viernes, 21 de septiembre de 2018

MAD about Hollywood


Audrey Hepburn de compras en Madrid (Mantequerías Leonesas en el barrio de Salamanca). 1966.
Gianni Ferrari / Cover / Getty Images

La Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid presenta en la Sala El Águila la exposición “MAD about Hollywood”. Comisariada por Esperanza García Claver, esta muestra da testimonio, a través de 150 fotografías y revistas de la época, del paso por la ciudad y otros lugares de la Comunidad de Madrid de los actores y actrices de cine de Hollywood que trabajaron y vivieron aquí en los años 50 y 60. La mayor parte del material gráfico expuesto es inédito y procede de archivos y fondos fotográficos como el Archivo Regional, Agencia EFE, Getty Images, BNE, Archivo Notorious Ediciones, Archivo Corral de la Morería, y archivo personal del fotógrafo Gianni Ferrari.

Debbie Reynolds con el actor Gustavo Rojo  1959.
Loomis Dean / The LIFE Picture Collection / Getty Images
En 1948 un fallo judicial provocó una importante crisis en los grandes estudios de Hollywood. Se sentenció que violaban la ley federal antimonopolio ya que controlaban tanto la producción como la distribución y exhibición de las películas. Este hecho provocó que productores y directores tuvieran una mayor libertad para elegir la localización de sus películas. Y entonces comenzaron a surgir las producciones de Hollywood realizadas en países europeos, sobre todo en Inglaterra, Italia y España.

Los principales motivos para situar los rodajes en Madrid y sus alrededores fueron la gran variedad de paisajes y escenarios naturales (incluyendo castillos, palacios y monumentos de carácter histórico), las facilidades para obtener licencias de rodaje, los bajos costes de los medios técnicos y de los extras, entre los que por cierto también se encontraba el Ejército Español que podía ser contratado por un módico precio. Una ventaja añadida era el atractivo que suponía la ciudad de Madrid para los componentes del mundillo cinematográfico que les permitía disfrutar de cierto exotismo, junto con lujos y comodidades, sin tener que sufrir la presión de generada por su popularidad que padecían en Los Ángeles.

La princesa Sofía charla con Sophia Loren en el set de
La caída del imperio romano (Las Matas). Julio, 1963.
Keystone / Hulton Royals Collection / Getty Images

Las primeras grandes superproducciones rodadas en Madrid fueron Alejandro Magno (Alexander The Great, 1955) de Robert Rossen, protagonizada por Richard Burton y Orgullo y pasión (The Pride and the Passion, 1957) de Stanley Kramer,y protagonizada por Cary Grant, Frank Sinatra y Sophia Loren. Estos dos filmes fueron el pistoletazo de salida de las grandes producciones hollywoodienses en Madrid, que dieron lugar a la llegada de miembros del star system de Hollywood a la ciudad. Quizá el ejemplo más notable fue Ava Gardner, que se instaló en Madrid hasta 1968. Tampoco hay que olvidar otro factor determinante del éxito de Madrid en aquellos tiempos como centro de producción de películas. A finales de los años 50, el productor de cine Samuel Bronston se afincó en Madrid para poder producir todos sus filmes en España.

Las imágenes que observamos al visitar la exposición nos trasladan a aquella época y al pasar por las diferentes salas, recorremos las calles madrileñas y los paisajes de sus alrededores a través de instantáneas de figuras como Ava Gardner, Cary Grant, Elizabeth Taylor o Audrey Hepburn, que fueron inmortalizadas por los fotógrafos españoles del momento, ávidos de retratar a tan rutilantes estrellas. Descubrimos así las huellas dejadas en Madrid por el paso de las actrices y actores de cine de Hollywood que en los años 50 y 60 que trabajaron y vivieron en la ciudad. Son imágenes de carácter espontáneo, naturales y cotidianas a medio camino entre la foto robada por un paparazzo amable y el fotoperiodismo. Encuadradas en la sección denominada “OFF THE SET” muestran, por ejemplo, a Orson Welles con su mujer Paola Mori y su hija Beatrice paseando por el barrio de los Austrias.

Orson Welles con su mujer Paola Mori y su hija Beatrice Welles en la calle del Nuncio en Madrid, hacia 1960.
Fotógrafo no identificado (Agence Gaceta). © Courtesy Galerie Lumière des roses
Adicionalmente, en la sección “ON THE SET”, observamos otro conjunto de fotografías que dejan constancia de los rodajes propiamente dichos en los que vemos “en acción” a los directores y protagonistas de una poderosa industria cinematográfica que asombra por la riqueza y espectacularidad de los decorados y medios empleados en la realización de algunas de las producciones más importantes.

Todo este contexto provocó un impacto indiscutible en la sociedad madrileña de entonces. Madrid se vio felizmente “invadida” por el glamour de unas estrellas cinematográficas que hasta entonces solo eran accesibles a través de las revistas o las pantallas del cine. Durante unos años fue posible encontrarse con alguna de las superestrellas comprando en Loewe o paseando por la Gran Vía. Entrando a tomar un cóctel en Chicote o asistiendo a la misa de los Jerónimos. A la puerta de un tablao flamenco o de una sala de fiestas. O visitando el Museo del Prado, El Escorial, Aranjuez… Posiblemente muchos de ellos observaron a sus fans esperándolos a la entrada del hotel Castellana Hilton.

