viernes, 2 de junio de 2017

La visualización de los migrantes


Raro es el día en el que no leemos, escuchamos o vemos noticias relacionadas con el rescate de migrantes en nuestro entorno más próximo o en el mar Mediterráneo que también deberíamos considerar inmediato pues en ocasiones lo denominamos “mare nostrum”. Nuestra actitud sobre estas noticias fluctúa entre la compasión hacia las personas involucradas y la preocupación por los problemas que nos pueden causar su llegada a nuestros países europeos. A juzgar por los mensajes lanzados por algunos líderes políticos, sobre todo en época electoral, y por los resultados de algunas consultas populares, parece que la preocupación supera a la compasión en el ánimo de los votantes.

La focalización del problema de la migración en nuestro entorno más cercano responde a esa preocupación sobre sus consecuencias en la estabilidad de la organización social que conocemos. Y por ello tendemos a pensar que los problemas asociados a las migraciones afectan en exceso a los países más desarrollados. Sin embargo, los datos de ACNUR demuestran que los países en vías de desarrollo dan asilo a casi el 90% de los refugiados. Una visión más global del problema debería ayudarnos a comprenderlo mejor y darnos una idea fiel del papel relativo que juegan los países occidentales en su resolución.

En la Universidad Carnegie Mellon llevan trabajando cuatro años en un Proyecto denominado “Explorables”  cuyo objetivo es proporcionar una plataforma que ayude a entender el significado de las vastas cantidades de datos de los que disponemos. Para ello desarrollan animaciones en distintos niveles sobre mapas. Uno de estos trabajos se ha centrado en visualizar las migraciones a nivel mundial durante este último siglo de nuestra historia.

Así podemos observar cómo en 2001, decenas de miles de refugiados huyeron del conflicto en Afganistán y de la guerra civil en Sudán. En 2003, el genocidio de Darfur provocó la huida de miles de personas de Sudán. En 2006, la guerra hizo que muchos ciudadanos libaneses pasaran a Siria; al igual que desde Sri Lanka a la India. En 2007,  el conflicto en Colombia generaba refugiados hacia países cercanos como Venezuela y la represión del gobierno de Birmania provocaba huidas masivas hacia Tailandia. En 2008, una oleada de refugiados tibetanos huyó a la India, mientras que los refugiados afganos, iraquíes y somalíes continuaron abandonando sus países de origen en gran número. En 2009, Alemania acogió un gran número de refugiados de Irak y otros países cercanos. En 2010, otra oleada de refugiados abandonó Birmania. En 2012, la guerra civil de Siria empujó a un gran número de refugiados hacia países próximos como Jordania. Los refugiados ucranianos comenzaron a huir de los disturbios en 2013, y en mayor número para 2014. En 2015, el mayor número de refugiados venía de Siria, aunque el movimiento de masas de países africanos como Sudán del Sur también continuó.

Poner los datos, la evidencia de los hechos, delante de nuestros ojos debería ayudarnos a entender mejor este problema que afecta a la humanidad y por tanto darnos  las bases para un mejor análisis a la hora de formarnos una opinión sobre el mismo. El siguiente paso sería fijar nuestra posición y adoptar las acciones personales para influir en las decisiones de nuestra sociedad sobre nuestra contribución a la solución del problema.

jueves, 1 de junio de 2017

Jupiter y Juno


Con la excepción del Sol, Júpiter es el objeto más dominante en el sistema solar. Tanto su tamaño como el hecho de haber sido el primero de los planetas gigantes gaseosos que se formó, han influido profundamente en la aparición y evolución de todos los demás objetos del sistema solar. Por ejemplo, Júpiter es la razón de que haya un cinturón de asteroides, y no otro planeta, entre él y Marte. Júpiter también ha catapultado innumerables cometas hasta el borde del sistema solar salvaguardando a la Tierra de muchos impactos.

Los planetas son los restos del proceso de formación estelar, y Júpiter representa la mayor parte de ese material (más del doble del de todos los otros planetas juntos). Su atmósfera, predominantemente hidrógeno y helio, es similar a la composición del sol y otras estrellas, así como las nubes de gas y polvo en nuestra galaxia. Para hacernos una idea de lo dominante que es Júpiter supongamos que fuéramos capaces de observar el sistema solar desde las proximidades de una estrella cercana. Veríamos fundamentalmente una estrella amarilla media, Júpiter y otros tres planetas grandes. La Tierra y los planetas menores interiores apenas llamarían nuestra atención.

Por todas estas razones es evidente que no podemos entender el origen del sistema solar, y de la Tierra, sin entender cómo se formó Júpiter. A pesar de las innumerables observaciones y mediciones realizadas desde la época de Galileo, todavía hay mucho que no sabemos sobre Júpiter: ¿Cuál es su composición exacta? ¿Qué hay debajo de las hermosas nubes que vemos en los telescopios? ¿Cómo se genera su campo magnético?

En la mitología romana, Júpiter se disfrazaba envuelto de nubes con el propósito de ocultar sus aventuras. Sin embargo su esposa Juno se las ingeniaba para penetrar las nubes y descubrir las andanzas de su pareja. Basándose en esta historia mitológica la NASA decidió dar el nombre de Juno a una sonda espacial para desvelar los secretos de Júpiter. El objetivo último de la misión  es comprender cuándo, cómo y dónde se formó Júpiter en el origen del sistema solar y cuál ha sido su evolución posterior. Hay varias teorías al respecto que asumen diferencias sobre el contenido y la masa del núcleo de Júpiter, La obtención de los datos reales nos permitirá eliminar las ideas equivocadas. La determinación de la cantidad de agua, y por lo tanto del oxígeno, en el gigante gaseoso es crucial no sólo para entender cómo se formó el planeta, sino también la manera en la que los elementos pesados fueron transferidos a través del sistema solar. Estos elementos pesados son esenciales para la existencia de planetas rocosos como la Tierra y para la aparición de la vida. 

Específicamente, según la NASA, la sonda Juno: 
• Determinará la cantidad de agua en la atmósfera de Júpiter
• Profundizará en la atmosfera de Júpiter para medir su composición, temperatura, movimientos de las nubes y otras propiedades.
• Realizará un mapa de los campos magnético y gravitacional de Júpiter para revelar la estructura profunda del planeta. 
• Explorará y estudiará la magnetosfera  de Júpiter en las proximidades de sus polos, especialmente las auroras, para proporcionar nuevos datos sobre la forma en que los enormes campos de fuerza magnética afectan a su atmosfera. 
En este documental se encuentran muchos detalles sobre el origen y desarrollo de la misión Juno.

