domingo, 11 de enero de 2015

La desigualdad insoportable


“Deberíamos tener un Parlamento de la Eurozona en el que cada país tuviera representación en función de su población, que se ponga de acuerdo sobre el ritmo de ajuste y la estrategia de crecimiento. Si tuviéramos esa forma de decidir, habríamos tenido menos austeridad, más crecimiento y menos paro. En España y Francia se contentan con culpar a Alemania sin hacer propuestas, es desesperante. Alemania no es perfecta, pero todos somos responsables.” No son mis palabras pero coincido fundamentalmente con las ideas en ellas contenidas. Estas afirmaciones están tomadas de la entrevista, publicada recientemente en “El Mundo”, con el economista de moda: Thomas Piketty,  director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) y profesor asociado de la Escuela de Economía de París.

En la actual situación, en la que la crisis económica tiene la mayor relevancia entre los problemas a los que nos enfrentamos, las ideas de este economista francés, contrarias a las de las clases políticas y económicas dominantes, han resonado con fuerza en un mundo ansioso por encontrar soluciones a los graves problemas a los que nos enfrentamos. No es el primero, ni el único que ha seguido este camino. Lo diferencial de Piketti no son sus ideas sino los importantes argumentos y datos que las sustentan.  

Todo empezó en febrero de 2014 con la publicación de su libro  “Capital au XXIe Siècle”, considerado por algunos expertos como el mejor texto sobre economía de las últimas décadas. Su éxito fue inmediato situándose en las primeras posiciones de los libros más vendidos del New York Times, probablemente por aportar ideas nuevas y frescas sobre las causas y posibles soluciones de los problemas que nos aquejan. Pero no solo llamó la atención de los que sufren y critican el tratamiento que dan nuestros gobernantes a la crisis económica. También a los defensores de la “ortodoxia” del capitalismo. Porque la tesis de Piketty es conservacionista. Pretende dar sostenibilidad al capitalismo como sistema de futuro. Y para ello señala una amenaza fundamental: la desigualdad, fruto precisamente de las prácticas capitalistas que han desembocado en la situación actual.

El libro incluye un muy detallado análisis de sobre la distribución de los ingresos y la riqueza en el mundo. No solo en la actualidad sino cómo ha evolucionado desde el siglo XVIII y hasta nuestros días. Piketti ha construido una completa base de datos económicos de una veintena de países que abarcan centenares de años. Partiendo de ella hace un minucioso estudio estadístico sobre las distintas etapas históricas para llegar a identificar patrones en el proceso de acumulación del patrimonio en las principales economías. Según estos datos, durante los siglos XVIII y XIX, las sociedades de los países occidentales cayeron en  profundas desigualdades, con rígidas estructuras de clase. Aunque la revolución industrial supuso una  elevación gradual los salarios, en el siglo XX, la sucesión de acontecimientos históricos (guerras, revueltas, recesión, inflación…) tuvo como consecuencia la aparición del “estado de bienestar” que, aparentemente, ahora parece insostenible, pero que forma parte del contrato social que hicieron aceptables las ventajas dadas al capital.

Las series históricas de Piketty demuestran que el retorno que obtiene el capital está aumenta con aceleración mayor que el crecimiento del sistema económico en el que opera. De esta forma la brecha de la desigualdad aumenta aceleradamente. Si esta tenencia permanece llegará a ser insostenible tanto económica como políticamente, lo que provocaría el colapso del sistema. Martin Wolf, principal columnista económico del Financial Times, al comentar el libro, concluye que “una sociedad menos desigual sería una bendición, no una amenaza, para el crecimiento…”. También se encuentran ideas semejantes en un documento para el debate, publicado por el departamento de investigación del Fondo Monetario Internacional, titulado "Redistribution, Inequality, and Growth". Sus autores, Jonathan D. Ostry, Andrew Berg y Charalambos G. Tsangarides llegan, entre otras conclusiones, a que “una menor desigualdad neta se correlaciona fuertemente con un crecimiento más rápido y más duradero”