Luis Miguel Dominguín con Ava Gardner y su hermana Bappie al salir de los toros en la plaza de las Ventas.
1 de mayo, 1954. Fondo fotográfico Martín Santos Yubero. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.
El recorrido por esta exposición me ha traído a la memoria algunas de mis propias vivencias de niñez en Madrid. Ver el aspecto del Palacio de la Música en los años 60 me ha hecho recordar como mi tío y padrino, Casimiro, que trabajaba allí por entonces, nos invitaba a ver los estrenos de algunas películas. También he recordado a mi tío, Segundo Prieto, que participó como extra representando a la caballería romana en La caída del Imperio Romano. Al ver las fotos de Ava Gardner con Luis Miguel Dominguín he recordado los comentarios que hubo en mi familia cuando el hermano de mi padre, Dativo, nos dijo que los había visto por El mesón del segoviano. Estaba asombrado de que la exposición me suscitara recuerdos de tantas anécdotas cuando de pronto me he encontrado con el reportaje fotográfico de Gianni Ferrari en el que aparece Audrey Hepburn de compras en Mantequerías Leonesas. Ese nombre también formaba parte de los recuerdos de mi niñez. Allí trabajaba otro de mis tíos, Fernando, casado con mi tía María, hermana de mi padre. Es la magia del poder evocador de imágenes del pasado.



miércoles, 13 de junio de 2018

Brassaï

La Fundación MAPFRE presenta en Madrid un exhaustivo recorrido por la trayectoria de este famoso fotógrafo francés de origen húngaro cuyo trabajo contribuyó a la definición del espíritu de la ciudad de París en la década de 1930. Fue una de las figuras más destacadas de entre los fotógrafos europeos y americanos cuyo trabajo, en el período de entreguerras, enriqueció enormemente el potencial de la fotografía como forma de expresión artística.
Brassaï empezó a fotografiar en 1929 o 1930, y durante la década de 1930 mantuvo una intensa actividad. Su tema principal fue la ciudad de París, a la que se trasladó en 1924 con intención de dedicarse a la pintura. Hacia el final de la guerra, el centro neurálgico de la vanguardia parisina había emigrado desde Montmartre hasta Montparnasse, donde la mayoría de los artistas, una gran comunidad internacional, vivían como en una gran familia. Brassaï sentía fascinación por la capital francesa; en alguna ocasión llegó a decir que había comenzado a hacer fotografías para expresar su pasión por la ciudad de noche, si bien su obra pronto se llenó de retratos, desnudos, naturalezas muertas, imágenes de la vida cotidiana, rincones pintorescos y monumentos captados también de día. Se ganó un lugar importante entre los pioneros de la fotografía moderna gracias a su confianza en el poder de un estilo fotográfico franco y directo para transformar lo representado, así como a su talento para extraer de la vida cotidiana imágenes icónicas de gran potencia.

Vista desde el Pont Royal hacia el Pont Solférino, 1933. © Estate Brassaï Succession
La exposición recorre su trayectoria a través de más de doscientas piezas (fotografías de época, varios dibujos, una escultura y material documental) agrupadas en doce secciones temáticas. De ellas, las dos dedicadas al París de los años treinta son las grandes protagonistas. Producida por Fundación MAPFRE y comisariada por Peter Galassi, conservador jefe del Departamento de Fotografía del Museum of Modern Art de Nueva York desde 1991 a 2011, es la primera exposición retrospectiva de Brassaï organizada desde el año 2000 (Centro Pompidou) y la primera que tiene lugar en España desde 1993.
Cuenta con el préstamo excepcional del Estate Brassaï Succession (París) y con otros préstamos procedentes de algunas de las más importantes instituciones y colecciones particulares de origen norteamericano y europeo: The Art Institute of Chicago, The Museum of Fine Arts (Houston), The Metropolitan Museum of Art (Nueva York), The Museum of Modern Art (Nueva York), el Musée National d’art moderne-Centre Pompidou (París), The Philadelphia Museum of Art, The San Francisco Museum of Modern Art, David Dechman y Michel Mercure, ISelf Collection (Londres), y Nicholas y Susan Pritzker.

La muestra se desarrolla en torno a doce secciones que muestran un exhaustivo recorrido por la obra este polifacético artista.

París de día
Montmartre, 1930-31. © Estate Brassaï Succession

Nadie fotografió París de noche tan acertadamente como Brassaï, pero también acumuló una colección considerable de imágenes de la ciudad a la luz del día. Monumentos, rincones pintorescos o detalles de la vida cotidiana protagonizan gran parte de estas escenas. 
Algunas de sus fotografías de los años treinta también reflejan su interés por los estilos geométricos o los recortes abruptos, tal y como muestran las famosas imágenes de los adoquines de las calles de ciudad. Pero incluso estos experimentos gráficos más audaces reflejan, como el resto de sus imágenes de la ciudad, su permanente fascinación por lo que para él se presentaba como una tradición remota e inagotable, en constante desarrollo.