Juno fue cuidadosamente diseñada para enfrentarse a las difíciles condiciones de su viaje hasta Júpiter: poca disponibilidad de energía solar, temperaturas extremas y radiación letal. La nave espacial está cubierta de mantas térmicas para ser aislada del ambiente del espacio. Todos los componentes electrónicos más sensibles se colocan dentro de una bóveda blindada para protegerlos de la radiación.

Juno fue lanzada el 5 de agosto de 2011 y, tras una complicada trayectoria, en la que volvió a encontrarse con la Tierra para aprovechar su tirón gravitacional, llegó a las proximidades de Júpiter el 4 de julio de 2016, situándose en una órbita polar elíptica muy alargada que le permite acercarse a 4.200 kilómetros de las nubes más altas de la atmósfera cada 53 días.
Los primeros datos proporcionados por la misión Juno nos presentan a Júpiter como un mundo gigantesco, complejo y turbulento, con enormes ciclones polares y sistemas de tormentas que penetran en el corazón del gigante gaseoso. Las peculiaridades de su campo magnético parecen indicar su generación mucho más cerca de la superficie del planeta de lo que se pensaba anteriormente. Los hallazgos que se han obtenido tras las primeras órbitas de recolección de datos han sido publicados en dos artículos de la revista Science titulados “El interior y la atmosfera profunda de Júpiter” y  “La magnetosfera y las auroras de Júpiter observadas por la nave Juno durante sus primeras órbitas polares” 

Las evidencias encontradas contrastan con algunas de las suposiciones anteriores de los científicos. Las imágenes recogidas por las cámaras de Juno, en lugar de encontrar un gran ciclón dominando la atmósfera en cada polo como ocurre en Saturno, muestran un sinfín de pequeños ciclones arremolinándose en las regiones polares. Otra sorpresa proviene del radiómetro de microondas (MWR), que detecta la radiación de microondas de la atmósfera de Júpiter, desde la parte superior de las nubes de amoniaco hasta el fondo de su atmósfera. Los datos sugieren que el amoniaco es bastante variable y continúa aumentando hasta el límite del alcance de los instrumentos del MWR.

Antes de la misión Juno, se sabía que Júpiter tenía el campo magnético más intenso en el sistema solar. Las mediciones de la magnetosfera del planeta masivo, de la investigación del magnetómetro de Juno (MAG), indican que el campo magnético de Júpiter es incluso más fuerte que los modelos esperados, y la forma más irregular. Los datos del MAG indican que el campo magnético es aproximadamente 10 veces más fuerte que el mayor campo magnético encontrado en la tierra. Juno también está diseñado para estudiar la magnetosfera polar y el origen de las poderosas auroras de Júpiter. Las observaciones iniciales de Juno indican que el proceso parece funcionar de manera diferente en Júpiter que en la Tierra.

Y esto es solo el principio. Juno seguirá orbitando Júpiter hasta febrero de 2018. Durante todo ese tiempo sus instrumentos continuarán obteniendo datos sobre las características del mayor planeta del Sistema Solar. Su análisis proporcionará respuestas a las muchas preguntas que motivaron la realización de este proyecto. Además, al ser Júpiter el mejor ejemplo de un planeta gigante gaseoso a nuestro alcance, su conocimiento nos ayudará a entender los cientos de planetas gigantes que se han descubierto alrededor de otras estrellas.

Para hacernos una idea de la grandiosidad y belleza de los descubrimientos de Juno nada mejor que contemplar este vídeo. Es obra de Gerald Eichstaedt, un matemático alemán que dedico 60 horas a generar los 2700 fotogramas que componen el vídeo a partir de las imágenes enviadas por Juno reconstruyendo asi su vuelo, desde la perspectiva de la nave, sobre Jupiter a una velocidad 125 veces mayor que la real. Se aprecian algunas de las características más impresionantes del planeta, incluyendo sus ciclones caóticos de hasta 1.400 km de diámetro. Después de subir este timelapse a un foro de temas espaciales, el animador Seán Doran, mejoró la realización y las transiciones y añadió la música de la banda sonora 2001: Una odisea del espacio. 




jueves, 18 de mayo de 2017

Tesoros de la Hispanic Society of America. Visiones del mundo hispánico

El Museo del Prado, con el patrocinio en exclusiva de la Fundación BBVA, ofrece al público la excepcional oportunidad de disfrutar de más de doscientas obras pertenecientes a Hispanic Society, institución con sede en Nueva York creada para la divulgación y estudio de la cultura española en los Estados Unidos de América.

La Hispanic Society posee la más importante colección de arte hispano fuera de nuestro país, con más de 18.000 piezas que abarcan del Paleolítico al siglo XX, y una biblioteca extraordinaria con más de 250.000 manuscritos y 35.000 libros raros, entre los que se incluyen 250 incunables. Ninguna otra institución en el mundo, incluyendo España, permite por sí sola un recorrido tan completo por nuestra historia, arte y cultura.

Piezas arqueológicas, escultura romana, cerámicas, vidrios, muebles, tejidos, metalistería, arte islámico y medieval, obras del Siglo de Oro, arte colonial y del siglo XIX latinoamericano y pintura hispana de los siglos XIX y XX se muestran en un recorrido cronológico y temático donde la pintura española, con obras tan relevantes como La Duquesa de Alba de Goya o Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares de Velázquez, entabla un fascinante diálogo con las colecciones del Prado.

Los tesoros del Museo y Biblioteca de la Hispanic Society, una institución centenaria que abrió sus puertas en 1904 son el rersultado del empeño personal de Archer Milton Huntington (1870-1955). Este coleccionista e hispanista americano quiso crear una institución que, a través de una biblioteca y unas colecciones de arte elegidas de manera erudita y sistemática, fomentara la apreciación rigurosa de la cultura española y profundizara en el estudio de la literatura y el arte de España, Portugal y América Latina.