Como ya ha sido mencionado anteriormente, el impacto y las repercusiones de la obra de Piketti han sido notables. La llamada de atención sobre las consecuencias de las desigualdades sociales para la sostenibilidad del sistema político y económico ha tenido amplio eco entre los expertos, tanto económicos como políticos, pero también a nivel periodístico y de la opinión pública en general. También han sido muy debatidas las propuestas para establecer algún tipo de políticas fiscales, con alcance global,  que contribuyan a reducir la disparidad de carga fiscal que se aplica a los ingresos, la riqueza acumulada y a la herencia. Forman parte de las herramientas que se ofrecen a los gobiernos y a los poderes fácticos  para combatir de manera eficaz la amenaza generada por la insoportable desigualdad social.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Colección Abelló


Continuando la serie de exposiciones del CentroCentro Cibeles, bajo el título general “Mecenazgo al servicio del arte”, en la que se presentan grandes colecciones privadas, le toca el turno en esta ocasión a la reunida durante las últimas décadas del pasado siglo por el matrimonio Juan Abelló y Anna Gamazo. 

Se han elegido para esta muestra más de 160 piezas que ofrecen, en un único espacio expositivo,  un recorrido por cinco siglos de arte, del siglo XV hasta mediados del siglo XX, con piezas de pintura, escultura y dibujo. Su presentación pública, primera de su conjunto, permite compartir con el visitante el entusiasmo del coleccionista a la vez que pon en valor el papel que el coleccionismo privado ha tenido, y tiene, en España. La colección no se limita a periodos históricos, escuelas o géneros concretos sino que, aún siendo los testimonios españoles los más abundantes, son significativos los ejemplos de talleres flamencos, italianos, franceses o germánicos.

Edgar Degas. Después del baño
Resulta fundamental subrayar el esfuerzo que Abelló ha llevado a cabo desde el inicio de su colección para recuperar obras artísticas singulares del patrimonio histórico artístico español que, por razones diversas, habían  salido de nuestro país. Como ejemplo, mencionemos el Salvator mundi entre San Pedro y San Juan de Fernando Yáñez de la Almedina o el Joven gallero de Bartolomé Esteban Murillo. Abelló ha llevado a cabo una importante labor de recuperación de obras para el patrimonio español. También debe destacarse la inclusión de artistas con muy pocas obras en nuestro país, desde los vedutistas Canaletto o Guardi, a Francis Bacon u otros pintores clave de las vanguardias históricas. Finalmente hay que mencionar la importante presencia de la obra sobre papel, considerada en España hasta fechas recientes como menor. Como explica el comisario de esta muestra, Felipe Garín, ex director del Museo del Prado, “desde Francisco Pacheco, Pedro de Campaña o Bartolomé Murillo, con la adquisición del llamado Álbum Alcubierre, hasta el importante conjunto de Picasso, Van Gogh, Schiele o Bacon, entre otros, la exposición permite un recorrido singular de los dibujos paralelo al de las pinturas”. Se trata, en suma,  de una colección en la que siempre  ha primado el entusiasmo, el buen gusto y el acierto en el incremento de sus fondos, que continúa. A esto hay que añadir la permanente preocupación por su conservación y estudio, así como la generosidad en el préstamo temporal de obras para exposiciones cuando así se ha requerido.

La muestra comienza con un homenaje a El Greco, en el cuarto centenario de su fallecimiento, con la obra Estigmatización de San Francisco. Luego discurre a través de los siglos y los autores agrupando las obras en varios espacios temáticos.

Madrid, Villa y Corte 

Incluye lienzos, en su mayoría de gran tamaño, que reflejan escenas de la capital desde el siglo XVII hasta el XIX. En esta introducción a la exposición se pueden ver obras de escuela madrileña del siglo XVII, así como obras de  Giuseppe Canella (Vista de la Carrera de San Jerónimo y Vista del Paseo del Prado, entre otras),o La Fuente de la Cibeles, de David Roberts, con las que se produce un guiño realidad-ficción, al encontrarse los lugares y monumentos reales a escasos metros de la propia sala.