Minotaure
Entre su llegada a París a principios de 1924 y sus comienzos en la fotografía seis años más tarde, Brassaï creó un amplio círculo de amigos en el seno de la comunidad internacional de artistas y escritores de Montparnasse. Entre ellos se encontraban Les Deux Aveugles (Los dos ciegos), como se denominaban a sí mismos los críticos de arte Maurice Raynal y el griego E. Tériade.
Picasso. Minotaure. 1932
En diciembre de 1932 –el mismo mes en que vio la luz Paris de nuit– Tériade invitó a Brassaï a fotografiar a Picasso y sus estudios para ilustrar el primer número de Minotaure, la lujosa revista de arte que aparecería en junio de 1933 impulsada por el editor suizo Albert Skira y de la que se exponen aquí varios ejemplares. Esta colaboración supuso el punto de partida de su amistad con Picasso, una de las más importantes de su vida.
Durante los años siguientes el fotógrafo gozaría de un papel prominente en esta publicación, especialmente como colaborador de Salvador Dalí e ilustrador de textos de André Breton, aunque en ocasiones también como artista por derecho propio. El primer número de la revista incluyó una serie de desnudos y su incipiente serie de grafitis, mientras que el número siete de la misma revista dedicó varias páginas a sus imágenes nocturnas. Todo ello nos habla de la modernidad del artista y su relación con los círculos más importantes de la vanguardia parisina.

Grafitis
El valor del grafiti como una poderosa forma artística empezó a aflorar en el siglo XX. Como los objetos tribales de África, el arte de los niños o el de enfermos psiquiátricos, el grafiti se consideraba más expresivo y vital que otras formas refinadas del arte occidental tradicional.
Brassaï fue, de hecho, uno de los primeros en abrazar esta temática. Acumulador empedernido, durante toda su vida coleccionó toda clase de objetos abandonados, de modo que, desde el mismo momento en que comenzó a realizar fotografías, empezó a recopilar los grafitis que aparecían en las paredes de París.
Tenía preferencia por aquellos que habían sido grabados o arañados -más que dibujados o pintados- y en los que las irregularidades de la propia pared jugaban un papel importante en términos estéticos. Llegó a realizar cientos de estas imágenes, de las que aquí solo se presenta una pequeña muestra.


Sociedad
A mediados de la década de 1930 y tras la Segunda Guerra Mundial, Brassaï fotografió más de dos docenas de reuniones de la alta sociedad parisina: bailes de disfraces, veladas elegantes y otros eventos en casas privadas y en lugares como el Ritz. También capturó en numerosas imágenes la famosa Nuit de Longchamp (carreras que se celebraban a las afueras de París), cada verano de 1936 a 1939.
Velada de alta costura, 1935. © Estate Brassaï Succession
En estos eventos encontró muchas menos oportunidades de intervenir en la acción fotografiada que en los salones y bares parisinos, pero ello no le impidió crear imágenes potentes y duraderas, y de una realidad social muy distinta. Quizás la más extraordinaria de todas ellas es la de la celebración del quincuagésimo aniversario del interior Art Nouveau del lujoso restaurante Maxim's (terminado unos pocos años antes que la Casa Garriga Nogués). Aunque esa imagen ha sido famosa desde su creación en 1949, la serie de Brassaï sobre la alta sociedad parisina es poco conocida, y varias de estas fotografías se presentan por primera vez en esta exposición.

Personajes
Fort des Halles. 1939

En 1949, en el prólogo para Camera in Paris, una monografía dedicada a fotógrafos contemporáneos, el propio Brassaï, parafraseando a Baudelaire en “El Pintor de la vida moderna”, trata de establecer una línea de continuación entre el arte de los fotógrafos y algunos de los mejores artistas del pasado como Rembrandt, Goya o Toulouse-Lautrec. En este sentido explica cómo, al igual que aquellos, la fotografía es capaz de elevar a sujetos ordinarios al nivel de lo universal. Los personajes de esta sala muestran esta idea, pues no se trata sólo de un trabajador del Mercado de Les Halles, de un personaje travestido o de un cofrade en Sevilla, sino que, en su dignificación, todos ellos exceden su individualidad para representar a un colectivo.




Lugares y cosas
En ciertas fotografías los objetos revisten una luz particular, una presencia fascinante. La visión los ha fijado «tal y como son en sí mismos» […]. Les confiere una densidad totalmente ajena a su existencia real. Diríase que están ahí por primera vez, pero al mismo tiempo por última vez.
 Brassaï, nota sin fecha.

Nueva Orleans, 1957
Uno de los proyectos tempranos de Brassaï que finalmente nunca llevó a cabo fue un libro de fotografías de cactus; mucho después, en 1957, haría un cortometraje sobre animales. Pero normalmente sus intereses, en lo que respecta a objetos y lugares, se centraron en aquellos que habían sido hechos o habitados por el hombre. Así lo demuestran la mayor parte de sus imágenes dedicadas a este tipo de motivos, reflejando una gran curiosidad por las personas que habitaron esos espacios o crearon esos objetos.
Durante sus viajes realizó numerosas fotografías de la que aquí podemos ver una pequeña muestra: una perspectiva de la Sagrada Familia de Gaudí desde una posición elevada, un muro pintado en el Sacromonte granadino o un escaparate en Nueva Orleans. En algunas de ellas, como en Vineyard, Château Mouton-Rothschild (junio de 1953) Brassaï da un salto brusco desde el primer plano hacia el fondo partiendo la imagen por la mitad a lo largo de su eje horizontal (una estrategia gráfica inventada por Brassaï).