Cáliz. Plata dorada. Posiblemente Segovia, h. 1525-1550
“Tesoros de la Hispanic Society of America. Visiones del mundo hispánico” propone, a través de más de doscientas obras que incluyen pinturas, dibujos y esculturas, piezas arqueológicas y de artes decorativas, además de textiles y mobiliario y manuscritos y documentos de su biblioteca, un fascinante recorrido cronológico y temático por lo más representativo de sus vastas colecciones.

Con la presentación de esta muestra, que ocupa todas las salas de exposiciones temporales de su ampliación, el Museo del Prado, brinda a sus visitantes el privilegio de disfrutar de un museo dentro de otro. En este caso, la reforma de la sede de la Hispanic Society permite traer a España lo mejor de sus extraordinarias colecciones de arte español y arqueología, así como significativas piezas de arte islámico, colonial y del siglo XIX latinoamericano que, junto a documentos y libros manuscritos, ilustran el espíritu de su fundador.

Muchas de las obras que se presentan no se habían hecho públicas hasta ahora o permanecían inéditas, como los relicarios de santa Marta y santa María Magdalena de Juan de Juni, o el grupo de madera policromada, vidrio y metal titulado las Postrimerías del Hombre, atribuido al ecuatoriano Manuel Chili, Caspicara; y otras, se han recuperado recientemente como el extraordinario Mapa de Tequaltiche, que se creía perdido. Sin embargo, y por encima del valor individual de cada obra, la contemplación de este conjunto excepcional contextualiza la magnitud de una riquísima historia de más de tres milenios de cultura hispánica en la Península Ibérica, América y Filipinas, la calidad de una colección que ningún otro museo fuera de España puede igualar, y la pasión de un coleccionista que puso todos sus recursos y conocimientos al servicio de la idea de crear un museo español en América.

Antonio Moro. Fernando Álvarez de Toledo. h. 1549
La extraordinaria selección de pintura incluye obras maestras como Retrato de una niña, Camillo Astalli y Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares de Velázquez, La Piedad del Greco, El hijo pródigo de Murillo, Santa Emerenciana de Zurbarán o la emblemática Duquesa de Alba de Goya, expresamente restaurada para la ocasión en el Museo del Prado con la colaboración de Fundación Iberdrola España. A estas obras se unen otras representativas del modernismo y posimpresionismo español de Zuloaga, Sorolla o Santiago Rusiñol.

La selección de esculturas incluye, entre otras, la Efigie de Mencía Enríquez de Toledo del Taller de Gil de Siloé, la terracota de Luisa Roldán, el Matrimonio místico de Santa Catalina, o San Martín, una talla policromada de mediados del siglo XV.

La exposición muestra también una importante selección de piezas arqueológicas, entre las que destacan joyas celtibéricas, cuencos campaniformes y un broche de cinturón visigodo. Completa el recorrido una significativa selección de artes decorativas, con piezas de orfebrería renacentista y barroca, cerámica de Manises, Talavera y Alcora, o un delicadísimo Píxide de marfil con monturas de plata dorada. Junto a ellas, curiosas piezas textiles como un Fragmento de la túnica del príncipe Felipe de Castilla y una pieza de seda nazarí.

Los imponentes fondos de la Biblioteca de la Hispanic Society se mostrarán mediante un montaje excepcional que permitirá apreciar en todo su esplendor manuscritos tan relevantes como el Privilegio emitido por Alfonso VII rey de Castilla y León, las excepcionales Biblia sacra iuxta versionem vulgate y Biblia hebrea; cartas únicas como las Instrucciones del Emperador Carlos V a su hijo Felipe, la Carta dirigida a Felipe II de Isabel I, reina de Inglaterra o la Carta manuscrita, firmada “Diego de Silva Velazquez” para Damián Gotiens; y destacados ejemplos cartográficos como el Mapamundi portolan, 15 cartas manuscritas iluminadas, de Battista Agnese o el Mapamundi de Juan Vespucci.

Archer Milton Huntington, hijo de una de las mayores fortunas de los Estados Unidos de América, cultivó desde su adolescencia un profundo interés por el mundo hispánico. La educación recibida y las vivencias adquiridas durante sus numerosos viajes a Europa  despertaron su interés por el coleccionismo, siempre encaminado a la creación de un museo.
Huntington formó en apenas cuarenta años una biblioteca y un museo concebidos para alentar el estudio del arte hispánico a través de colecciones importantes tanto por la cantidad y calidad de las piezas como por el amplio período que abarcan. Paralelamente, desarrolló una importante labor editorial para poner al alcance de los hispanistas libros raros y manuscritos en ediciones facsímiles. Huntington basó además su política de adquisiciones en una decisión meditada, priorizando la compra de obra fuera de España para no privar al país de sus tesoros artísticos. Puede afirmarse, como hizo Jonathan Brown, que Huntington convirtió la Hispanic Society en la depositaria enciclopédica de la cultura plástica y literaria española.
Huntington fue una de las personas que más hizo progresar el hispanismo en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX, mereciendo por ello el reconocimiento de renombradas universidades americanas. Participó también activamente en patronatos de numerosos museos españoles y fue elegido miembro de las principales reales academias españolas. Esta muestra rinde tributo a Huntington y a la labor realizada por la Hispanic Society Museo y Biblioteca en la divulgación y estudio de la cultura española en los Estados Unidos de América.

La exposición
Píxide. Madīnat-al-Zahrā’, Córdoba, h. 966 d.C
La primera parte de la exposición (salas A y B) propone un recorrido cronológico y temático por la producción artística en España y América Latina, con piezas arqueológicas procedentes de yacimientos de la península, escultura romana, magníficos ejemplos de cerámicas, vidrios, muebles, tejidos, metalistería y joyas islámicas y cristianas medievales así como del Siglo de Oro. Particular relevancia tendrá la pintura española, en diálogo con las colecciones del Prado, y el arte colonial, estrechamente conectado con la producción artística en la península. Incluirá también un ámbito dedicado a la biblioteca de la Hispanic Society, una de las más importantes del mundo, que da idea de los recursos que ofrece para la investigación de la historia y la cultura de España, Portugal y sus colonias.
La planta superior (sala C) ofrece una amplia selección de la mejor pintura española del siglo XIX y principios del XX y una excepcional galería de la flor y nata de la intelectualidad española de la época, con la que Huntington trabó estrecha relación. Tras la Primera Guerra Mundial Huntington frenó su búsqueda de adquisiciones para la Hispanic, pero mantuvo  vínculos con el arte español a través de varios pintores, principalmente Joaquín Sorolla, a quien encargó la famosa serie de las regiones de España para la Hispanic Society.