Del gótico al humanismo 


Recorre los siglos XV y XVI y presenta obras de, entre otros, Bernardo Serra, Jaume Baço Jacomart, Juan de Flandes, el Maestro de Artés, Pedro Berruguete y Lucas Cranach, autor particularmente querido por los Abelló. Además, esta sala alberga, según el comisario, “uno de los mayores placeres visuales de la exposición”, el Salvator Mundi entre san Pedro y san Juan, de Fernando Yáñez de la Almedina, considerada una obra maestra.









Cuando el hombre convierte la naturaleza en arte 

Zurbarán. La familia de la Virgen

Cuenta con obras del siglo XVII, tanto óleos como dibujos, de José de Ribera, Bartolomé Esteban Murillo, Francisco Pacheco o  Francisco de Zurbarán. Asimismo, conformando lo que el comisario califica “un espacio casi mágico”, presenta una completa serie de bodegones y floreros, muy apreciada por sus propietarios, de los artistas más representativos y reconocidos del siglo XVII: Miguel de Pret, con una de sus escasas obras firmadas, Bernardo Polo, Juan de Arellano, Pedro Camprobín o Antonio Ponce y su obra maestra Bodegón con jarrón de Talavera con flores, alcachofas y frutas.






Las vedute, Goya y su mundo 

Canaletto. El muelle de Venecia próximo a la plaza de San Marcos

Se adentra en el siglo XVIII. Esta sala alberga, entre otras, piezas magistrales de Canaletto y Guardi, y lienzos de Antonio Joli, que muestran cómo se traslada a Madrid y su entorno el estilo italiano de mediados del setecientos. En palabras del comisario: “un conjunto insólito en el coleccionismo español”. Incluye, además, dos retratos particularmente importantes de Goya, de don Martín Miguel de Goicoechea y doña Juana Galarza, sus consuegros, y un dibujo de la esposa del pintor, doña Josefa Bayeu que, como explica el comisario citando a Carducho, refleja como “el Dibujo es la perfección del Arte”.

Naturalismo europeo 

Amedeo Modigliani. El violonchelista. 1909
Cubre un espacio que va desde mediados del siglo XIX hasta los años veinte del siglo pasado, con un conjunto ecléctico que cuenta con obras de autores españoles como Mariano Fortuny, Ramón Casas, Hermen Anglada Camarasa, Aureliano de Beruete, Santiago Rusiñol, Joaquín Mir o Joaquín Sorolla, que comparten espacio en absoluta contemporaneidad con Pierre Bonnard, Toulouse-Lautrec, Van Gogh y Amedeo Modigliani.










Picasso y sus contemporáneos 


Juan Gris. El cazo

Alberga 14 piezas del genio español, entre óleos, aguadas, tintas y lápices, presididos por el excepcional  Desnudo sentado. Dialogan con él obras de Braque, Léger, Juan Gris y Matisse, junto con dos obras de su contemporáneo Salvador Dalí, Rostro invisible/Ruinas con cabeza de medusa y paisaje y el dibujo Retrato del padre del artista y su hermana.

De Miró a Francis Bacon. Historia y modernidad. 

En ella comparten sus dos amplios muros, por un lado, obras del siglo XX de artistas norte-europeos, que ponen de manifiesto el internacionalismo de la colección: Edvard Munch, Gustav Klimt, Vasily Kandinsky, Paul Klee, Kees van Dongen, Egon Schiele y George Grosz. Frente a ellos, una síntesis de la muy extensa nómina de maestros españoles de la abstracción de la segunda mitad del siglo XX, tales como Antoni Tàpies, Pablo Palazuelo o Manolo Millares, sin incluir los artistas vivos.

Finalmente, en los muros restantes, las obras de Joan Miró, referente obligado en el arte español del siglo XX, y, frente a ellas, Mark Rothko (Negro, rojo, negro). Como cierre, Francis Bacon (1909-1992): una temprana Composición de 1933, el Estudio de un retrato, el tríptico con los Tres estudios de retrato de Peter Beard y el espectacular Tríptico de 1983.

lunes, 15 de diciembre de 2014

La fragilidad del transporte aéreo



Volar se ha convertido en algo cotidiano. La aparición de las compañías aéreas de bajo coste ha puesto al alcance de la mayoría la posibilidad de situarse en pocas horas en ciudades hasta ahora inaccesibles para buena parte de la población. Como consecuencia de ello el número de vuelos se ha incrementado de forma espectacular saturando las infraestructuras aeroportuarias y los sistemas de control de tráfico aéreo.  