El sueño
Montmartre, 1930-31. © Estate Brassaï Succession
En términos generales, el sello distintivo de la fotografía europea de las décadas de 1920 y 1930 era la nueva sensación de movilidad y espontaneidad. Pero esta última era ajena a la sensibilidad de Brassaï, que en cambio buscaba la claridad y la estabilidad. En lugar de la popular cámara de mano, una Leica de 35 mm, Brassaï eligió una cámara que utilizaba placas de vidrio y, a menudo, se colocaba sobre un trípode. Así, como para declarar su independencia de la tendencia a crear imágenes espontáneas, las personas durmiendo se convirtieron en un motivo recurrente en su obra.

París de noche
La torre Eiffel vista a través de la reja del Trocadero, 1930-32.
© Estate Brassaï Succession
Paris de nuit fue, en realidad, el resultado del encargo realizado por el editor Charles Peignot a un joven y todavía desconocido Brassaï. El libro, del que se expone un ejemplar en la muestra, se publicó en diciembre de 1932 y tuvo un gran éxito, en parte gracias a la modernidad de su diseño, sus páginas sin márgenes y sus ricos fotograbados.
Brassaï continuó explorando el París nocturno a lo largo de la década de 1930, desarrollando una visión muy personal que se materializa en numerosas fotografías presentes en la exposición. Evocan el pulso dinámico y vibrante de la ciudad, destaca por ejemplo la imagen de una gárgola en primer plano de la Catedral de Notre Dame de París, en lugar de una vista convencional de dicha catedral, o el Pont Royal visto desde el agua y no desde arriba. Se trata casi siempre de imágenes silenciosas en las que el tiempo parece haberse detenido.

Placeres

Estaba ansioso por penetrar en ese otro mundo, ese mundo en los márgenes, el mundo secreto, siniestro, de los mafiosos, los marginados, los tipos duros, los chulos, las prostitutas, los drogadictos, los invertidos. Equivocado o no, yo sentía en ese momento que este mundo subterráneo representaba el París menos cosmopolita, el más vivo y más auténtico, que en estas facetas pintorescas de su inframundo se había conservado de generación en generación, casi sin alteraciones, el folklore de su pasado más remoto.
 Brassaï, 1976.

Folies Bergère, 1932
Cuando Brassaï organizó su archivo tras la Segunda Guerra Mundial, bajo el título de Plaisirs agrupó sus imágenes protagonizadas por pequeños delincuentes, prostitutas y otras figuras de los bajos fondos de París, junto a aquéllas sobre entretenimientos públicos, incluyendo salas de baile baratas, ferias populares de barrio y celebraciones anuales diseñadas para burlar las convenciones burguesas. Brassaï consiguió un permiso para trabajar entre bambalinas en el conocido Folies Bergère, lo que le permitía observar desde un punto de vista más alto todo lo que allí sucedía. Con estas imágenes, Brassaï logró revitalizar y transponer a la fotografía una rica mitología que ya existía en la literatura y en las artes visuales tradicionales.

Cuerpo de mujer

Desnudo en la bañera, 1938. © Estate Brassaï Succession
Durante la ocupación de París (1940-1944), Brassaï se negó a trabajar para los alemanes y no pudo fotografiar abiertamente. Parece que sus únicos ingresos procedían de un encargo clandestino de Picasso para fotografiar sus esculturas.
En parte por insistencia de Picasso, Brassaï volvió al dibujo. La mayoría de los dibujos que hizo en 1943-1945, como la mayoría de los que sobreviven de su época como estudiante de arte en Berlín en 1921-1922, son desnudos femeninos. Lo mismo sucede con muchas de las esculturas que comenzó a realizar después de la guerra, a menudo a partir de piedras desgastadas por el efecto del agua.
Sería inapropiado tratar de ocultar la intensidad de la mirada masculina de Brassaï tras la cortina de una búsqueda puramente estética de la "forma". Lo más distintivo y poderoso de sus imágenes del cuerpo femenino es su manifiesta urgencia carnal.

Retratos: artistas, escritores, amigos
Obligar al modelo a comportarse como si el fotógrafo no estuviese allí es verdaderamente hacerle representar una comedia. Lo natural es no escamotear esa presencia. Lo natural en esta situación es que el modelo pose honestamente.  
Brassaï, nota sin fecha.
Dalí y Gala en su apartamento de París. 1932

Pablo Picasso, Salvador Dalí, Henry Miller (quien dio a Brassaï el apodo de "El ojo de París"), Pierre Reverdy, Jacques Prévert, Henri Matisse y Léon-Paul Fargue son solo algunos de los protagonistas de los retratos que se exhiben en esta sección de la exposición. La mayoría de los retratos hechos por Brassaï son de personas que él conocía y, quizás como resultado de esa cercanía, transmiten una gran franqueza y naturalidad. También es cierto, sin embargo, que Brassaï solía llegar a este resultado incluso cuando no conocía al retratado.