Museo Español
En 1908 el filántropo, hispanista y coleccionista norteamericano Archer Milton Huntington (1870-1955) materializó su sueño largamente anhelado de crear un “Museo Español” con la apertura en Nueva York de la Hispanic Society Museum & Library. En ella plasmó su amor por España y el castellano, lengua en la que llegó a escribir versos, y lo hizo cuando la imagen de este país pasaba por sus horas más bajas en los Estados Unidos, tras la guerra de 1898.
La Hispanic Society presentaba, cuando se inauguró, muchos aspectos novedosos, principalmente, la idea de procurar una aproximación integral a la historia de España, lo que explica su naturaleza dual como museo y biblioteca, y su afán por erigirse en un centro activo en la investigación y difusión de la cultura española. El resultado fue deslumbrante, pues ninguna otra institución, en España o fuera de ella, proporciona una visión tan completa del mundo hispánico, ya sea por su ambicioso alcance geográfico, al incluir América, Portugal y Filipinas, como por su dilatada cronología, que abarca desde la Edad del Cobre hasta los inicios del siglo XX.
La amplitud de horizontes de la Hispanic Society no debe hacer olvidar que nació con una vocación contemporánea. Huntington trabó amistad con los principales intelectuales españoles de su época, cuyos retratos reunió, y para él trabajaron artistas de vanguardia como Zuloaga, y sobre todo Sorolla, a quienes promocionó en los Estados Unidos.

La Antigüedad
Torso de Diana cazadora. Periodo Antonino, 138-150 d.C

En su afán por proporcionar al público americano una visión integral de la historia de España, Huntington concibió un museo con una cronología amplísima, que inicia sus colecciones en el segundo milenio antes de Cristo, con uno de los más completos conjuntos cerámicos de la llamada cultura campaniforme, prosigue con ricas piezas de metalistería celtíbera, y concluye su recorrido por la Antigüedad con un impresionante elenco de obras romanas en diferentes medios y técnicas. Algunas de estas piezas se encontraron en excavaciones patrocinadas por el propio Huntington, como las de la antigua ciudad romana de Itálica, de donde posiblemente proceden el exquisito busto de joven y el torso de Diana cazadora; otras muchas fueron adquiridas en el extranjero, como las halladas en el yacimiento del Acebuchal, cerca de Carmona (Sevilla), en el quicio de los siglos XIX al XX.


España medieval
Seda de la Alhambra. Granada, h. 1400
Las excepcionales colecciones de arte medieval de la Hispanic Society abarcan las diferentes culturas que se sucedieron en la Península Ibérica entre los siglos V y XV. Especial relevancia posee el arte hispanomusulmán, una de las pasiones de Huntington, quien compaginó el estudio del castellano y el árabe y que, contrariamente a la opinión mayoritaria en la época, creía que la herencia islámica en España era tan relevante como la cristiana. Este planteamiento explica que, junto a piezas realizadas en territorios musulmanes, alguna tan extraordinaria como el píxide califal procedente de Madinat-al-Zahra’, adquiriera otras de naturaleza híbrida, realizadas en territorio cristiano por artesanos musulmanes, como sucede con la loza dorada o de reflejos metálicos de Manises (Valencia).
El arte de los reinos cristianos peninsulares no fue solo permeable a las formas hispanomusulmanas, también a ideas y estilos procedentes del resto de Europa. Esta sección incluye una selección de obras del siglo XV y principios del XVI en diferentes técnicas y soportes materiales que reflejan el esplendor de la orfebrería e hilatura góticas, la irrupción del gótico internacional en la pintura valenciana hacia 1400, o el trabajo en Castilla de escultores noreuropeos como Gil de Siloé. Mención aparte merece el conjunto de aldabas con motivos animales y antropomórficos, excelente ejemplo de la metalistería tardomedieval.

Biblioteca
Biblia hebrea. España y Portugal 1450-1496
La fascinación de Huntington por la lengua y literatura españolas, y el afán por procurar una visión integral de nuestra cultura, explican su empeño por contar con una excelente biblioteca. La estrategia que siguió fue adquirir bibliotecas particulares, entre las que destaca la del marqués de Jerez de los Caballeros, entonces la mejor de fondo antiguo español tras la Biblioteca Nacional, pero sin renunciar al mercado especializado (el librero alemán Hiersemann le proporcionó miles de obras singulares con anterioridad a la Primera Guerra Mundial). El resultado es fabuloso: 300.000 volúmenes y 1.500 publicaciones periódicas, incluyendo unos 150.000 manuscritos y libros raros anteriores a 1701, de los cuales 250 son incunables (impresos antes de 1500). Algunos conjuntos sobresalen por su riqueza y singularidad, como los 16 privilegios rodados de los siglos XIII al XV, la colección de cartas autógrafas de personajes fundamentales de nuestra historia y cultura o las más de 600 ejecutorias de hidalguía. Estas últimas, obtenidas casi siempre tras un largo y costoso litigio, tuvieron una especial importancia, pues al dar fe de la hidalguía del solicitante no solo confirmaban su rango social, sino que le eximían de ciertos pagos y obligaciones.

El Siglo de Oro
Velázquez. Conde-Duque de Olivares. h. 1625-1626
Si un período del arte hispano era conocido y apreciado en el extranjero cuando Huntington empezó su actividad coleccionista, ese era el Siglo de Oro, principalmente su pintura. Murillo y Velázquez figuraban ya en los mejores museos del mundo, y a ellos se añadirían pronto el Greco y Zurbarán. La Hispanic Society posee excelentes obras de todos ellos, así como de Luis de Morales, Alonso Cano o Valdés Leal, pero destacan sobremanera sus tres lienzos de Velázquez, dos de ellos expresamente restaurados para la ocasión con la colaboración de la Fundación Iberdrola España como protector del Programa de Restauración del Museo del Prado. El panorama se completa con la presencia de artistas extranjeros fundamentales en el devenir de la pintura española como Antonio Moro o Rubens, ya sea a través de pinturas o de cartas.
El Siglo de Oro no fue solo pictórico, y su sensibilidad y excelencia se reflejó en otras actividades artísticas como la cerámica, la orfebrería o la escultura. De esta última se incluyen adquisiciones recientes, como el San Acisclo de Pedro de Mena o los Desposorios de santa Catalina de la Roldana, que atestiguan la actual fascinación internacional por la escultura policromada, minusvalorada hasta fecha reciente. Cierra la sección el gran lienzo de Sebastián Muñoz con la exposición en 1689 del cadáver de la reina María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II, único en su género e imagen sombría y premonitoria del inminente fin de los Augsburgo en España.