Al estar los recursos aprovechados casi al límite, cualquier incidencia tiene consecuencias desastrosas para el buen funcionamiento del sistema. El pasado día 12 de diciembre tuvimos una buena prueba de ello cuando un problema informático en el centro de control del tráfico aéreo de Swanwick, en Hampshire, al sur de Inglaterra, provocó el cierre, durante una hora, del espacio aéreo londinense. Los vuelos con destino a la capital británica tuvieron que ser desviados a otros aeropuertos y muchos aviones, que estaban listos para despegar de los varios aeropuertos de Londres, fueron retenidos en tierra. Esto provocó un efecto dominó sobre el resto de los aeropuertos británicos causando más retrasos y cancelaciones creando una situación caótica que las autoridades calificaron de inaceptable. En esta noticia de la BBC hay una buena descripción de lo ocurrido con análisis detallados.

Sin embargo, por curiosa coincidencia, hace unas semanas el NATS (National Air Traffic Services) difundió un vídeo mostrando visualmente la cantidad y complejidad del tráfico aéreo sobre las islas  Británicas. En el espacio aéreo del Reino Unido operan unos 6.000 vuelos todos los días. En el vídeo las 24 horas del día se han comprimido en menos de tres minutos. Creo que así se puede obtener una magnifica imagen de lo que el transporte aéreo supone en nuestros días y entender fácilmente el caos que puede provocar su interrupción aunque solo sea durante una hora. 

jueves, 11 de diciembre de 2014

El gran mapa de los ecosistemas mundiales

El Servicio Geológico de los Estados Unidos acaba de publicar un nuevo mapa de los ecosistemas globales de nuestro planeta con un nivel de detalle sin precedentes. El mapa ha sido desarrollado por un equipo dirigido por Roger Sayre, Ph.D. Se trata de un mosaico de casi 4.000 zonas ecológicas que se clasifican de acuerdo a cuatro factores considerados clave en la determinación de la composición de los ecosistemas. Tres de ellos: el bioclima, los accidentes geográficos y el tipo de rocas son fenómenos físicos que determinan la formación de los suelos y la distribución de la vegetación. El cuarto, la ocupación del suelo, describe la vegetación que se encuentra como respuesta a los factores físicos. Se puede obtener más información sobre el trabajo de investigación asociado aquí.

El mapa es accesible a través de este sitio web. Una vez en él, tenemos dos posibilidades de exploración. Un navegador que nos da la oportunidad de movernos por todo el mapa y señalar las zonas que nos interesen y un tour guiado de ecosistemas seleccionados.

En el navegador podemos seleccionar cualquier lugar  del mapa y al pincharlo aparece el nombre de ese ecosistema en un cuadro emergente. El sistema de colores es el habitual: los tonos tostados representan desiertos, los amarillos y verdes claros las sabanas, los verdes más oscuros los bosques, las regiones montañosas muestran su textura. Hay posibilidad de desplazarnos por el mapa y hacer zoom donde lo deseemos.

El tour propuesto incluye lugares de la Tierra donde aparece una gran concentración de diversidad de facetas ecológicas. El mundo se divide en 3.500 millones de células. Cada una de ellas es un cuadrado de 250 metros de lado que se asigna a uno de los 47.500 tipos diferentes de facetas ecológicas. Las áreas  descritas pertenecen a localidades con un número relativamente alto de facetas ecológicas. Aunque estas zonas presentan una gran diversidad ecológica del paisaje, no son necesariamente áreas de alta biodiversidad. Muchas tienen de forma natural una baja diversidad de especies, o bien han sido muy modificadas por la actividad humana. Se incluyen muchos lugares interesantes y hermosos repartidos por todos los continentes de nuestro planeta.