La calle
Amantes en la Gare Saint-Lazare, c. 1937.
© Estate Brassaï Succession


El trabajo de Brassaï para Harper’s Bazaar le llevó a recorrer Francia y muchos otros lugares, desde España hasta Suecia, Estados Unidos y Brasil. Así pues, aunque su talento hundía sus raíces en París, amasó una amplia colección de fotografías tomadas en lugares que le eran poco familiares. En esta exposición se muestran varias de estas imágenes, tres de ellas tomadas en España.



viernes, 8 de junio de 2018

Espirales de Luz


En mi juventud, en la segunda mitad de la década de los 70 del siglo pasado, frecuenté durante varios años la Parroquia de San Federico en el barrio de Valdezarza de Madrid. Allí conocí lo que suponía ser una Comunidad Cristiana comprometida con la realidad social de un barrio obrero en un contexto histórico de especial relevancia. También allí conocí a Carlos Martín, uno de esos hombres especiales que se cruzan de vez en cuando en tu vida y la iluminan con su presencia. 

Iglesia de San Federico. Alcalde Martín de Alzaga, 21. Madrid
Hoy, de forma totalmente inesperada, todo aquel pasado ha resucitado en mi memoria en el sitio que menos me podía imaginar. Paseando por la calle Hortaleza, de pronto se ha puesto a llover. Pasaba justo por delante de la La Sede de la COAM y he entrado sin saber lo que me iba a encontrar. Se trataba de una exposición sobre la obra del arquitecto Luis Cubillo realizada en colaboración con Arcadio Blasco, un gran artista que sintetizó la alfarería con la cerámica y la escultura. Ambos dos han sido un agradable descubrimiento para mi. Pero la mayor sorpresa ha sido encontrarme uno de los paneles que conforman la exposición dedicado a la Iglesia Parroquial de San Federico.

Vidriera de Arcadio Blasco en el Seminario "Mater Dei" de Castellón de la Plana
La muestra está organizada por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM)  y la Fundación Arquitectura COAM.  Comisariada por José Piqueras Moreno, Luis Cubillo Cubillo, Jesús García Herrero y Teresa Sánchez de Lerín García Ovies, esta exposición cuenta con la colaboración del Museo de la Universidad de Alicante, el patrocinio de empresas como Vitra y Artek, y el Ayuntamiento de Mutxamel. El Museo de la Universidad de Alicante ha prestado temporalmente numerosos dibujos, maquetas, un fragmento de vidriera de hormigón y otras piezas de la colección de Arcadio Blasco depositadas en el museo, así como una parte de la amplia documentación de su archivo. 

La exposición consta de veinte paneles didácticos que incluyen maquetas virtuales, reproducciones fotográficas y textos explicativos de cada uno los edificios en los que colaboraron ambos autores, varios dibujos y maquetas cerámicas de la colección familiar de Luis Cubillo de Arteaga y decenas de planos, secciones, bocetos y otro tipo de dibujos inéditos del arquitecto, procedentes del legado LCA del Archivo Servicio Histórico del COAM. La exposición, resultado de un trabajo de investigación previo, muestra la estrecha colaboración, ocurrida a mediados del siglo pasado, entre el arquitecto madrileño Luis Cubillo de Arteaga (1921-2000) y el artista alicantino de Mutxamel Arcadio Blasco Pastor (1928-2013), cuya obra supuso el contrapunto perfecto para la radical arquitectura de Cubillo durante casi veinte años.

Iglesia del Seminario de Castellón
Si lo habitual, sobre todo en la construcción de los nuevos templos, era la subordinación del artista al arquitecto, en su caso se dio una absoluta libertad, enriqueciendo decisivamente los edificios de Cubillo, con hitos como la iglesia del poblado dirigido de Canillas y el Seminario de Castellón. Para éste último proyectó la mayor vidriera de su tipo realizada en España hasta el momento, con una gigantesca espiral de luz que cubría la totalidad del espacio sacro.

Es fácil rastrear la evolución de la obra plástica del artista en esos años, desde la figuración hasta su deriva hacia una abstracción orgánica. Las espirales o los desarrollos dieron paso a los objetos-idea, y todos ellos encontraron su trasunto en las vidrieras de los templos de Cubillo. Y, aunque las geometrías posconciliares del arquitecto se tornaron más complejas, Blasco fue capaz de dar respuesta eficaz a sus nuevos requerimientos, y seguir experimentando técnica y formalmente, con resultados que brillan en las madrileñas parroquias de San Fernando y de Jesús de Nazaret. Todos los templos destacados de Cubillo contaron con la aportación de Blasco, fundamentalmente por su perfecto entendimiento de la sencilla dialéctica de contrarios que subyacía en su arquitectura. Ambos compartieron una visión vanguardista de sus respectivos oficios y una común necesidad de apoyar sus diseños en un dominio de la técnica que los propiciaba.

Vidriera de S. Fernando en la Iglesia de Nuestra Señora del Tránsito. Poblado de Canillas. Madrid.
Tuvieron una fructífera relación plasmada en varias iglesias madrileñas, como la de Nuestra Señora del Tránsito y la de San Fernando, así como el Seminario Mater Dei de Castellón. Si lo habitual en la construcción de los nuevos templos era la subordinación del artista al arquitecto, en el caso de Cubillo y Blasco se dio una absoluta libertad y compenetración. A pesar de sus diferencias religiosas o políticas, ambos compartieron una visión vanguardista de sus respectivos oficios. La relación que se estableció entre Blasco y Cubillo estuvo jalonada también de momentos vitales importantes, entre ellos el diseño para la casa taller del artista y su familia en Bonalba en 1964, su definitivo refugio alicantino. 