Cartografía
Juan Vespucci, Mapamundi. Sevilla, 1526
El tránsito de la Península Ibérica a América viene marcado por esta sección, que incluye algunos de los mejores ejemplares de la excepcional colección cartográfica de la Hispanic Society, testigos de la ampliación de los horizontes geográficos y vitales de los europeos en el quicio de los siglos xv al xvi. Se trata de objetos donde conviven la utilidad y el lujo y que son, a un tiempo, obras de arte y compendios de la sabiduría científica de la época, como los portulanos mediterráneos o el Mapamundi de Giovanni Vespucci. La mirada europea contrasta con la cosmovisión indígena americana, cuya muy distinta percepción espacio-temporal ilustra el Mapa de Tequaltiche o el Árbol genealógico de Macuilxochitl.

América
Juan Rodriguez Juarez. Las castas: de mestizo e india produce coyote. h. 1716-1720 
Huntington creía que la historia y la cultura española posterior al siglo xv eran indisociables de América. Fue él quien inició las colecciones de arte colonial, que no han dejado de aumentar desde entonces, en paralelo al creciente protagonismo de la población hispana en los Estados Unidos. Las colecciones de arte americano son muy ambiciosas por cronología, técnicas y medios. Incluyen pinturas, esculturas y obras sobre papel, pero sobresalen las artes decorativas, donde mejor se aprecia el genio creativo de los artesanos indígenas, que supieron adaptar las formas europeas a sus materiales y técnicas tradicionales, al tiempo que asimilaban motivos y materias procedentes de Asia.
El siglo XVIII fue testigo en América del reformismo borbónico y la introducción de ideas e instituciones nacidas de la Ilustración, pero también de la progresiva consolidación entre las élites criollas de un fuerte sentimiento de identidad que culminó, en las primeras décadas de la siguiente centuria, en los movimientos emancipadores. Esta sección ilustra algunos hitos de esos fenómenos, como la voluntad taxonómica de las pinturas de castas, la instauración de academias de la mano de artistas peninsulares, y el orgullo ciudadano de unos criollos que, tras la Independencia, se erigirían en dirigentes de las distintas repúblicas.

El fin del Antiguo Régimen
Goya. La Duquesa de Alba. 1796-1797

La invasión napoleónica, las independencias americanas y la muerte de Fernando VII marcaron un punto de no retorno en la historia de España. Podría afirmarse que con estos acontecimientos se puso fin a un “largo siglo xviii” que había sido testigo del advenimiento de la dinastía borbónica al trono, del reformismo ilustrado de inspiración europea y de los planes de modernización del país –presentes aquí en las piezas de las reales manufacturas de loza y porcelana de Alcora, de porcelana del Buen Retiro o de vidrio de La Granja–, pero también de reacciones castizas como el “majismo”, soberbiamente captado por Goya en su retrato de la duquesa de Alba.






España moderna
Hermenegildo Anglada Camarasa. Muchachas de Burriana (falleras). 1910-1911
En la colección formada por Huntington a partir de la primera década del siglo XX la pintura española de los siglos XIX y XX tuvo una relevancia especial. Eligió obras de artistas destacados ya fallecidos, como Federico de Madrazo o Mariano Fortuny, pero las más numerosas fueron las que adquirió a artistas vivos. Interesó sobre todo al coleccionista la aproximación por parte de los pintores a los paisajes y tipos españoles. Justo en unos años de transformación profunda del país, aquel empeño revelaba una búsqueda de lo que se consideraba más auténtico y esencial de España. Era muy importante para el coleccionista que el conjunto diera cuenta de la diversidad entre las diferentes regiones, pensamiento que guió también el encargo a Joaquín Sorolla de la Visión de España. Constituyó así un amplio conjunto, profundamente singular, con una significación precisa: la de una colección formada en Nueva York a través de una nueva mirada, procedente de la joven potencia vencedora en la guerra de 1898 y llena de admiración hacia una nación de rico pasado histórico y cultural.

viernes, 28 de abril de 2017

Obras maestras de Budapest. Del Renacimiento a las Vanguardias


El Museo Thyssen-Bornemisza presenta Obras maestras de Budapest. Del Renacimiento a las Vanguardias, una exposición que reúne por primera vez en España una destacada selección de pinturas, dibujos y esculturas procedentes de las colecciones del Museo de Bellas Artes de Budapest y de la Galería Nacional de Hungría. Noventa obras de escuelas como la italiana, alemana, flamenca o española, desde el siglo XV al XX, que incluyen grandes nombres de la historia del arte como Durero, Leonardo da Vinci, Rubens, Velázquez, Tiepolo, Cézanne o Manet, además de interesantes ejemplos de artistas húngaros, que permiten ofrecer a los visitantes una muestra representativa de las colecciones de estas instituciones.
La exposición, comisariada por Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, y Mar Borobia, jefa del Área de Pintura Antigua, está organizada en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Budapest cerrado por obras de renovación hasta marzo de 2018, y la Galería Nacional de Hungría donde se exhibe temporalmente parte de su colección. 
El recorrido por las Obras maestras de Budapest esta organizado en siete secciones: 

El Renacimiento en el norte
Alberto Durero (atribuido a) Retrato de un joven, h. 1500-1510
En torno a Durero, la figura más célebre del Renacimiento alemán, representado en la sala por Retrato de un joven (hacia 1500-1510) y Lancero a caballo (1502), en esta primera sección se reúne la obra de otros destacados artistas de los países del norte de Europa, como Lucas Cranach el Viejo y su Salomé con la cabeza de san Juan Bautista (hacia 1526-1530), exponente del mejor estilo del pintor; Albrecht Altdorfer, con La Crucifixión (hacia 1518-1520), Jan Gossaert y El escarnio de Cristo (1527) y Hans Baldung Grien, con La Virgen de los Dolores (hacia 1516). Completan este apartado un magnífico diseño de paisaje de Wolf Hubber y una obra del manierista Bartholomeus Spranger.