Se trata en todo caso de un importante nuevo recurso que facilita una base científica para la mejor catalogación y comprensión de los recursos de nuestro planeta. Los estudiosos de todo tipo, los gestores de los recursos naturales, las organizaciones conservacionistas y el público en general tienen a su alcance este instrumento para mejorar la gestión regional, nacional y global de los recursos naturales, permitiendo una mayor planificación y facilitando la toma de decisiones. Puede obtenerse información mas detallada sobre este proyecto a través de este enlace.

viernes, 24 de octubre de 2014

Sorolla y Estados Unidos

Autorretrato. 1909
Museo Sorolla. Madrid
Joaquín Sorolla es uno de los más grandes nombres de la pintura española del siglo XX y creador de una de las imágenes más rotundas y exultantes de la España luminosa y mediterránea, optimista y moderna. La Fundación Mapfre presenta en estos días en Madrid una magnífica exposición que descubre al Sorolla cosmopolita que viajó a los Estados Unidos para proyectar allí el arte español. Su éxito fue absoluto y los grandes museos y coleccionistas privados estadounidenses adquirieron buena parte de las obras más destacadas y representativas de la época de plenitud del pintor.

La muestra, organizada por el Museo Meadows (Dallas), el Museo de Arte de San Diego y la Fundación Mapfre, con la contribución de la Hispanic Society of América, y el apoyo de The Meadows Foundation, reúne, por primera vez, obras de Sorolla procedentes de importantes instituciones americanas, como The Hispanic Society of America, The Metropolitan Museum of Art, Brooklyn Museum, The Morgan Library, Nueva York; Museum of Fine Arts, Boston; The Art Institute of Chicago; Philadelphia Museum of Art, Filadelfia; Mildred Lane Kemper Art Museum, Saint Louis Art Museum, San Luis; Meadows Museum, Dallas; San Diego Museum of Art y The J. Paul Getty Museum, Los Ángeles. También cuenta con el apoyo de organizaciones españolas como el Museo Sorolla, el Museo de Bellas Artes de Asturias, la Fundación Bancaja o la colección Masaveu.

Thomas Fortune Ryan. 1913
The Virginia Historical Society. Richmond. Virginia
En 1909 Sorolla ya había alcanzado todos los grandes premios y honores a los que un pintor de su época podía aspirar. Empezó entonces su aventura americana realizando su primera exposición en Nueva York, en la Hispanic Society of America. El éxito fue arrollador. Después, bajo el patrocinio de esta institución, presentó sus obras en diferentes ciudades americanas como Boston, Buffalo, San Louis y Chicago. El público americano se identificó profundamente con su optimismo y su fuerza, con su modo de ver y sentir la pintura. Fue seducido por las escenas de playa bañadas por el sol mediterráneo, los patios y jardines españoles y los elegantes retratos de Sorolla. A partir de entonces, el genial pintor realizó retratos de las personalidades más influyentes de la sociedad americana, desde la familia Morgan hasta William Howard Taft, entonces presidente de los Estados Unidos, incluyendo en la lista, como no popdia ser de otra manera, a sus dos grandes mecenas, Archer M. Huntington y Thomas Fortune Ryan.

La reina Victoria Eugenia de Battenberg con manto de armiño. 1908
Fundación Alvaro de Bazán.
Recorriendo la historia de este extraordinario triunfo, la exposición muestra una colección de 150 obras hasta ahora nunca reunidas de la etapa americana de Sorolla. Es fruto de un importante trabajo de investigación llevado a cabo sobre la actividad de Joaquín Sorolla en Estados Unidos y sobre sus exposiciones americanas. La muestra presenta por tanto al Sorolla maduro que ha alcanzado las máximas cotas de refinamiento, a la vez que profundiza en la enorme proyección internacional del artista. En opinión de Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del artista y comisaria de la exposición, tenemos la ocasión de "seguir descubriendo ese auténtico Sorolla que está en todo, no solo en las escenas de playa. “Sorolla era un enamorado de su tierra y España le entusiasmaba, era donde pintaba a gusto", pero "siempre quiso ser un pintor internacional. Veía que el nuevo mundo estaba en ebullición y que los ricos norteamericanos querían llevar obra de pintores europeos". Siempre deseó "ser el mejor embajador de su tierra y de su país y para él era muy importante que la imagen que se diera de España fuera la auténtica, con cosas muy positivas y maravillosas".