Luis Cubillo nació el 8 de junio de 1921 en Madrid, falleciendo el 21 de diciembre de 1921 en el mismo lugar. Fue un arquitecto español de la segunda mitad del siglo XX. En 1951 fue nombrado arquitecto de la Dirección General de Asuntos Eclesiásticos del Ministerio de Justicia. Esta buena relación con el ámbito eclesiástico sería de gran relevancia en su futura trayectoria profesional. Participó en la construcción del poblado dirigido de Canillas, en Madrid, entre 1956 y 19634​ —proyecto en el que se encuentra la iglesia de Nuestra Señora del Tránsito (1958) y gracias al cual recibió una Encomienda al Mérito Civil.  El papel de la Iglesia y de la Religión en la Historia de la Arquitectura siempre ha sido, aún a día de hoy, uno de los pilares fundamentales y en la vida profesional de Cubillo iba a tener también una gran influencia. Los edificios religiosos construidos por Cubillo en el contexto posconciliar eran de diseño sencillo y en ellos adquirían gran importancia las vidrieras.

Arcadio Blasco nació en 1928 en el municipio alicantino de Mutxamel y falleció en el 2013 en el municipio madrileño de  Majadahonda. Fue un artista que sintetizó alfarería, cerámica,  escultura y abstracción materializando todas ellas, desde finales de la década de 1960, en relieves, vitrales y esculturas. Su obra se encuentra en diversas colecciones, instituciones y museos: Centro de Arte Reina Sofía de Madrid; Museo Municipal de Madrid; Museo de Cerámica de Barcelona; Museo de Arte Contemporáneo de Oldemburgo; Centraal Museum de Utrecht; Museo de la Solidaridad Salvador Allende, en Chile; Museo Internacional de Cerámica de Ginebra; Museo de cerámica de Manises (Valencia); Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA)... Así como en las colecciones del Palacio de la Zarzuela, Palacio de la Moncloa, la Diputación y el Ayuntamiento de Alicante, y de la Generalidad Valenciana.








lunes, 28 de mayo de 2018

Los "Players" de Magnum


En 2017 se cumplieron 70 años desde que Robert Capa descorchara una botella de champán junto a Henri Cartier-Bresson, George Rodger y David Seymour para brindar por la fundación de la hoy prestigiosa agencia de fotografía Magnum. Desde entonces, han sido 92 los fotógrafos que han contribuido a su historia y a hacer visibles acontecimientos cruciales de la historia a través de un lenguaje artístico y periodístico, forjando a su vez iconos universales.

Mujer mirándose en un escaparate. Nueva York, 1973 ®Richard Kalvar/Magnum Photos
La Fundación Telefónica presenta en Espacio Madrid la exposición "Players. Los fotógrafos de Magnum entran al juego", comisariada por Cristina de Middel y Martín Parr. Nos ofrece una visión diferente de estos profesionales al mostrar su faceta más lúdica a través del concepto del juego. La propuesta se apoya en los distintos significados en inglés de la palabra “Players” y se concentra en imágenes en las que el juego está presente de diferentes modos, ya sea en la acción que se describe o en la propia actitud lúdica del fotógrafo. En definitiva, o bien el fotógrafo juega u observa el juego de los demás. La selección de imágenes de esta exposición tiene en cuenta la gran variedad de estilos y visiones de los fotógrafos de Magnum que, con su cámara y su trabajo, dan lugar a una variedad de combinaciones sobre el concepto del juego. En palabras de Cristina de Middel, la muestra “pretende rebajar el tono de las expectativas que se proyectan sobre la agencia, mostrarla relajada, en la intimidad, cuando nadie la mira, disfrutando de la fotografía sin tener que grabar en piedra verdades universales con cada disparo”.

Birthday party at Olympia, a gated community. Wellington, Florida. 2005 ® Carolyn Drake/Magnum Photos
En conjunto, se pueden admirar cerca de 200 fotografías en color y blanco y negro de 46 fotógrafos de de distintas generaciones. En todas ellas el juego es el hilo argumental. La muestra se incluye dentro de la "Carta blanca: Players", propuesta por la reciente Premio Nacional de Fotografía 2017, Cristina de Middel, para PHotoESPAÑA 2018. En ella, la fotógrafa reta al espectador a descubrir la faceta más lúdica y experimental de la fotografía. La mayoría de los autores de Magnum han inmortalizado los grandes acontecimientos históricos de los últimos 70 años y son reconocidos por su trayectoria profesional en el ámbito del reporterismo y el fotoperiodismo. Sin desvirtuar este formidable trabajo documental, las imágenes de los fotógrafos incluidos en esta exposición, ofrecen una visión más abierta y fresca de su actividad profesional y contribuyen a un entendimiento más amplio de las responsabilidades del fotógrafo como comunicador y testigo preferente.