El Renacimiento en el sur
Agnolo Bronzino. La doración de los Pastores, h. 1539-1540
La segunda sala está dedicada a grandes personalidades del Renacimiento italiano, con ejemplos relevantes de las escuelas florentina, veneciana y lombarda. Entre todos ellos sobresalen dos obras de Leonardo da Vinci: el dibujo Estudios de patas de caballo (hacia 1490-1492) y la pequeña estatua ecuestre Guerrero a caballo (1500-1550). De excelente factura son también la Madonna Esterházy (hacia 1508) de Rafael, una obra emblemática de su etapa de madurez; La Adoración de los pastores (hacia 1539-1540) de Bronzino, una obra maestra que representa el manierismo en su punto álgido, y La Magdalena penitente (h. 1576) del Greco, que registra la influencia italiana en el arte del cretense.





El Barroco en Flandes y Holanda

Gerbrand van den Eeckhout. El profeta Eliseo y la mujer de Sunem, 1664
Un gran lienzo de Rubens, uno de los mayores representantes del Barroco, abre el siguiente capítulo, dedicado a este movimiento artístico en los países de Flandes y Holanda. Se trata del óleo Mucio Escévola ante Porsena (hacia 1618-1620), en el que el pintor se vale de todos sus recursos para reflejar la escena con gran intensidad, demostrando su magistral síntesis de las escuelas holandesa e italiana. Es muy probable que en esta obra colaborara su mejor discípulo, Anton Van Dyck, del que también se expone San Juan Evangelista (hacia 1620), un elegante lienzo que formó parte de un apostolado. Otros pintores flamencos barrocos presentes en la muestra son Jacob Jordaens, con su lienzo Adán y Eva (1630-1640), y Jacob Grimmer, del que se muestran cuatro paisajes que evocan las estaciones.

El Barroco en Italia y España
Diego Velázquez. El almuerzo, h. 1618-1619
Los más importantes representantes de la pintura española del Siglo de Oro están reunidos en este espacio. Destacan entre ellos Francisco de Zurbarán, con una Inmaculada Concepción (1661) tardía, y Diego Velázquez con El almuerzo (hacia 1618-1619), una obra de juventud en la que plasma de manera sencilla un tema cotidiano; pero también están presentes Alonso Cano, Bartolomé Murillo y Mateo Cerezo, con espléndidos lienzos de temática religiosa. Junto a ellos, excelentes ejemplos también de la pintura italiana barroca: Cristo y la samaritana (hacia 1596-1597) de Annibale Carraci, una de las principales obras de la primera tendencia clasicista del Barroco; Diana y Acteón (hacia 1603-1606) del manierista Giuseppe Cesari, que recoge un episodio de las Metamorfosis de Ovidio, y una colorista Anunciación (hacia 1640) de Bernardo Strozzi.

El siglo XVIII

Sebastiano Ricci. Betsabé en el baño, 1724

Dentro de la magnífica colección de pintura italiana que posee el Museo de Bellas Artes de Budapest, por su calidad y por el número de obras, destaca especialmente la representación de la escuela veneciana. En este apartado, el más amplio de la exposición, se muestra una selección de estos fondos que incluye el óleo Bestsabé en el baño (hacia 1724) de Sebastiano Ricci y La Virgen exhortando a santa Teresa a que nombre a san José protector de la Orden Carmelita (1749-1750) de Giambattista Tiepolo, así como varios paisajes urbanos de los afamados vedutistas Canaletto, Guardi y Bellotto. Completan la sala tres lienzos de Francisco de Goya un retrato de la esposa de Ceán Bermúdez (1792-1793), La aguadora (1808-1812) y El afilador (1808-1812) ; un conjunto de obras del escultor alemán Franz Xaver Messerschmidt, entre las que destaca la serie Cabezas de expresión, un catálogo de muecas faciales extremas, y una representación de artistas húngaros, como Jakab Bogdány, Ján Kupecký y Ádám Mányoki.

La nueva imagen de la mujer

Édouard Manet. Dama con un abanico. 1862
El simbolismo fue uno de los movimientos artísticos vigentes durante el último cuarto del siglo XIX, en el que las emociones, los estados anímicos, los sueños y la fantasía cobraron un nuevo impulso a través de la figura femenina. A este universo particular pertenecen el francés Pierre Puvis de Chavannes, el suizo Arnold Böcklin, el alemán Franz von Stuck y el húngaro János Vaszary, cuya obra se reúne en este apartado junto con varias pinturas de Oskar Kokoschka, llenas de fuerza y expresión, y Dama con un abanico (1862) de Édouard Manet, vinculada al poeta precursor del simbolismo Baudelaire.

Del Impresionismo a las Vanguardias

Paul Cézanne. El aparador, 1877-1879
En la última sala se presenta una selección de obras de distintos movimientos artísticos desde las últimas décadas del siglo XIX hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial. De la pincelada rápida y fresca de Claude Monet en Ciruelos en flor en Vétheuil (1879) y la forma de captar los efectos de la luz en El Pont Neuf (1902) de Camille Pissarro, a las nuevas fórmulas propuestas por los colores puros de Paul Gauguin en Los cerdos negros (1891) o los volúmenes de Cézanne en El aparador (1877-1879). En este apartado destaca igualmente la presencia de grandes pintores húngaros, como Károly Ferenczy, Adolf Fényes, Vilmos Perlrott-Csaba, Sándor Ziffer y Sándor Bortnyik, que nos descubre la influencia en su obra de los nuevos lenguajes pictóricos surgidos en Francia, desde el impresionismo y el neoimpresionismo a las vanguardias.