Parte importante es la dedicada a los retratos pintados en Estados Unidos. En total, realizó por encargo 54 retratos, la mayoría de ellos pintados en sus dos viajes y de otros recibió el encargó y los ejecutó en París y Biarritz. Se trata, en su mayoría, de retratos elegantes, dentro del gusto decorativo "que condicionó en muchas ocasiones su libertad creativa", aunque los realizados en 1911 muestran una mayor libertad compositiva.  Los paisajes y jardines, en los que plasmaba una nueva imagen de España alejada de tópicos, y las escenas de mar y playa, que enamoraron a los estadounidenses, tienen también una presencia destacada en el recorrido. 

Niños a la orilla del mar. 1903
Philadelfia Museum of Art
Finalmente hay que reseñar dos maravillosas sorpresas que muestran dos facetas poco conocidas del maestro. La primera es una colección de los gouaches que pintó en 1911 desde la ventana del hotel Savoy de Nueva York, en el que estuvo alojado. La otra son los dibujos que hizo en el reverso de los menús de los restaurantes de los hoteles que visitaba. En ellos esboza las escenas captadas con los clientes de los restaurantes como protagonistas.

No cabe duda que se trata de una exposición imprescindible que, para los que no la puedan visitar y para los que, habiéndola disfrutado, quieran repasarla, dispone de un magnífico sitio web que la documenta ampliamente.

domingo, 12 de octubre de 2014

Musica española


Hoy, para celebrar la Fiesta Nacional de España, una entrada anómala pero muy especial. He recogido algunos de los pasajes mas conocidos y memorables de la música española.


Ruperto Chapí

El tambor de granaderos. Preludio.


Pablo Sarasate

Gerónimo Giménez

Federico Moreno Torroba

Antonio Álvarez Alonso

Jesus Guridi

Amadeo Vives

Federico Chueca

Emilio Arrieta

Soutullo y Vert

Cristobal Oudrid

Tomás Bretón

viernes, 4 de julio de 2014

Cartier-Bresson en la Fundación Mapfre

Aunque el verano vacía Madrid en buena medida de gente, no por ello se reduce el número de manifestaciones culturales. Este año la Fundación Mapfre ha aprovechado el periodo estival para traer a sus salas de exposiciones del Paseo de Recoletos una colección de las mejores obras de Henri Cartier-Bresson, uno de los más importantes fotógrafos del siglo XX. Se trata de la primera gran exposición retrospectiva que se realiza en Europa desde la muerte del artista. Se presentan más de quinientas fotografías, dibujos, cuadros, películas y documentos, que recorren más de setenta años de la actividad creativa de una de las figuras más importantes de la modernidad. La exposición, realizada por el Centre Pompidou de París en colaboración con Fundación Mapfre y con la participación de la Fondation Henri Cartier-Bresson, está compuesta por obras que proceden de más de 20 colecciones internacionales, entre las que destacan la Fundación Cartier-Bresson de París, el Musée d´art Moderne de la Ville de Paris, la Cinémathèque Française, The Art Institute of Chicago, The Metropolitan Museum of Art de Nueva York, MOMA de Nueva York y el Philadelphia Museum of Art. Esta muestra invita a admirar la obra de Cartier-Bresson, conocido como “ojo del siglo” por ser un testigo clave de la historia del siglo XX. Por primera vez, se pone de manifiesto toda la riqueza de su obra y la diversidad de su trayectoria como fotógrafo, desde la estética surrealista hasta el foto reportaje o su estilo intimista de los últimos años. De esta manera, se desgrana el trabajo de este artista mucho más allá del concepto de “instante decisivo” que le hizo famoso.
Madrid, España,  1933 Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París
El recorrido, a la vez cronológico y temático, se articula en torno a tres ejes: el periodo comprendido entre 1926 y 1935, marcado por su relación con el movimiento surrealista, sus inicios fotográficos y sus grandes viajes por el mundo. Un segundo escenario está dedicado al compromiso político de Henri Cartier-Bresson desde su regreso de los Estados Unidos en 1936 hasta que volvió a Nueva York en 1946. La tercera secuencia arranca con la creación de la agencia Magnum Photos en 1947, y se extiende hasta principios de la década de 1970, momento en que el autor dejó de realizar fotorreportajes.