Eton Wall Game. 2006 © Peter Marlow/Magnum Photos
Esta selección traza además una particular retrospectiva de la Agencia. A través de los distintos estilos fotográficos de sus integrantes, situados en su perspectiva histórica, nos ofrece una faceta, menos conocida, del archivo de Magnum. Players reúne imágenes de autores de distintas generaciones. Encontramos magníficas obras de históricos como Jim Goldberg, Bruce Davidson, Susan Meiselas o Eliott Erwitt (cuyo autorretrato tomado en Saint Tropez en 1979 ha sido utilizado para la portada). Pero, también, hay valiosas aportaciones de fotógrafos incorporados más recientemente como Alec Soth, Matt Stuart o Christopher Anderson. Se construye de esta manera una retrospectiva excepcional de Magnum que ofrece, por primera vez, el aspecto  más desenfadado y divertido de sus autores. En la muestra hay ejemplos que reflejan la diversión y entretenimiento de los "jugadores" que practican juegos deportivos como el fútbol, el golf o el baseball. Aquí se incluyen, entre otros, algunos ejemplos de la excentricidad británica. Tenemos las excelentes fotografías que Peter Marlow hizo de los alumnos del colegio de Eton jugando al famoso «juego de la pared», una especie de rugby ancestral. Y las de Chris Steele-Perkins documentando el partido de críquet que anualmente tiene lugar en la isla de Wight durante el tiempo en que la marea baja permite aflorar el banco de arena sobre el que se juega. 

Buscadores de tesoros. Vigo, Galicia, España 1987 © Cristina García Rodero/Magnum Photos
Por otro lado, player (que también significa «intérprete») nos remite al ámbito de la música, que también encuentra su lugar en esta colección de obras fotográficas. Podemos  encontrar desde imágenes sobre el mundo del jazz de Guy Le Querrec hasta fotos de Jonas Bendiksen en las que aparecen retratos de músicos noruegos de heavy metal, en estado de éxtasis. 
La acepción más general de Players  hace alusión a la idea de personas que lo pasan bien en actividades de ocio ("to play" significa también «jugar», sin más). Por ello, al deambular por los distintos espacios en que se divide la exposición, hallaremos  niños jugando en la calle en maravillosas imágenes firmadas por Bruce Davidson, Cristina García Rodero o Alex Webb entre otros. Y gente jugando a las cartas, al ajedrez o a las apuestas de caballos en extraordinarias fotografías de Marc Riboud y Bruce Gilden. Finalmente, como representación de las más novedosas manifestaciones de ocio, destacan  las ya famosas fotografías de Pokémon GO realizadas por Thomas Dworzak (que se convirtieron en las más populares jamás subidas al sitio web de Magnum).

martes, 15 de mayo de 2018

Ed van der Elsken


Ed van der Elsken (Ámsterdam, 1925 - Edam, 1990) fue un fotógrafo que desarrolló buena parte de su trabajo en las calles de distintas ciudades de todo el mundo, desde su Ámsterdam natal hasta París o Tokio, buscando lo que él llamaba “su” gente, gente auténtica y genuina con la que en muchos casos se identificaba. La fotografía fue para él un medio con el que experimentar y exteriorizar su propia vida, razón por la que su personalidad queda reflejada tanto en la relación que entabla con sus personajes como en sus numerosos autorretratos. La modernidad y la autenticidad visual de sus imágenes están en consonancia con su espíritu aventurero y, a la vez, con el estilo de vida inconformista de las personas cuya vida cotidiana compartía.
La Fundación Mapfre presenta en Madrid una exposición que ofrece una nueva reflexión sobre su trabajo y muestra las diferentes facetas de Ed van der Elsken como fotógrafo, cineasta y autor de libros. Además de una amplia selección de sus fotografías, la muestra incluye maquetas de sus publicaciones, hojas de contactos y bocetos que permiten comprender mejor su método de trabajo. Asimismo, los fragmentos seleccionados de sus películas, en blanco y negro o en color, ponen de relieve su labor como cineasta y permiten entender la estrecha relación que en la obra de Van der Elsken existe entre la práctica cinematográfica y la fotografía.

Autorretrato con Ata Kandó, París. 1952
Ed van der Elsken adoptó como fotógrafo una postura que está a medio camino entre el documento y la ficción, distanciándose del documental más “objetivo” todavía en boga en ese momento, especialmente en el fotorreportaje. Además de fotografiar y filmar a sus personajes en situaciones que a menudo resultan teatrales, van der Elsken también realizó un gran número de imágenes sobrias y emotivas que revelan su profunda empatía y su sentido innato de solidaridad hacia los demás. Preparar escenas fue una constante a lo largo de toda su carrera; rara vez esperaba pacientemente el momento “decisivo” y prefería provocarlo, de modo obvio al principio, pero progresivamente más al estilo de un director artístico dinámico y desenfadado. Ocasionalmente anotaba cosas que llamaban su atención en una libreta llena de listas de temas y hacía incluso bocetos, como storyboards con el típico formato cuadrado de su cámara. Quiso incluso hacer un libro sobre su vida cotidiana, incorporando lo que más tarde describiría como “elementos ficcionales idealizados”, pero nunca lo terminó.

