo, además de ser la cuna del inicio de la escritura. 

Siendo de una importancia capital, esta civilización no ha sido tan divulgada como otras civilizaciones antiguas. Porque las excavaciones en el sur de Iraq comenzaron cien años más tarde que en Egipto, la escritura sumeria se ha descifrado más recientemente y los territorios que la vieron nacer viven en la actualidad en  una situación política conflictiva. La exposición se concentra  en mostrar las mas importantes aportaciones culturales generadas en este entorno que se extendieron a todo el mundo, a través de un conjunto de objetos, cuidadosamente seleccionados, que se relacionan con los distintos aspectos de la cultura que se desarrolló en las llanuras fluviales del Tigris y el Éufrates en los milenios IV y III a. C. Junto a obras de arte y artesanía, joyas y objetos rituales, textos y símbolos, se muestran también las investigaciones más recientes en torno a ese periodo, con entrevistas, reconstrucciones en 3D y documentación. 

Con respecto a esta fascinante civilización el Comisario de la exposición, Pedro Azara comenta: "Descubrieron que era necesario enlazar los espacios habitables, terrenales y fluviales. Con la invención de las ciudades cambiaron la vida del ser humano, establecieron la división social y del trabajo, generándose bienes para el intercambio que originaron, a su vez, un marco legal y administrativo". En su opinión, las reglas que han permitido la cohabitación del ser humano aparecieron en el sur de Mesopotamia,  y esta muestra no solo tiene como objetivo la divulgación arqueológica  sino resaltar la influencia que el pasado ha podido tener sobre nosotros”. En efecto. Con la primera ciudad, Uruk, se creó la primera red de comunicaciones, con vías, canales y postas, se desarrollaron jerarquías sociales y la división del trabajo, el capitalismo, un poder fuerte (monárquico o imperial), la escritura, el cálculo, las unidades de medida del tiempo, el espacio y el valor de los bienes, el derecho, manifestaciones culturales a través de las cuales el ser humano se fue desmarcando de la naturaleza, al mismo tiempo que la dominaba. 


Aunque son muchas las piezas destacadas que se pueden contemplar en el recorrido de la exposición, destaca el gran valor del ajuar funerario encontrado en las tumbas reales y objetos más modestos realizados en terracota que proceden de la vida cotidiana. También son notables las maquetas de barcos y carros de terracota, la corona procedente de una tumba de Ur, así como la estatua del príncipe  Gudea rezando, procedente del museo del Louvre. Por último, pueden observarse varias reconstrucciones virtuales en 3D elaboradas expresamente para la exposición y que recrean la ciudad de Ur y el Templo Blanco de Uruk, entre otros lugares.