sábado, 14 de enero de 2017

Los Fauves: La Pasión por el Color


El fauvismo fue la primera gran vanguardia artística del siglo XX. Fue un movimiento polémico y exuberante, basado en la exaltación de los tonos puros, y situó la independencia del color en el centro del debate artístico. Los fauves, liderados por Henri Matisse, André Derain y Maurice de Vlaminck, removieron los fundamentos del arte de su tiempo con su innovador tratamiento del color, la factura enérgica y la libertad de ejecución. Fueron decididos defensores de la autonomía individual y de la capacidad de la pintura en sí misma como medio de expresión.
Georges Braque, Nu assis, 1907
Formados en los talleres de Gustave Moreau y de Eugène Carrière, los fauves se agruparon en torno a Henri Matisse a finales de la década de 1890 y realizaron sus primeros ejercicios con colores puros durante los años siguientes. Octubre de 1905 fue una fecha decisiva para estos artistas porque sus obras fueron expuestas en la Sala VII del Salon d’Automne. El resultado causó un auténtico revuelo entre los asistentes y el crítico de arte Louis Vauxcelles no dudó en calificarlos en su reseña de “fieras” –fauves, en francés- debido a la fortísima intensidad de las tonalidades utilizadas, en contraste con dos bustos de mármol expuestos en la misma sala. En efecto, las obras que hoy resultan alegres y decorativas, en 1905 y a un público que estaba aún asimilando los avances de la pintura impresionista, parecieron salvajes y violentas. Aun comparadas con los postimpresionistas, el arte de los fauves posee una pureza y una inmediatez que todavía sigue sorprendiendo, debido al resultado profuso e imprevisible y a la ausencia de las tradicionales reglas con las que se practicaba la pintura.
El fauvismo no fue un movimiento único y homogéneo, si no más bien un encuentro fugaz entre varios jóvenes artistas independientes unidos por unos fuertes vínculos de amistad y por las mismas preocupaciones pictóricas. Su desarrollo fue tan brillante como intenso: tuvo una vida de apenas dos años, pero el impacto fue extraordinario porque su obra recogió el legado del neoimpresionismo y del postimpresionismo además de sentar las bases para otros movimientos de vanguardia como el expresionismo y el cubismo. Así, los fauves fueron los artífices de enlazar las grandes manifestaciones artísticas que se desarrollaron a finales del siglo XIX y principios del XX.

Kees van Dongen, Femme nue blonde, 1906
La Fundación MAPFRE presenta la exposición Los Fauves: La Pasión por el Color, que hace una completa y cuidada exibicion  del fauvismo, reuniendo más de un centenar de pinturas, así como numerosos dibujos, acuarelas y una selección de piezas de cerámica.
Pese a la importancia que ha tenido en la Historia del Arte moderno, el fauvismo ha sido un movimiento que ha pasado casi desapercibido en España, siendo esta la primera gran exposición que lo aborda en su conjunto y en profundidad en los últimos quince años. La muestra traza un recorrido por el fauvismo desde sus inicios en el taller de Gustave Moreau hasta la desintegración del grupo a finales de 1907. Incluye obras de todos los artistas que formaron el grupo: Henri Matisse, André Derain, Maurice de Vlaminck, Albert Marquet, Henri Manguin, Charles Camoin, Jean Puy, Raoul Dufy, Othon Friesz, Georges Braque, Georges Rouault y Kees van Dongen, y hace hincapié en las relaciones artísticas y personales entre ellos.
Henri Manguin, Devant la fenêtre, 1904
La exposición, producida por Fundación MAPFRE, ha sido posible únicamente gracias al apoyo de los más de ochenta prestadores que han colaborado en ella. Entre ellos destacan importantes instituciones como la TATE, el Centre Pompidou, el Musée d’art moderne de la Ville de Paris, la Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen de Düsseldorf, el Milwaukee Art Museum o el Statens Museum de Dinamarca, que han prestado algunas de sus obras más emblemáticas. También ha sido imprescindible la generosidad de más de treinta coleccionistas particulares, que han accedido a prestar obras más desconocidas por el público pero de una calidad extraordinaria. Por tanto, la muestra es una oportunidad inmejorable para apreciar el fauvismo porque reúne algunas obras clave del movimiento y otras que nunca habían sido expuestas en nuestro país hasta ahora.
La muestra propone un recorrido cronológico dividido en cinco grandes secciones, que permite presentar la evolución estilística tan intensa que los artistas desarrollaron en apenas dos años. El montaje de la exposición ha intentado, también, enfatizar la importancia de los vínculos tanto personales como artísticos que los autores compartieron en la creación y desarrollo del fauvismo.

El fauvismo antes del fauvismo

Henri Matisse, Académie d'homme, 1902
La exposición comienza con una sección dedicada a los primeros intentos pictóricos llevados a cabo por los artistas que formarían el grupo fauve durante sus años de formación. Los primeros contactos entre ellos se remontan a la década de 1890, cuando Henri Matisse, Georges Rouault, Albert Marquet, Henri Manguin y Charles Camoin coincidieron en el estudio de Gustave Moreau en la École des Beaux-Arts de París. Moreau fue un maestro atípico dentro de la rigidez del mundo académico. Incitaba a sus alumnos a expresarse libremente a través del color y a buscar la autonomía pictórica. El grupo de alumnos de Moreau, liderado por Matisse y al que pronto se sumaron otros jóvenes artistas como Jean Puy, André Derain y Maurice de Vlaminck, comenzó muy pronto a experimentar con los colores puros y las pinceladas expresivas de la pintura moderna de Van Gogh, Gauguin y Cézanne que se exponía esos años en las galerías más atrevidas de París. Pintaban a menudo juntos, motivados por un fuerte espíritu de emulación, como se puede apreciar en los estudios de modelo desnudo que transmiten el ambiente del taller compartido. Estas academias, junto a las naturalezas muertas y a las escenas de interior que forman esta sección permiten apreciar el eclecticismo y la audacia de estos años de formación y descubrimientos.



Los fauves se retratan

Henri Matisse, André Derain, 1905
André Derain, Henri Matisse, 1905
La amistad que unió a los fauves fue clave en la formación y el desarrollo del movimiento. No sorprende por tanto que estos pintores se retrataran unos a otros en numerosas ocasiones, creando una interesantísima galería de retratos cruzados que refleja los vínculos establecidos entre ellos y que constituye una declaración de sus principios estéticos que refuerza la identidad del grupo. El retrato para los fauves era algo más que reflejar la percepción que un artista tenía del otro, también consistía en construir la imagen del compañero a través de la combinación de los estilos y de las personalidades del pintor y del retratado tal y como refleja la pareja de retratos realizados por Matisse y Derain durante el verano que pasaron juntos en Collioure. Por otro lado, cada fauve expresó en sus autorretratos, también muy numerosos, sus características personales. Al enfatizar su propio método y la individualidad estilística en estas obras, los pintores estaban a su vez definiendo uno de los principales valores del grupo, el de la autonomía artística.