Hermanas gemelas en Nieuwmarkt, Ámsterdam. 1956
Es de destacar su especial interés en la edición de libros que recogieran sus obras.  Experimentó con numerosas técnicas en la edición y la maquetación de sus fotografías. El diseño dinámico y animado de sus fotolibros se convirtió en una de sus señas de identidad. Muchos de ellos alternan imágenes impresas a sangre (sin márgenes) con fotografías a doble página o imágenes más pequeñas impresas en una sola página o conformando una serie dispuestas en páginas enfrentadas. Le interesaba sobre todo encontrar la combinación adecuada de imágenes, tanto por su forma como por su contenido, para que al pasar cada página se revelara una obra de arte distinta, con su propia composición espacial.
A partir de 1959 el cine pasó a ocupar un lugar cada vez más importante en su trabajo. Siempre acompañadas de sus desenfadados comentarios, las producciones de van der Elsken se caracterizan por su fascinación por la vida cotidiana y por su propia vida en particular, y reflejan todos los temas que le interesan: el sexo, la infancia, el amor, la naturaleza, las injusticias sociales, el viaje, la vida callejera, la enfermedad y el ciclo de la vida. Su enfoque era generalmente autobiográfico, sus métodos poco convencionales y a menudo se incluía a sí mismo en la escena.

Parisian Girls. Paris.1950s
Todos estos aspectos están presentes en la exposición cuyo recorrido comienza con París & Una historia de amor en Saint-Germain-des-prés, en la que se encuentran las imágenes que realizó el artista mientras vivió en París. Se trata de una etapa en la que se enamoró del entorno urbano de la ciudad y se centró en los artistas callejeros, vagabundos, parejas de amantes junto al Sena, manifestaciones y carteles publicitarios. También recoge las instantáneas que hizo cuando conoció a la bailarina Vali Myers y a sus amigos, con los que adoptó un enfoque radicalmente nuevo y personal que le llevó a fotografiar a los bohemios del barrio Saint Germain-des-Prés, principalmente durante la noche.
Beethovenstraat, Amsterdam. 1967

En la exposición destaca también la sección Ámsterdam, donde se encuentran los trabajos realizados en su ciudad natal, en la que se dedicó asiduamente a la fotografía callejera y donde desarrolló su interés por los jóvenes rebeldes y los personajes atípicos. Durante su estancia en la capital holandesa filma para el Stedelijk Museum la exposición Dylaby. Además, realiza Welkom in het leven, lieve kleine (Bienvenido a la vida, pequeño), su primer largometraje documental para la televisión, película autobiográfica que muestra a su esposa embarazada y a su hijo mayor, así como su barrio de Nieuwmarkt; En esta sección también se incluyen sus películas Lieverdjes (Cariños, 1963) y Fietsen (Ciclismo, 1965).
Público en un concierto de la Lionel Hampton Big Band, Concertgebouw, Ámsterdam. 1956
Un amigo de Ed van der Elsken le llevó a un concierto de jazz, estilo musical que se estaba poniendo de moda en el Ámstedam de la década de los cincuenta. El fotógrafo se hizo asiduo, se enamoró de estas melodía y creó uno de sus libros titulado Jazz con las instantáneas tomadas entre 1955 y 1959. Su pretensión era transformar la música en imágenes y lo logra con las fotografías de algunos de los jazzistas más famosos: Duke Ellington, Chet Baker, Lionel Hampton o Ella Fitzgerald, entre otros, en las que sus gestos suenan. Su intención era que las imágenes horizontales aludieran a las notas sostenidas de la trompeta o el saxofón y las verticales recordaran a las teclas de un piano.
En 1970, van der Elsken abandona Ámsterdam para instalarse en una granja, próxima a Edam. La película De verliefde camera (La cámara enamorada, 1971) se centra sobre todo en los encargos hechos en el extranjero para la revista Avenue. Asimismo, realiza una serie de imágenes tituladas Avonturen op het land (Aventuras en el campo, 1980) como homenaje a la flora y fauna y a los habitantes de los alrededores de su granja en Edam en las diversas estaciones. También publicó un libro con el mismo título.
Japón, otra de sus secciones más representativas, incluye las fotografías tomadas durante su primera visita a Tokio a finales de los años cincuenta, que muestran temas típicamente japoneses, como los luchadores de sumo, las inclinaciones al saludarse y los increíbles empujones que suelen producirse en las puertas de los vagones de tren. Van der Elsken no sólo fotografió costumbres recatadas y actitudes educadas, sino que también inmortalizó la incorporación de este país al consumismo y la cultura juvenil. Los transexuales se divierten palpablemente mientras miran seductoramente al fotógrafo. Van der Elsken hizo un total de quince viajes a Japón, cuyos habitantes, su cultura y sus valores y costumbres tradicionales le resultaban fascinantes. En Tokyo Symphony se exhibe la presentación audiovisual sobre esta ciudad, en la que van der Elsken trabajó en la última etapa de su vida. Se trata de un proyecto que se terminó póstumamente utilizando sus diapositivas en color y sus grabaciones de audio y que se mostró por primera vez en 2010.

Cuatro chicas en un ritual de ablación del clítoris, Ubangui-Chari, África Central. 1957

La exposición se cierra con Bye, dedicada a su última película, y en la que el fotógrafo ejerce de protagonista y de cámara. El tema principal es el cáncer en fase terminal que le diagnostican en 1988 y que decide documentar a través de un relato donde explica el progreso de su enfermedad. Se trata de un autorretrato personal e íntimo en el que el fotógrafo expresa abiertamente su tristeza, su miedo, su dolor y su ira.