Preámbulo
Cartier-Bresson escribe: "Siempre he sentido pasión por la pintura. Cuando era niño, pintaba los jueves y los domingos, y el resto de los días soñaba con pintar". Empieza a dibujar a una edad temprana, adornando sus cartas con pequeños dibujos y llenando cuadernos de bocetos. También en esa época le toma afición a la fotografía. Desde mediados de la década de 1920 pinta con regularidad junto a Jacques Émile Blanche o Jean Cottenet, antes de incorporarse a la academia de André Lhote. Sus cuadros más antiguos conservados datan de 1924 y muestran una evidente influencia de Paul Cézanne. En el taller de André Lhote, el joven Cartier-Bresson adquiere conocimientos de geometría: los lienzos que pinta entre 1926 y 1928 poseen una esmerada composición, con arreglo a los principios del número áureo. Al mismo tiempo empieza a relacionarse con los surrealistas y a realizar collages al estilo de su amigo Max Ernst.

Signos ascendentes
Costa de Marfil, África, 1930 Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París
La obra fotográfica de Henri Cartier-Bresson es el resultado de la combinación de múltiples factores: cierta predisposición artística, la tenacidad en el aprendizaje, el ambiente de la época, sus aspiraciones personales y sus magníficas relaciones. La producción del autor se inicia en la década de 1920, caracterizada por esa doble vertiente de pintura y fotografía practicadas como afición; luego se va desarrollando y asentando en algunos hitos a lo largo del tiempo, como su viaje a África de 1930-1931. En todos sus trabajos se refleja su amor por el arte, las horas empleadas en leer o en contemplar cuadros en los museos, la marca profunda de las enseñanzas de André Lhote y la relación con sus amistades norteamericanas: Julien Levy, Caresse y Harry Crosby, Gretchen y Peter Powel. Junto al primero de ellos, Cartier-Bresson se inicia en las artes de la composición, y en compañía de los segundos descubre las fotografías de Eugène Atget y las de la corriente de la Nueva Visión. El primer Cartier-Bresson aglutina en su obra estas influencias tan diversas.

La atracción del surrealismo
Mexico, 1934 Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París
En casa de Jacques-Émile Blanche, Cartier-Bresson conoce a René Crevel, por él que empieza a frecuentar los círculos surrealistas, alrededor de 1926. "Demasiado tímido y joven para tomar la palabra", como contará más tarde, asiste "desde el último rincón de la mesa" a algunas reuniones organizadas en torno a André Breton en los cafés de la place Blanche. De esos contactos conservará algunos motivos emblemáticos del imaginario surrealista: objetos empaquetados, cuerpos deformes, personajes durmiendo con los ojos cerrados, etc. Pero lo que de verdad le dejará marcado es la actitud surrealista: el espíritu subversivo, el gusto por el juego, el espacio cedido al subconsciente, el placer del deambular urbano, y una cierta predisposición a abrazar el azar. Cartier-Bresson será especialmente sensible a los principios de la belleza convulsiva enunciados por Breton, y no dejará de llevarlos a la práctica a lo largo de la década de 1930. Desde ese punto de vista, no cabe duda de que es uno de los fotógrafos más genuinamente surrealistas de su generación.

El compromiso de la militancia política
Orillas del Marne, Francia, 1936 Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París
Al igual que la mayoría de sus amigos surrealistas, Cartier-Bresson comparte muchas de las posturas comunistas en política: el anticolonialismo, el compromiso con los republicanos españoles y la profunda convicción de que es necesario "cambiar la vida". Tras los violentos tumultos organizados en París por las ligas de extrema derecha en 1934, que en aquel momento se percibieron como un riesgo de extensión a Francia del auge del fascismo europeo, su compromiso se hace más tangible, y firma muchas octavillas en pro de la "llamada a la lucha" y la "unidad de acción" de las fuerzas de izquierdas. Durante sus viajes a México y Estados Unidos, en 1934-1935, la mayoría de las personas con las que se relaciona asiduamente están muy involucradas en la lucha revolucionaria. A su regreso a París en 1936, Cartier-Bresson se ha radicalizado: participa con regularidad en las actividades de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios (AEAR), y empieza a trabajar para la prensa comunista.