Acróbatas de la luz

André Derain, Bateaux à Collioure, 1905
A partir de 1904 los fauves comenzaron a pasar temporadas cada vez más largas en la Costa Azul. La atmósfera mediterránea constituyó para estos artistas una revelación y, gracias a ella, estudiaron la incidencia de la luz en el color y aumentaron intensamente el tono de sus paletas. En el verano de 1905, periodo decisivo para el fauvismo, Matisse y Derain se instalaron en el pueblecito pesquero de Collioure. Allí vivieron un período de cooperación artística asombrosamente productivo gracias al cual crearon las obras que causaron sensación en el Salon d’Automne de 1905. Matisse, que a su llegada a Collioure estaba muy influido por el neoimpresionista de Signac, encontró en el ímpetu juvenil de Derain un estímulo para trabajar con una mayor libertad pictórica. Por su parte, Derain ganó confianza en su pintura gracias al apoyo de Matisse, que era diez años mayor que él y ya gozaba de una cierta reputación. A lo largo del verano, los dos artistas fueron liberándose de la rigidez de la técnica puntillista de obras como Figure à l’ombrelle de Matisse o Bateaux à Collioure de Derain, creando una técnica variada, audaz y espontánea, que se aprecia en obras como Le Faubourg de Collioure.
Mientras tanto, Camoin, Manguin y Marquet pasaron el verano en la Costa Azul. Manguin se alojó con su familia en una villa con un gran jardín en las afueras de Saint-Tropez. Esta privacidad le permitió utilizar a su mujer Jeanne de modelo tanto en delicadas escenas domésticas como en sugerentes estudios de desnudo en medio de la naturaleza. En ocasiones se reunió con sus compañeros Marquet y Camoin y recorrieron distintos parajes de la zona como Cassis, Agay y Marsella. Allí produjeron paisajes de colores intensos y atrevidos pero sin la libertad de ejecución de las obras de Derain y Matisse.
Vlaminck permaneció en Chatou, pintando en solitario paisajes vertiginosos de colores saturados. Vlaminck fue siempre considerado el más salvaje de los fauves y, probablemente, el único de estos artistas al que la etiqueta de “fiera” le describía correctamente. De carácter jocoso e irreverente, su pintura se caracterizaba por un uso de los colores poco convencional y por una pincelada efusiva e impetuosa. Sin duda, la más intensa y violenta del grupo.

La fiereza del color

André Derain, Big Ben, Londres, 1906
El escándalo causado por estas pinturas en el Salon d’Automne de 1905 fortaleció la identidad de los fauves, que a partir de entonces expusieron con frecuencia en las galerías de arte moderno de París y contaron con el apoyo de marchantes como Vollard. Por encargo de este, Derain realizó tres viajes a Londres, donde creó algunas de las pinturas más espectaculares del fauvismo. El artista renovó radicalmente la imagen de la capital británica a través de un uso de los colores absolutamente feroz, completamente desligado de la descripción naturalista y de una enorme variedad estilística. Marquet, en París, realizó también una importante serie de vistas urbanas, de colores más apagados pero con una asombrosa capacidad para traducir la atmósfera de la ciudad, desechando los detalles y centrándose en lo esencial. Vlaminck, por el contrario, continuó pintando en los alrededores de Chatou, centrando su atención en la agitación del paisaje, con pinceladas cada vez más expresionistas y colores exuberantes que inducen a la simplificación de los volúmenes a través de una desbordada, anárquica y ardorosa forma de ejecución.
Raoul Dufy, L'Estacade du Casino Marie-Christine à Sainte-Adresse, c.1906
A comienzos de 1906 se incorporaron al grupo tres pintores provenientes de Le Havre: Raoul Dufy, Othon Friesz y Georges Braque, que renovaron de forma brillante el movimiento. Su llegada supuso un auténtico soplo de aire fresco, ya que el grupo inicial del atelier Moreau comenzaba a abandonar la intensidad de sus paletas. Tomaron la costumbre de pintar juntos, tal y como habían practicado con anterioridad los demás fauves: Marquet y Dufy recorrieron juntos la costa de Normandía, compartiendo motivos como la playa y la estacada de Sainte-Adresse. Por su parte, Braque y Friesz pasaron parte del verano pintando juntos en Amberes para después trasladarse a l’Estaque y la Ciotat, pequeños pueblos pesqueros cercanos a Marsella donde pasaron el invierno. Allí, una vez más, la luz del mediterráneo les inspiró para subir de tono su paleta y crear brillantes pinturas de colores exacerbados y formas serpentinas.

Senderos que se bifurcan

Georges Braque, Paysage de Provence, l'Estaque, 1907
Finalmente, la exposición cerrará con un grupo de pinturas que presentan los distintos caminos que tomaron los fauves a partir de 1907. Aunque desde el comienzo el fauvismo estuvo fundamentalmente centrado en el paisaje, muchos de ellos se vieron muy atraídos por la vida del París nocturno, tema por otro lado típico de la vanguardia. Vlaminck, Rouault y Van Dongen reflejan este mundo de prostitutas y personajes de circo con una gran crudeza y vivacidad a través de colores exaltados y pinceladas enormemente expresivas y violentas, que enlazan en cierto modo con la pintura expresionista que estaba naciendo fuera de Francia.
Cézanne había muerto en octubre de 1906 y en su honor se organizó una importante retrospectiva con ocasión del Salon d’Automne de 1907. Pese a que el cezannismo había estado muy presente en el estilo de los fauves desde sus años de formación, el redescubrimiento de su obra, junto al hallazgo de la escultura primitiva y el impacto que les causó Les Demoiselles d’Avignon de Picasso, provocaron un rápido abandono del color para centrarse en el dibujo y la forma. Este renovado interés por Cézanne se vio traducido en una importante serie de bañistas, con figuras de una gran monumentalidad y unas paletas cada vez más apagadas. Además, algunos de los fauves -como Braque, Derain y Dufy- asimilaron su nueva visión del orden y de la estructura de la naturaleza, que se tradujo en una geometría de formas próxima al cubismo. Por esta razón, la última sección de la exposición analiza este paso del fauvismo cezanniano a los inicios del cubismo. Además, este apartado incluye un grupo de cerámicas que forma un interesantísimo diálogo con la pintura del momento final del fauvismo.