El cine y la guerra
Dessau. Alemania, 1945 Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París
Cartier-Bresson decía que el cine le había "enseñado a ver". En el transcurso de su viaje por México, en 1934, surgen los primeros indicios de su deseo de realizar películas él mismo. El cine le interesa en el contexto de su propio compromiso político, ya que resulta ser un medio capaz de llegar a una audiencia mucho más amplia que la fotografía y que, por su estructura narrativa, le permitiría transmitir mejor su mensaje. En 1935 aprende en los Estados Unidos los rudimentos de la cámara en una cooperativa de documentalistas muy influidos por las ideas, tanto políticas como estéticas, soviéticas y reunidos en torno a Paul Strand bajo la denominación de "Nykino", contracción de las iniciales de «Nueva York» y de la palabra «cine» en ruso. Con ellos realiza su primer cortometraje. Cuando regresa a París en 1936, tras haber intentado sin éxito que lo contrataran como asistente –primero probó con Georg Wilhelm Pabst y luego con Luis Buñuel-, establece una colaboración con Jean Renoir que durará hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

La elección del reportaje gráfico
Shanghai. China, 1948 Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París
En febrero de 1947 Cartier-Bresson inaugura su primera gran retrospectiva institucional en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York. Meses más tarde, junto con Robert Capa, David Seymour, George Rodger y William Vandivert, funda la agencia Magnum, que se convertirá rápidamente en una de las referencias mundiales en materia de reportajes gráficos de calidad. Tras su exposición en el MOMA, Cartier-Bresson pudo decidirse por ser únicamente artista, pero prefirió convertirse plenamente en reportero al comprometerse con la aventura que representaba Magnum. Desde 1947, y hasta principios de la década de 1970, se multiplicaron sus viajes y reportajes por todos los rincones del mundo, trabajando para la práctica totalidad de las grandes revistas ilustradas internacionales. A pesar de las obligaciones del mundo periodístico, la estrechez de los plazos del sistema mediático y las contingencias inherentes a los encargos de prensa, Cartier-Bresson conseguirá mantener un altísimo grado de calidad en su producción fotográfica durante su etapa como reportero.

Antropología visual
Munster, Irlanda, 1952 Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París
Cartier-Bresson no dejó de simultanear la realización de sus reportajes con la fotografía de ciertos temas recurrentes a lo largo de los años y en todos los países que visitó. Realizadas al margen de sus reportajes, o de una manera completamente autónoma, estas series de imágenes que plantean interrogantes sobre algunas de las grandes cuestiones de la sociedad de la segunda mitad del siglo XX tienen el valor de auténticas investigaciones. No están hechas por encargo, ni subordinadas a la urgencia que impone la prensa, pero sí son mucho más ambiciosas que gran parte de los reportajes. Estas investigaciones temáticas y transversales que el propio autor describe como "una combinación de reportaje, filosofía y análisis (social, psicológico y de otras índoles)" se asemejan a la antropología visual, esa forma de conocimiento de lo humano en la que las herramientas de grabación analógica desempeñan un papel esencial. Al respecto, Cartier-Bresson decía: "Soy visual […] Observo, observo y observo. Yo comprendo con los ojos".

Después de la fotografía
Paris, 1967 Colección Fondation Henri Cartier-Bresson, París
Desde la década de 1970, Cartier-Bresson, que ya supera los sesenta años, va dejando paulatinamente de aceptar encargos de reportajes, es decir, de fotografiar respondiendo a unas indicaciones marcadas. Además, considera que Magnum se está alejando cada día más del espíritu que motivó su creación, por lo que se retira de los asuntos de la agencia. Su fama internacional no ha dejado de aumentar, lo que lo ha convertido en una leyenda viva. Pasa mucho tiempo supervisando la organización de sus archivos, la venta de sus revelados y la realización de libros y exposiciones. Aunque oficialmente ha dejado de fotografiar, siempre tiene su Leica al alcance de la mano y, ocasionalmente, realiza imágenes más contemplativas. Pero sobre todo acude mucho a museos y exposiciones y pasa la mayor parte del tiempo dibujando.